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Por qué compararte con el éxito de los demás en redes sociales es una trampa psicológica basada en datos falsos de tu mente

Sentir que te quedas atrás o experimentar una ligera frustración al ver los éxitos de los demás en redes sociales es más común de lo que crees. La psicología demuestra que tu cerebro está cayendo en un sesgo mental que distorsiona la realidad, recordándote que esa sensación de insatisfacción no es tu culpa.

Por qué compararte con el éxito de los demás en redes sociales es una trampa psicológica basada en datos falsos de tu mente

Seguro te ha pasado que abres Instagram, Facebook o Tiktok por unos minutos y terminas con una extraña sensación de vacío en el estomago al ver los logros, viajes y la aparente vida perfecta de los demás. Quiza una voz interna te dice que te estás quedando atrás, que todos están avanzando menos tú, aunque antes de castigarte debes saber que tu cerebro no está fallando, sino está cayendo en una trampa psicológica muy común.

Medirnos con el resto del mundo es un impulso natural, y no deberías creerte todo lo que te hace sentir tu pantalla del celular. Experimentar esa punzada de envidia o frustración no te hace mala persona, te hace humano.

Nuestro cerebro evolucionó para compararse con personas reales de una aldea, no con un catálogo global de miles de éxitos simultáneos. Al mirar las redes, tu mente procesa la pantalla como tu comunidad actual, activando una alarma de alerta y frustración inconsciente. Foto: Generada con IA

Antes de empezar a castigarte, debes saber que evolutivamente nuestro cerebro usa ese mecanismo para evaluar cómo vamos en la vida, y así lo abordó el psicólogo Leon Festinger en 1950 llamada ‘’Comparación social’'.

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Se rompe el equilibrio: Vemos en redes lo que otros quieren que veamos

Anteriormente nuestros ancestros solían compararse con los vecinos de su aldea real, personas que veían tener éxito, pero también los veían enfermarse y tener días malos.

El problema es que este equilibrio se rompió con la llegada de las redes sociales, ya que actualmente podemos decidir qué mostramos y qué no. Hoy tu mente ya no se mide contra personas reales en días comunes.

Generalmente nos comparamos contra un catálogo global de los mejores momentos, los ángulos más estéticos y los éxitos editados de miles de personas, convirtiéndose en una competencia injusta desde un inicio,

La exposición selectiva nos impulsa a mostrar únicamente el mejor 1% de nuestra rutina diaria. Cuando te comparas en internet, cometes la injusticia de medir tus momentos difíciles tras bambalinas contra el comercial de televisión de los demás. Foto: Generada con IA

Y es que tu cerebro primitivo no entiende la diferencia entre una pantalla y la vida real. Desde la perspectiva de tu mente, una foto en Instagram equivale a ver un miembro de tu tribu ganando una batalla en vivo.

Es por ello que surge la envidia digital que puede llegar a sentirse real y física, porque tu cerebro cree que estás perdiendo estatus real en tu comunidad, cuando en realidad solo estás viendo una pantalla de un momento que fue pensado antes de publicarse.

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El error de tu mente al sacar conclusiones

Aquí es donde entra la mayor traición con un atajo mental que los especialistas Daniel Kahneman y Amos Tversky nombraron como ‘’Sesos de disponibilidad’', donde tu mente tiene la mala costumbre de asumir que lo que ve con frecuencia o lo que tiene más fresco en su memoria es la realidad absoluta de las cosas.

Cuando entras a las redes y tu feed está lleno de fotos de personas empezando proyectos, viajando o sonriendo, tu cerebro procesa esos estímulos como si fueran la vida diaria de esas personas.

El sesgo de disponibilidad obliga a tu cerebro a asumir que lo que ve con más frecuencia en la pantalla (viajes, logros y sonrisas) representa la realidad absoluta de la humanidad, borrando de forma automática el día a día real de las personas. Foto: Generada con IA

Un estudio del Journal of Social and Clinical Psychology señaló que esto genera una falsa creencia de que la vida de todo el mundo es perfecta las 24 horas del día.

Tu mente olvida que detrás de una foto hay deudas, pendientes, crisis existenciales o simplemente un día aburrido, pero tú mides tu vida real contra un fragmento de la vida de un extraño.

El cerebro perezoso que prefiere la comodidad visual sobre la lógica

El cerebro es un órgano perezoso que prefiere la comodidad de los visual sobre la lógica, por lo que no tiene la capacidad de añadir un recordatorio automático que diga ‘’esto es solo una foto’', y si ve el éxito de forma repetitiva, asume que es un estado natural de la humanidad y tú eres la excepción a la regla.

La sensación de vacío o tristeza que experimentas al ver todas esas publicaciones de éxito no viene de tu vida real, nace de una mala jugada de que hace tu mente en cuestión de segundos.

La exposición selectiva y la depresión por redes sociales

Para entender por qué lo que vemos son ‘’datos falsos’' hay que tomar en cuenta la exposición selectiva, es decir; la tendencia psicológica que tenemos las personas a mostrar en público solo la mejor versión de nuestra vida sin mostrar los momentos difíciles o malos.

Al saturar tu vista con los estándares irreales de internet, elevas artificialmente tu "umbral del placer". Como consecuencia, la química de tu cerebro empieza a considerar que tus metas y logros cotidianos son insuficientes o aburridos. Foto: Generada con IA

Honestamente nadie sube una historia a Instagram llorando por una crisis o por sus preocupaciones, ni comparte una captura de su saldo en ceros del banco. La gente solo muestra su mejor 1% de su vida.

A esto podemos sumarle el algoritmo de las plataforma que está diseñado para viralizar solo lo más llamativo o inspiración, impactando en el ecosistema artificial, y es que es tan real que incluso la Academia Americana de Pediatría ya estudia sus efectos en la salud mental.

El precio lo paga tu seguridad y autoestima

Esta exposición constante a una realidad alterada termina por hackear tu cerebro, y así lo han señalado neurocientíficos de la Universidad de Pensilvania, donde han descubierto que al presenciar el éxito ajeno de forma masiva y artificial el cerebro reduce la segregación de dopamina por tus logros del día a día.

De pronto preparar la cena o dar un paseo te parecen cosas insignificantes porque las comparas el estándar irreal de las redes y tu autoestima se desploma porque la mente entra en un estado de alerta y frustración constante.

Asimismo, investigadores de la Universidad de Essex confirmaron que dicho bombardeo visual genera un desgaste psicológico silencioso que disminuye tu satisfacción vital al asumir erróneamente que todos los demás tienen una vida superior a la tuya.

Lo que muchos desconocen es que la dopamina funciona por contraste, es decir; al saturar la vista con vacaciones perfectas, cuerpos de modelos, elevas el umbral del placer a niveles artificiales. En otras palabras, el feed de las redes te quita la capacidad de disfrutar tu propia vida porque altera tus expectativas químicas de tu cerebro.

Ninguna red social muestra el sudor, las dudas ni el proceso que hay detrás de un trofeo digital. Desactivar la trampa de las pantallas empieza cuando dejas de medir tu velocidad usando el reloj distorsionado de un extraño. Foto: Generada con IA

¿Cómo recuperar la paz y desactivar este error del cerebro?

Para escapar de esta trampa no es necesario borrar tus redes sociales ni aislarte del mundo, sino reaprender y reconfigurar tu cerebro para que empiece a mirar la pantalla con un filtro de protección personal.

  • Ponle nombre a lo que sientes: La próxima vez que veas una publicación y sientas que no estás haciendo suficiente, háblate con amabilidad y repítete: “Mi cerebro está cayendo en el sesgo de disponibilidad; esto es solo información incompleta”.
  • Busca el equilibrio visual: Sigue cuentas que muestren procesos reales, errores de aprendizaje, ciencia o testimonios honestos. Dale a tu cerebro datos más realistas para que no se intoxique con la perfección falsa.
  • Aplica la comparación temporal: Los estudios sobre bienestar demuestran que la única comparación saludable es la que haces contigo mismo. Si hoy manejas tus emociones, tus proyectos o tus días un poco mejor que hace un año, estás avanzando a tu propio ritmo. Y eso es lo único que importa.

Al final del día el mayor peligro de las redes no es que te muestren una vida perfecta llena de éxito, sino que te enseñan el destino de los demás sin mostrarte el trayecto. Vemos que se compran una casa o un carro y no pensamos cuánto les costó llegar a ese resultado y solo nos quedamos con los hechos finales.

La próxima vez que sientas que te quedas atrás, recuerda que estás comparando tu vida como si fuera una película completa, con escenas eliminadas y malos momentos contra el tráiler promocional que solo dura 2 minutos de la vida de otra persona.

No estás fracasando, simplemente estás viviendo una vida real en un mundo que se obsesionó con aparentar una mentira. Vas a buen ritmo y por el camino correcto porque tu historia es de verdad.

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