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Trump no es el salvador de México

La nueva y agresiva estrategia del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra México deja a un lado la diplomacia y se enfoca en la confrontación.

Jorge  Ramos
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Es un gravísimo error creer que Donald Trump puede salvar a México. El envío de tropas estadounidenses o de drones a territorio mexicano para enfrentar a los carteles de las drogas no es la solución. Pero esa inaceptable propuesta — hecha varias veces por el presidente Trump a la presidenta Claudia Sheinbaum — y las acusaciones por narcotráfico contra 10 miembros de Morena, el partido en el poder en México, han generado una verdadera crisis entre ambos países, la peor en décadas. Y no hay salida fácil.

Empecemos por lo básico. A Donald Trump lo único que le interesa es Donald Trump. Nada más. Eso implica imponer su voluntad en todo el planeta y particularmente con su vecino del Sur. De nada sirve argumentar que el narcotráfico también es causado por los consumidores estadounidenses y por las armas de Estados Unidos que llegan a México. Trump solo cree en la fuerza y ha decidido imponerla contra los narcos mexicanos (a quienes ha clasificado como terroristas).

Hace unos días, perdido entre un montón de noticias, apareció un pequeño pero significativo artículo en el diario The New York Times. Era una exclusiva que explicaba perfectamente lo que está haciendo Estados Unidos con México. Ante la negativa mexicana de aceptar tropas estadounidenses en su territorio, Trump ha decidido perseguir a políticos mexicanos que estén involucrados con el narcotráfico. Y retiemble en sus centros Morena.

“Deberíamos triplicar el número de acusaciones contra funcionarios corruptos de México que utilizan su poder y sus cargos para permitir que terroristas y monstruos trafiquen con miseria y veneno”, dijo en una llamada con varios jefes regionales el procurador general adjunto, Aakash Singh. Singh es uno de los principales asesores de Todd Blanche, el nuevo procurador general en funciones. “Si eso es algo desagradable para los funcionarios del Gobierno mexicano y se ofenden porque lo hacemos”, dijo Singh, “no se me ocurre nada que me importe menos”.

La nueva y agresiva estrategia del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra México deja a un lado la diplomacia y se enfoca en la confrontación. Este cambio no pudo haber ocurrido sin la autorización del presidente Trump. Se le acabó la paciencia con México. “Y si en el proceso los avergonzamos [a los mexicanos] y los ponemos en evidencia, para nosotros es la cereza del pastel”, añadió Singh en la llamada.

Nada de esto suena a colaboración y buena voluntad entre ambos países.

Esta crisis con Estados Unidos ha mostrado la verdadera vulnerabilidad del Gobierno mexicano y de Morena. Las recientes acusaciones del Departamento de Justicia sugieren que varios miembros del partido Morena podrían estar involucrados con el narcotráfico. Esto se suma a la percepción de que durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se protegió a criminales con la equivocada estrategia de “abrazos, no balazos”. Las extorsiones, la impunidad y la corrupción son experiencias diarias de millones de mexicanos. Todas las encuestas lo dicen. Y en muchos existe la convicción de que los narcos no podrían operar sin la complicidad de policías y la clase política.

México lleva décadas normalizando la violencia, como si convivir con fosas clandestinas, matanzas, desapariciones y decenas de miles de muertos por año fuera común y aceptable. El horror se ha convertido en parte del día a día. Y está clarísimo que todas las fuerzas del estado no son suficientes para controlar a los narco-carteles. Millones coinciden en que hay que ponerle un alto, pero todos los gobiernos de este siglo han fracasado.

Entiendo la desesperación de millones de familias mexicanas ante la inseguridad. Pero es un espejismo creer que Trump puede salvar a México de la violencia de los narco- carteles. Basta con ver sus fracasos en Venezuela e Irán. Sí, quitó al dictador Nicolás Maduro, pero Venezuela sigue siendo una brutal dictadura. Y en Irán ha fracasado rotundamente su intento de cambiar de régimen y de quitarle su material nuclear.

Nada garantizaría que el uso de la fuerza militar estadounidense en territorio mexicano terminara con grupos criminales que se confunden con la población en general. Además, lo más grave es que una vez que cedes la soberanía y el control del país a Trump, ya no los puedes recuperar. La pérdida de la mitad del País en 1848 debe ser una clarísima lección.

Imagínense la tragedia y la locura de tener a Trump dirigiendo operaciones militares dentro de México. Es cierto que México es un país muy violento y que falta mucho por hacer. Pero Trump no es el salvador de México y sería muy triste y peligroso caer en esa tentación.

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