La escolta escolar dejó atrás una tradición del Porfiriato y la SEP eliminó a los mejores promedios como criterio para elegir a quienes portarán la Bandera
Durante décadas, portar la Bandera en la escuela fue también una forma de reconocer a los alumnos con mejores resultados. Ahora la autoridad educativa capitalina quiere convertir esa práctica en una experiencia colectiva e incluyente.

La escolta escolar, uno de los rituales cívicos más reconocibles de la educación básica en México, está dejando atrás una de sus reglas más arraigadas: que sus integrantes sean los alumnos con los mejores promedios.
La Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México (AEFCM) estableció para el ciclo 2025-2026 que la integración de la escolta ya no estará condicionada por las calificaciones, las características físicas, la conducta ni otros criterios que puedan resultar excluyentes. La decisión forma parte de la nueva Guía Operativa para la Organización y Funcionamiento de los Servicios de Educación Básica y plantea que la escolta deje de ser un acto “exclusivo o meritocrático” para convertirse en una experiencia formativa colectiva.
El cambio modifica una práctica que durante años estuvo asociada al reconocimiento académico, pero también toca una tradición mucho más antigua: la relación entre escuela, patriotismo, disciplina y símbolos nacionales, que tomó fuerza a finales del siglo XIX durante el Porfiriato.
¿Qué cambió en las escoltas escolares de la Ciudad de México?
La Guía Operativa 2025-2026 establece que la escolta estará integrada por seis estudiantes y que su conformación quedará a cargo del Consejo Técnico Escolar. Además, en preescolar, primaria y secundaria la participación será rotativa para permitir que distintos grupos formen parte de ella durante el ciclo escolar.
El cambio representa un contraste directo con el esquema que había prevalecido en las escuelas públicas capitalinas.
En las reglas anteriores, la selección de la escolta oficial de primaria privilegiaba a los alumnos de sexto grado con los mejores promedios académicos, tomando en cuenta su trayectoria escolar desde primer grado. Si había empate, se recurría al promedio de quinto año y, si persistía, podía aplicarse un examen especial.
En términos prácticos, el reconocimiento que durante años recibían los estudiantes con las calificaciones más altas deja de ser el criterio central para decidir quién porta y acompaña a la Bandera.

Los principales cambios son:
- Las calificaciones dejan de ser el filtro principal para integrar la escolta.
- El Consejo Técnico Escolar será responsable de determinar su conformación.
- La participación podrá ser rotativa durante el ciclo escolar.
- La selección no podrá basarse en características físicas.
- La autoridad plantea la escolta como una actividad de formación cívica y participación colectiva.
La propia AEFCM justifica la modificación bajo los principios de inclusión, equidad, justicia social e interculturalidad de la Nueva Escuela Mexicana (NEM).
¿Qué tiene que ver Porfirio Díaz con las escoltas escolares?
La relación está en el origen de la tradición cívica que rodea a la escolta.
Materiales educativos utilizados durante años en distintas entidades del país han atribuido el origen de la escolta escolar, tal como actualmente se conoce, a una iniciativa vinculada con Porfirio Díaz para honrar la memoria de los Niños Héroes de Chapultepec. En esa explicación, los seis integrantes de la escolta representan simbólicamente a los seis cadetes que forman parte de ese episodio de la historia nacional.
Sin embargo, conviene hacer una precisión: no existe evidencia suficiente para afirmar que Porfirio Díaz haya creado específicamente el modelo escolar de selección de alumnos con mejores calificaciones. Lo que sí está documentado por la historiografía es que durante el Porfiriato se fortaleció el uso de la educación para promover valores patrióticos, símbolos y héroes nacionales como elementos de cohesión social.
Un estudio académico sobre la formación cívica en México señala que, a finales del siglo XIX, la educación cívica durante el Porfiriato buscó fomentar valores patrios y recurrió a símbolos y héroes para fortalecer la cohesión social. Entre los valores promovidos estaban el orden, la obediencia, el respeto, la puntualidad y el patriotismo.
Es decir, la discusión actual sobre quién debe portar la Bandera en una escuela tiene detrás más de un siglo de construcción de la educación cívica mexicana.

