El Niño durará hasta 2027 y su fortalecimiento en el Pacífico está modificando el clima, bloqueando el ascenso de nutrientes profundos y provocando una drástica caída de fitoplancton observada por satélites de la NASA
El debilitamiento de los vientos alisios impide que el agua fría cargada de nitratos e hierro llegue a la superficie, sofocando la fotosíntesis microscópica que sostiene a los peces.

El avance del fenómeno de El Niño en el océano Pacífico ha comenzado a alterar de manera profunda la dinámica biológica de los mares. Observaciones satelitales de la NASA y proyecciones del Centro de Predicción del Clima de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA)confirman que el calentamiento anómalo de las aguas ecuatoriales está frenando el ascenso de nutrientes esenciales hacia la superficie.
Esta interrupción física ha desencadenado una disminución drástica en la concentración de clorofila-a y en la abundancia del fitoplancton, los microorganismos fotosintéticos que representan el primer eslabón de la red trófica marina global.
El impacto de este fenómeno no se limita a un cambio en el color del agua captado desde el espacio. La escasez de fitoplancton reduce la disponibilidad de alimento para el zooplancton y desencadena una reacción en cadena que afecta a peces de importancia comercial —como la anchoveta y la sardina—, así como a aves y mamíferos marinos en todo el Pacífico americano.
Con un 97% de probabilidad de que El Niño persista hasta los primeros meses de 2027, la comunidad científica monitorea de cerca esta desaceleración biológica para comprender la magnitud del estrés ecológico y pesquero en la región.
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¿Por qué El Niño interrumpe el afloramiento de nutrientes en el océano Pacífico?
Para comprender por qué el calentamiento del agua sofoca la vida marina, es necesario revisar el mecanismo físico del océano. En condiciones neutrales o normales, los vientos alisios soplan de manera constante de este a oeste a lo largo del ecuador.
Este movimiento arrastra las aguas cálidas de la superficie hacia el Pacífico occidental (cerca de Asia y Oceanía), lo que permite que en el Pacífico oriental (frente a las costas de América) emerja agua profunda, fría y sumamente rica en nutrientes como nitratos, fosfatos y trazas de hierro.
Este proceso físico se conoce como afloramiento o upwelling.
Sin embargo, durante un evento de El Niño, los vientos alisios se debilitan drásticamente o incluso invierten su dirección. Sin la fuerza del viento impulsando el agua hacia el oeste, grandes masas de agua cálida se desplazan e inundan el Pacífico central y oriental.
Esta masa de agua tibia profundiza la termoclina —la frontera térmica que separa el agua caliente de la superficie del agua helada del fondo—, creando un verdadero “tapón térmico”.
Aunque la luz solar sigue iluminando la zona eufótica (la capa superficial donde ocurre la fotosíntesis), las células microscópicas del fitoplancton se quedan sin los fertilizantes minerales que normalmente aporta el fondo marino.
Sin nitrógeno ni hierro, la tasa de reproducción celular se desploma y la clorofila se reduce sustancialmente.
¿Qué detectaron los satélites de la NASA sobre la clorofila y el fitoplancton?
La capacidad tecnológica para vigilar la salud biológica del océano ha dado un salto cualitativo. Mediante el instrumento de color del océano OCI a bordo del satélite PACE (Plankton, Aerosol, Cloud, ocean Ecosystem), lanzado por la NASA en febrero de 2024, los científicos recopilan mediciones hiperespectrales diarias que permiten evaluar el tono exacto del mar.
Cuando el fitoplancton se multiplica en abundancia, la concentración de clorofila tiñe las aguas de tonos verdosos y turquesas. En contraste, cuando el microorganismo disminuye por falta de nutrientes, el mar recupera un azul profundo e inerte.

