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Las personas que no responden mensajes o tardan en responder no es que sean desinteresadas o evitativas; la psicología apunta a una sobrecarga comunicativa

Especialistas advierten que el exceso de mensajes, notificaciones y expectativas de respuesta puede generar agotamiento mental y retrasar la comunicación digital.

Las personas que no responden mensajes o tardan en responder no es que sean desinteresadas o evitativas; la psicología apunta a una sobrecarga comunicativa

Tijuana BC.- Te pasa que sin darte cuenta, ya pasaron días o semanas sin responder algún mensaje, no significa que seas desinteresado o estés evitando a los demás, la psicología tiene una explicación para este fenómeno social que cada vez toma más peso en la actualidad.

Especialistas sugieren que, muchas veces detrás de los mensajes sin contestar no hay rechazo o indiferencia, sino algo conocido como Sobrecarga Comunicativa.

La sobrecarga comunicativa se ha convertido en uno de los fenómenos más estudiados por la psicología y la salud mental. Foto: Pexels

La sobrecarga comunicativa es una situación en donde la demanda de comunicación supera la capacidad de una persona para gestionar dichas peticiones. En otras palabras, la cantidad de mensajes, notificaciones o correos puede llegar a convertirse en una fuente de estrés mental constante.

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La investigadora Keri K. Stephens, señala que la sobrecarga comunicativa no depende del número de mensajes recibidos, sino también de la presión psicológica que asociamos a ellos.

¿Qué es la sobrecarga comunicativa?

A diferencia de la sobrecarga informativa, la comunicativa implica además de una obligación social, también una demanda de atención.

Es decir, no solo hay que leerlo, también debemos:

• Entenderlo.

• Decidir qué significa.

• Evaluar si requiere respuesta.

• Pensar qué responder.

• Elegir cuándo hacerlo.

• Recordar volver a la conversación más tarde.

Cuando estas pequeñas tareas se acumulan, el cerebro comienza a percibirlas como una lista interminable de pendientes que generan estrés y se convierte en un círculo infinito.

¿Por qué actualmente hay personas que tardan mucho en responder o no lo hacen?

La tecnología ha eliminado prácticamente todas las barreras para comunicarse, es decir; hace apenas 20 años.

• Las llamadas requerían coincidir en tiempo y lugar.

• Los correos electrónicos llegaban con menor frecuencia.

• Los mensajes de texto tenían costos adicionales.

• Las conversaciones terminaban naturalmente.

La presión por contestar mensajes rápidamente forma parte de los nuevos desafíos de la comunicación digital. Foto: Pexels

Actualmente la realidad es distinta, ya que una sola persona puede recibir infinidad de mensajes por medios como:

• WhatsApp.

• Instagram.

• Facebook Messenger.

• Telegram.

• Correo electrónico.

• Slack.

• Microsoft Teams.

• SMS.

• Aplicaciones de trabajo.

• Plataformas escolares o académicas.

Lo que deja como consecuencia, que las conversaciones permanecen abierta de forma permanente, y muchas personas perciben este detalle como una amenaza o una fuente de angustia.

El problema no son los mensajes, sino las expectativas

Uno de los hallazgos más importantes de los estudios sobre comunicación digital es que la saturación comunicativa suele estar relacionada con la expectativa de respuesta inmediata. Muchos sienten presión debido a:

• El remitente puede ver que el mensaje fue leído.

• La aplicación muestra cuándo están conectadas.

• Existe la expectativa social de responder rápido.

• Temen parecer descorteses si tardan demasiado.

• Sienten culpa por acumular conversaciones pendientes.

La psicología señala que esta presión al no responder rápido o no hacerlo, puede generar agotamiento incluso cuando la cantidad de mensajes no parece excesiva.

Las notificaciones constantes pueden afectar la atención, la concentración y la capacidad para responder mensajes. Foto: Pexels

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Los factores que más contribuyen a la saturación digital

Los investigadores han identificado varios factores que aumentan la sensación de estar abrumado por los mensajes no respondidos.

Acumulación de conversaciones: La persona responde algunos mensajes, pero llegan nuevos antes de terminar los anteriores. Se crea la sensación de que nunca logra ponerse al corriente.

Interrupciones constantes: Las notificaciones rompen la concentración repetidamente.

• Durante el trabajo.

• Mientras estudia.

• Al ver una película.

• Durante reuniones.

• Incluso antes de dormir.

Cada interrupción exige un cambio de atención que consume recursos mentales.

Fatiga de decisión: El psicólogo Roy F. Baumeister ha estudiado cómo la acumulación de decisiones diarias puede agotar la energía cognitiva.

Responder mensajes implica decidir constantemente:

• Qué decir.

• A quién responder primero.

• Qué conversaciones priorizar.

• Cuáles pueden esperar.

Aunque parezcan decisiones pequeñas, cientos de ellas pueden generar cansancio mental.

Multiplicidad de plataformas: No es lo mismo recibir 50 mensajes en una sola aplicación que recibirlos repartidos en diez plataformas diferentes. Cada cambio de aplicación obliga al cerebro a cambiar de contexto.

Los especialistas llaman a este fenómeno “context switching”, y se sabe que incrementa la carga cognitiva.

¿Significa que todas las personas que tardan en responder tienen sobrecarga comunicativa?

No necesariamente. Si bien, los expertos advierten que también pueden intervenir otros factores psicológicos, como:

• Ansiedad social.

• Perfeccionismo.

• Procrastinación emocional.

• Estilos de apego evitativo.

• Estrés laboral.

• Agotamiento emocional.

Sin embargo, la evidencia muestra que la sobrecarga comunicativa se ha convertido en una de las explicaciones más frecuentes en la era digital.

Una paradoja de la vida moderna

La investigadora Sherry Turkle, profesora del MIT, sostiene que vivimos una contradicción cada vez más evidente.

Nunca habíamos tenido tantas formas de mantenernos conectados, pero tampoco habíamos estado expuestos a tantas demandas simultáneas de atención.

La comunicación instantánea creó la expectativa de disponibilidad permanente, mientras que la capacidad humana para procesar información y relaciones sociales continúa teniendo límites.

Por lo que, los especialistas recomiendan ser cautelosos antes de interpretar una respuesta tardía como una señal de desinterés.

En muchos casos, detrás de un mensaje sin contestar no hay rechazo ni indiferencia, sino una persona intentando administrar una cantidad de conversaciones, notificaciones y obligaciones comunicativas mayor de la que puede gestionar mentalmente en ese momento.

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