¿Por qué los Niños Héroes son importantes en esta historia?
La figura de los Niños Héroes adquirió una relevancia especial durante el Porfiriato.
La investigación histórica muestra que la historia de los cadetes que participaron en la defensa del Castillo de Chapultepec en 1847 no tuvo desde el principio la misma presencia que alcanzaría posteriormente. Los manuales escolares publicados durante el periodo porfiriano comenzaron a modificar y ampliar la manera de contar ese episodio, hasta convertir a los cadetes en figuras centrales de la narrativa patriótica.
La construcción de esa memoria tenía una función educativa: presentar a jóvenes como ejemplos de sacrificio, patriotismo y lealtad a la nación.
Por eso, la escolta escolar terminó vinculando tres elementos que durante generaciones parecieron inseparables: la infancia, la Bandera y el mérito.
La lógica era sencilla: los alumnos que sobresalían académicamente recibían el honor de representar a su escuela en uno de los actos cívicos más solemnes.
Con el paso del tiempo, esa asociación dejó de ser únicamente una representación patriótica y se convirtió también en un reconocimiento escolar.
¿Siempre se eligió a los mejores alumnos para la escolta?
Aquí está uno de los puntos que conviene separar en la historia: la tradición de la escolta y el criterio académico son dos procesos distintos.
La primera tiene raíces en la construcción de la educación cívica y patriótica de finales del siglo XIX. El segundo se consolidó posteriormente mediante normas escolares y prácticas administrativas que utilizaron las calificaciones como mecanismo para decidir quién recibía ese reconocimiento.
En la Ciudad de México, por ejemplo, las guías operativas establecieron durante años criterios concretos para seleccionar a los integrantes de las escoltas oficiales. En primaria, el esquema anterior daba prioridad a los alumnos con los mejores promedios y contemplaba incluso procedimientos específicos para resolver empates.
Por eso, el cambio actual no elimina la escolta ni los honores a la Bandera. Lo que modifica es la idea de que el honor de integrarla deba estar reservado a quienes obtienen las calificaciones más altas.

La legislación federal, además, mantiene la obligación de respetar y honrar los símbolos patrios. La Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales continúa vigente y establece el marco para su uso y respeto.
¿Por qué la SEP quiere cambiar el significado de la escolta?
La explicación oficial está relacionada con el enfoque de la Nueva Escuela Mexicana.
La AEFCM sostiene que la participación en la escolta debe convertirse en una experiencia pedagógica incluyente y fortalecer el sentido de pertenencia, el respeto a los símbolos patrios y el desarrollo de valores ciudadanos, en lugar de funcionar como una recompensa individual.
El cambio coincide con una transformación más amplia de la manera en que la política educativa plantea conceptos como inclusión, equidad y no discriminación.
Desde esta perspectiva, limitar la participación a los estudiantes con mejores notas puede reproducir una lógica en la que sólo un grupo reducido recibe determinados reconocimientos, mientras que el resto queda excluido de experiencias que también pueden tener valor formativo.
El debate, sin embargo, no termina ahí.

¿Qué dicen quienes están a favor y en contra del cambio?
La modificación ha generado opiniones encontradas.
Paulina Amozurrutia, de Educación con Rumbo, considera que eliminar el vínculo entre el esfuerzo y el honor de portar la Bandera puede enviar una señal equivocada a los estudiantes. Desde su perspectiva, el reconocimiento de la escolta debería conservar algún componente de mérito, ya sea académico, deportivo, artístico, de responsabilidad o de conducta.
En sentido contrario, Juan Martín Pérez, coordinador regional de Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe, considera que la medida puede contribuir a reducir prácticas excluyentes dentro de las escuelas y la relaciona con otros cambios orientados a combatir la discriminación.
Por su parte, Israel Sánchez, presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia, plantea una posición intermedia: considera positivo ampliar la participación, pero advierte que eliminar cualquier criterio de reconocimiento también podría quitar un incentivo para que los estudiantes se esfuercen.
La discusión, por tanto, no se limita a decidir quién carga la Bandera. En el fondo plantea una pregunta más amplia:
¿La escuela debe premiar el desempeño individual o procurar que las experiencias cívicas sean accesibles para todos?
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De una tradición de disciplina a una idea de participación
El contraste histórico es significativo.
La educación cívica que se consolidó durante el Porfiriato utilizaba símbolos patrios, héroes nacionales, disciplina y valores como herramientas para construir una identidad común.
Más de un siglo después, la Nueva Escuela Mexicana propone reinterpretar algunos de esos rituales desde una perspectiva de inclusión y participación.
La Bandera no desaparece. Tampoco desaparecen los honores ni la escolta. Lo que cambia es el significado que la autoridad educativa quiere darle a la participación.
Antes, el alumno destacado podía entender la escolta como una recompensa por su trayectoria. Ahora, la autoridad busca que el mayor número posible de estudiantes tenga la oportunidad de vivir esa experiencia.
Ese desplazamiento también explica por qué la palabra “meritocracia” aparece expresamente en la nueva guía: la intención no es perfeccionar el sistema para elegir al mejor alumno, sino cuestionar que una actividad de formación cívica deba funcionar como un premio individual.
¿Qué queda de la antigua tradición?
La modificación no rompe por completo con el pasado.
La escolta conserva su estructura de seis integrantes, mantiene su relación con la Bandera Nacional y seguirá participando en ceremonias cívicas. La legislación federal también conserva las obligaciones relacionadas con el respeto a los símbolos patrios.

Lo que desaparece en la Ciudad de México es una parte específica de la tradición reciente: la selección automática o preferente de los alumnos con mejores calificaciones como forma de reconocimiento escolar.
Así, una práctica que durante generaciones fue asociada con excelencia académica entra en una nueva etapa. Su origen simbólico sigue ligado a la construcción del patriotismo escolar de finales del siglo XIX, pero su sentido pedagógico ahora busca adaptarse a una escuela que pone mayor énfasis en inclusión y participación.
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