Las comparaciones de imágenes satelitales entre periodos neutros y la intensificación de El Niño muestran una franja pronunciada de menor concentración de clorofila-a a lo largo del Pacífico ecuatorial y central.
La instrumentación orbital no solo mide la cantidad global de biomasa, sino que permite diferenciar comunidades específicas de microalgas. Esto confirma que las diatomeas —un tipo de fitoplancton de mayor tamaño y alto valor nutritivo— son las primeras en sufrir la falta de nitrato y hierro, siendo sustituidas en ocasiones por picoplancton más pequeño que resulta menos eficiente para alimentar a los peces.
¿Cómo afecta la baja de fitoplancton a la cadena alimentaria y a la pesca?
El fitoplancton genera cerca del 50% del oxígeno del planeta y fija miles de millones de toneladas de carbono al año, pero en el ámbito marino es, ante todo, el motor alimentario del océano.
Una reducción en la masa vegetal microscópica repercute de inmediato en los niveles superiores de la red trófica:
- Desnutrición del zooplancton: Organismos como el krill y los copépodos, que se alimentan directamente de microalgas, reducen su población y contenido graso.
- Impacto en peces pelágicos menores: Especies clave como la anchoveta, la sardina y la macarela se quedan sin alimento. Ante el aumento de temperatura y la falta de comida, los cardúmenes se hunden a mayor profundidad o migran hacia las costas del sur en busca de focos fríos.
- Desplazamiento de aves y mamíferos marinos: Al alejarse o profundizarse las presas, aves pelágicas como los pelícanos y piqueros, así como lobos marinos y ballenas, enfrentan dificultades para alimentar a sus crías. En episodios intensos, es común observar aves marinas deambulando en zonas urbanas o puertos costeros exhaustas por la falta de alimento offshore.
- Golpe a la actividad pesquera: Las flotas comerciales e artesanales de países del Pacífico ven disminuidas sus capturas o deben realizar viajes más largos y costosos mar adentro, lo que obliga a las autoridades pesqueras a implementar vedas preventivas para evitar el colapso de las poblaciones.
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¿Cómo impacta este fenómeno ambiental a la población y la economía?
Aunque los cambios biológicos ocurren en alta mar o a nivel microscópico, sus repercusiones llegan de forma directa a la vida cotidiana, la economía alimentaria y la estabilidad de las comunidades costeras:
- Encarecimiento de los mariscos y pescados: La menor disponibilidad de especies comerciales incrementa los costos de captura y eleva los precios al consumidor final en mercados locales y supermercados.
- Afectación a la harina de pescado y la cadena agropecuaria: La anchoveta y la sardina son la materia prima principal para la elaboración de harina y aceite de pescado, insumos clave en la acuicultura global y en la nutrición de ganado y aves de corral. Una caída en su producción encarece los alimentos balanceados a nivel internacional.
- Pérdida de ingresos en comunidades pesqueras: Los pescadores artesanales ven reducidas sus jornadas efectivas de trabajo, lo que afecta la economía familiar en puertos y zonas turísticas del Pacífico.
- Monitoreo de la calidad del agua: El cambio en la temperatura y la dinámica de nutrientes puede favorecer en zonas costeras la aparición atípica de florecimientos algales nocivos (marea roja) cuando las condiciones locales cambian, lo que exige vigilancia sanitaria en zonas de extracción de moluscos.
La resiliencia oceánica y el esperado “rebote de clorofila” al concluir El Niño
A pesar de la severidad del choque térmico y nutricional que provoca El Niño, los ecosistemas marinos poseen mecanismos de recuperación de gran escala. Investigaciones del Geophysical Fluid Dynamics Laboratory (GFDL) de la NOAA demuestran que, una vez que el evento de El Niño madura y comienza a disiparse para dar paso a fases neutras o de La Niña, el océano experimenta un fenómeno conocido como “rebote de clorofila” (chlorophyll rebound).
Durante esta transición, las corrientes profundas como la Corriente Subecuatorial (Equatorial Undercurrent) reanudan el transporte masivo de hierro acumulado en el Pacífico occidental hacia la superficie del Pacífico oriental.

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Sumado al polvo rico en minerales arrastrado por los vientos desde zonas áridas continentales, el océano experimenta una explosión biológica masiva de fitoplancton.
Esta floración posterior permite que las poblaciones de zooplancton y peces se recuperen gradualmente, demostrando la alta capacidad de respuesta del Pacífico cuando los vientos alisios y el afloramiento vuelven a su ritmo habitual.
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