Mientras un niño en Corea del Sur puede tomar hasta 11 clases extra a la semana para competir por la universidad, millones de niños mexicanos enfrentan problemas de aprendizaje, pobreza y acceso desigual a la educación
La intensa competencia académica que viven las infancias surcoreanas ha convertido al país en una potencia educativa mundial, pero también ha generado problemas de salud mental. En México, la realidad es distinta: el desafío sigue siendo garantizar que todos los niños tengan acceso a las mismas oportunidades para aprender y desarrollarse

Para muchos niños mexicanos, las tardes después de la escuela suelen transcurrir entre tareas, juegos, actividades familiares o, en algunos casos, ayudando en las responsabilidades del hogar. En Corea del Sur, la rutina puede ser muy diferente: miles de menores pasan gran parte de su tiempo libre asistiendo a clases adicionales de inglés, matemáticas, música, arte y otras disciplinas con el objetivo de destacar académicamente desde edades muy tempranas.
La diferencia entre ambas realidades refleja dos desafíos completamente distintos. Mientras una de las economías más desarrolladas de Asia enfrenta las consecuencias de una competencia educativa extrema, México continúa lidiando con problemas relacionados con la desigualdad educativa, la pobreza infantil y las brechas de aprendizaje que afectan a millones de estudiantes.
Según información recopilada por Xataka a partir de reportes de Deutsche Welle, The Korea Herald y Creatrip, la presión académica en Corea del Sur comienza desde los primeros años de vida y forma parte de una estrategia familiar orientada a mejorar las posibilidades de ingresar a las mejores universidades del país.
Lo que para muchos padres mexicanos podría parecer una carga excesiva, para numerosas familias surcoreanas se ha convertido en una inversión casi obligatoria para asegurar el futuro profesional de sus hijos.
¿Por qué los niños surcoreanos comienzan a competir desde los cinco años?
La educación ocupa un lugar central en la sociedad surcoreana. Obtener un lugar en una universidad de prestigio puede abrir la puerta a mejores empleos, salarios más altos y mayores oportunidades de desarrollo profesional.
Por ello, alrededor del 84% de los niños surcoreanos asiste a academias privadas conocidas como hagwons, donde reciben formación adicional fuera del horario escolar.
Estas instituciones ofrecen clases de idiomas, matemáticas, ciencias, programación, música, ballet, deportes y otras actividades que buscan fortalecer el rendimiento académico desde edades muy tempranas.
Uno de los casos citados por medios locales es el de un niño de apenas ocho años que asistía a 11 clases extracurriculares por semana, incluyendo inglés, chino, historia, violín, ballet, matemáticas y composición musical.
¿Cómo es la realidad de millones de niños mexicanos?
Mientras los menores surcoreanos enfrentan una intensa competencia por sobresalir, los desafíos de la infancia en México son muy diferentes.
De acuerdo con datos de UNICEF, millones de niñas, niños y adolescentes viven en condiciones marcadas por la pobreza, la desigualdad social o limitaciones en el acceso a oportunidades educativas.
Para muchas familias mexicanas, la principal preocupación no es llenar las tardes de clases adicionales, sino garantizar que sus hijos puedan permanecer en la escuela, contar con materiales de estudio, acceso a internet y condiciones adecuadas para aprender.
Las diferencias también se observan entre regiones. Mientras algunos estudiantes tienen acceso a escuelas privadas, actividades extracurriculares y herramientas tecnológicas, otros enfrentan carencias que afectan directamente su desempeño académico.
La realidad mexicana muestra que el reto sigue siendo cerrar las brechas educativas y ofrecer igualdad de oportunidades a todos los estudiantes, independientemente de su nivel económico o lugar de residencia.
¿Cómo llegó Corea del Sur a convertirse en una potencia educativa?
La situación actual es resultado de décadas de transformación.
Tras las reformas educativas impulsadas a mediados del siglo XX, Corea del Sur logró uno de los avances más impresionantes del mundo en materia de alfabetización y formación académica.
La proporción de personas con estudios pasó de alrededor del 22% en 1945 a 87% en 1970, para posteriormente superar el 90% durante las siguientes décadas.
Actualmente, cerca del 70% de los jóvenes de entre 25 y 34 años cuenta con estudios universitarios, una de las cifras más altas del planeta.
Sin embargo, ese éxito también ha generado una competencia feroz entre estudiantes, familias y escuelas.
¿Cuál es el costo emocional de tanta presión académica?
El éxito educativo de Corea del Sur tiene una cara menos visible que preocupa cada vez más a especialistas y autoridades.
La constante presión por obtener mejores resultados académicos ha sido relacionada con problemas de estrés, ansiedad y depresión infantil.
Diversos reportes indican que durante 2024, alrededor de 270 mil menores de 18 años acudieron a clínicas psiquiátricas en el país asiático, una cifra considerablemente superior a la registrada apenas unos años atrás.
Expertos en salud mental advierten que la competencia permanente puede afectar el bienestar emocional de niños y adolescentes, especialmente cuando el rendimiento escolar se convierte en el principal indicador de éxito.
¿Por qué la educación también está relacionada con la crisis de natalidad?
La presión educativa forma parte de un problema más amplio que enfrenta actualmente Corea del Sur.
El país registra la tasa de natalidad más baja del mundo, una situación que preocupa a las autoridades debido al envejecimiento acelerado de la población.
Muchas parejas consideran que tener hijos implica una enorme responsabilidad económica. Los gastos asociados a la vivienda, el cuidado infantil y la educación han aumentado de manera significativa.
Incluso antes del nacimiento existen costos elevados. De acuerdo con medios surcoreanos, los llamados joriwon, centros especializados para la recuperación posparto, pueden costar entre 8 y 10 millones de wones, equivalentes a más de 113 mil pesos mexicanos.
Para numerosas familias, la idea de financiar años de educación altamente competitiva influye directamente en la decisión de tener o no hijos.
¿Qué puede aprender México de esta experiencia?
La historia de Corea del Sur demuestra que la educación puede convertirse en una poderosa herramienta de desarrollo económico y social.
Sin embargo, también deja una lección importante: alcanzar altos niveles de preparación académica no significa necesariamente resolver todos los problemas relacionados con la infancia.
Mientras el país asiático busca reducir la presión que enfrentan millones de estudiantes, México continúa trabajando para combatir la desigualdad educativa, mejorar la calidad de la enseñanza y ampliar las oportunidades para niños y jóvenes.
Ambas naciones enfrentan desafíos distintos, pero comparten una misma pregunta: cómo construir sistemas educativos que preparen a las nuevas generaciones para el futuro sin poner en riesgo su bienestar emocional y su calidad de vida.
El debate seguirá creciendo en los próximos años, especialmente en un contexto donde la educación es cada vez más importante para acceder a mejores oportunidades laborales, pero también donde la salud mental infantil se ha convertido en una preocupación global.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Te recomendamos

Sheinbaum descarta salida de Mario Delgado de la SEP tras polémica por adelantar fin del ciclo escolar; Presidenta respalda al secretario y asegura que continúa trabajando con maestras, maestros y educación básica

Atienden a tres estudiantes por presunto consumo de alcohol en secundaria de Rosarito

Destaca gobernador Durazo se fortalece educación emocional en escuelas

Es oficial: SCJN avaló que los alumnos de primaria y secundaria podrán pasar de año pese a materias reprobadas y e inasistencia

Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados