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¿Tu mente siempre imagina que algo malo va a pasar, incluso cuando todo parece estar bien? La psicología explica por qué creamos escenarios catastróficos que nunca ocurren y cómo esta tendencia a anticipar problemas puede ser una forma en que el cerebro intenta prepararnos ante la incertidumbre

Un mensaje que no llega, una molestia física, alguien que tarda en contestar o una conversación pendiente pueden hacer que la mente construya rápidamente una historia completa sobre lo peor que podría suceder. La psicología explica por qué nuestro cerebro hace esto y por qué imaginar una desgracia no significa que vaya a ocurrir.

¿Tu mente siempre imagina que algo malo va a pasar, incluso cuando todo parece estar bien? La psicología explica por qué creamos escenarios catastróficos que nunca ocurren y cómo esta tendencia a anticipar problemas puede ser una forma en que el cerebro intenta prepararnos ante la incertidumbre

¿Te pasa que todo está bien, y de pronto tu mente empieza a imaginar que algo está mal? un familiar tarda en contestar y piensas que tuvos un accidente. Sientes incomodidad y empiezas a imaginar los escenarios más graves.

También sucede que te mandan un mensaje donde dice ‘’tenemos que hablar’' y tu cabeza crear una situación caótica que no está ocurriendo. No eres la única persona que pasa por esto, y la psicología tiene una explicación.

Nada de lo que puedas imaginar está ocurriendo, aunque se sienta muy real, y es que la psicología explica que anticipar escenarios futuros es una capacidad totalmente normal de la mente.

Imaginar que algo malo puede ocurrir es una experiencia común, pero un escenario creado por la mente no significa que aquello vaya a suceder en la realidad. Foto: Generada con IA

Lo malo no es imaginar lo que puede pasar, sino cuando tu mente se queda atrapada en las posibilidades negativas.

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Tu cerebro intenta adelantarse a lo que podría ocurrir

Imaginar el futuro tiene una función útil. El cerebro puede construir mentalmente situaciones que todavía no suceden para ayudarnos a tomar decisiones, prepararnos y resolver problemas.

Esta capacidad, conocida como pensamiento episódico futuro, permite representar acontecimientos personales que podrían ocurrir. Una revisión científica señala que esta simulación mental puede ayudar a la toma de decisiones, la resolución de problemas y el cumplimiento de objetivos.

Por eso, pensar “¿qué haría si pasa esto?” no es necesariamente algo negativo. Puede ser una forma de preparación.

La cuestión cambia cuando, ante una situación incierta, la mente parece tener una preferencia especial por el resultado más amenazante.

¿Por qué la mente se va directamente a lo peor?

Imagina que alguien importante para ti no responde durante varias horas. Existen decenas de explicaciones posibles: está ocupado, no tiene batería, está trabajando o simplemente no ha visto el teléfono.

Pero la mente puede seleccionar rápidamente una posibilidad negativa y comenzar a desarrollarla.

Un pensamiento intrusivo no representa necesariamente un deseo ni una intención. Este tipo de pensamientos no deseados puede aparecer incluso en personas sin un trastorno psicológico. Foto: Generada con IA

Esto tiene sentido desde una perspectiva de supervivencia. Detectar una amenaza potencialmente importante puede ser más relevante para nuestra conducta que ignorarla. La investigación sobre ansiedad ha encontrado que determinados sesgos cognitivos pueden hacer que las personas procesen con mayor facilidad información relacionada con amenazas.

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El detalle importante es que el cerebro está generando una posibilidad, no leyendo el futuro.

El escenario puede sentirse real aunque nunca haya ocurrido

Aquí está una de las partes más desconcertantes. Una persona puede saber perfectamente que está imaginando algo y, aun así, sentir miedo, tristeza o tensión mientras lo hace.

La emoción es real aunque la situación imaginada no lo sea.

Las investigaciones sobre pensamiento futuro han encontrado que, en el contexto de la ansiedad, las personas pueden mostrar una mayor elaboración o viveza al imaginar acontecimientos futuros negativos, aunque la relación no sea simple ni signifique que toda persona que imagina escenarios negativos tenga ansiedad.

Aprender a distinguir entre una posibilidad y un hecho puede ayudar a tomar distancia de los escenarios negativos que la mente construye automáticamente. Foto: Generada con IA

Por eso puedes terminar preocupado por una conversación que nunca ocurrió o angustiado por un problema que todavía no existe.

