Una vez más es claro que en México hay dos sistemas de justicia. El primero es estricto y se aplica a la gente común y corriente y a la oposición. El otro no solo es suave sino cómplice, y protege a los amigos del Gobierno.
Es un gran error ponerse a la defensiva cuando se trata de narcos y desaparecidos. El Gobierno de México debería aprovechar esta oportunidad para tomar el lado de las víctimas y no el de los matones y corruptos.