Y entonces aparecen los pensamientos intrusivos

Hay otra experiencia que suele confundirse con lo anterior: los pensamientos intrusivos.

Se trata de pensamientos, imágenes o impulsos no deseados que aparecen en la mente sin que la persona los haya buscado deliberadamente. Pueden ser extraños, desagradables o completamente contrarios a lo que la persona quiere.

Y algo importante: tener un pensamiento no significa querer hacerlo ni que vaya a suceder.

Las investigaciones de David A. Clark y Christine Purdon han estudiado precisamente la presencia de pensamientos intrusivos no deseados en personas sin trastornos psicológicos. Revisiones posteriores también han encontrado evidencia de que este tipo de experiencias forman parte de la vida mental de la población general.

Por eso, que alguna vez aparezca una imagen mental absurda, violenta, vergonzosa o catastrófica no permite concluir que exista un trastorno.

El problema puede comenzar cuando la mente no consigue soltar el escenario

Una cosa es imaginar durante unos minutos que algo puede salir mal. Otra es regresar constantemente a la misma posibilidad, buscar señales que la confirmen y construir nuevas versiones de lo que podría suceder.

Los pensamientos catastróficos pueden sentirse muy reales, aunque la situación que representan solamente exista como una posibilidad en la mente. Foto: Generada con IA

Ahí aparece un proceso conocido como pensamiento negativo repetitivo, que incluye fenómenos como la preocupación y la rumiación. Una revisión publicada en Nature Reviews Psychology señala que estos patrones comparten características y pueden participar en diferentes problemas de salud mental.

Algunas señales de que estos pensamientos están ocupando demasiado espacio pueden ser:

  • Te cuesta dejar de imaginar el mismo problema.
  • Necesitas comprobar repetidamente que todo está bien.
  • Una posibilidad empieza a sentirse como si fuera un hecho.
  • Los escenarios interfieren con tu concentración o descanso.
  • Pasas mucho tiempo intentando encontrar respuestas para situaciones que todavía no han ocurrido.

Esto tampoco significa automáticamente que exista un diagnóstico. La frecuencia, intensidad, duración y el impacto sobre la vida cotidiana son aspectos importantes para valorar cuándo una preocupación necesita mayor atención.

Entonces, ¿imaginar lo peor significa que eres una persona negativa?

No necesariamente. Una persona puede anticipar escenarios negativos porque está preocupada por algo concreto, porque atraviesa un periodo de incertidumbre o simplemente porque su mente tiene el hábito de explorar posibilidades.

De hecho, la relación entre pensamiento futuro negativo y problemas emocionales es más compleja de lo que parece. Una revisión y metaanálisis de estudios longitudinales encontró asociaciones entre el pensamiento negativo sobre el futuro y síntomas posteriores de ansiedad y depresión, pero también encontró relaciones en la dirección contraria: los síntomas pueden favorecer posteriormente una visión más negativa del futuro.

Es decir, no todo empieza ni termina con “pensar demasiado”.

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Quizá la pregunta no sea “¿por qué pienso esto?”, sino “¿qué hago con este pensamiento?”

Cuando aparece un escenario catastrófico, puede ser útil recordar una diferencia sencilla: imaginar una posibilidad no la convierte en una predicción.

Tu mente puede decirte “¿y si pasa esto?”, pero esa pregunta no contiene la respuesta.

La imaginación puede servir para prepararnos cuando necesitamos actuar. Sin embargo, cuando solamente produce miedo y nos mantiene atrapados en posibilidades que no podemos resolver, deja de ser una herramienta útil y comienza a consumir nuestra atención.

Y quizá eso sea lo más importante de entender: no tienes que creer todo lo que tu mente imagina.

Que hayas pensado que algo malo podría suceder no significa que lo desees, que vaya a suceder o que exista una señal escondida que todavía no has descubierto. A veces solamente significa que tu cerebro está intentando prepararte para algo incierto.

Si esos pensamientos se vuelven persistentes, difíciles de controlar o interfieren de manera importante con el sueño, el trabajo, las relaciones o la vida cotidiana, hablar con un profesional de la salud mental puede ayudar a entender qué está ocurriendo.

Porque quizá el objetivo no sea conseguir una mente que nunca imagine escenarios malos. Eso sería poco realista.

El objetivo puede ser aprender a reconocerlos por lo que son: posibilidades creadas por la mente, no acontecimientos que ya están sucediendo.

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