La psicología explica que las personas con la habitación desordenada no siempre son desorganizadas, sino que su mente puede estar reflejando cansancio, decisiones pendientes y formas distintas de procesar su entorno
Si alguna vez has sentido que tu habitación se desordena sin que te des cuenta o te has preguntado por qué algunas personas viven entre objetos sin sentirse incómodas, la psicología apunta a una explicación mucho más interesante de lo que parece.

¿Te pasa que entras a tu habitación y hay ropa sobre una silla, papeles acumulados, vasos en el escritorio y la cama destendida? esto podría hacerte pensar que:, ‘’eres desordenado’', aunque la psicología sugiere una razón más profunda que tiene que ver con tu mente.
Los especialista señalan que el estado de una habitación no habla únicamente de orden, sino también de cómo tu cabeza procesa el día a día.

Lo más interesante es que una habitación no solo guarda objetos, sino que también se puede convertir en un espacio donde se acumulan decisiones, emociones, cansancio y tareas pendientes sin que lo notes.
Por eso, el desorden no siempre significa lo mismo para todas las personas.
¿Por qué hay personas que dejan de notar el desorden?
Seguramente has escuchado a alguien decir: ‘’no me había dado cuenta de que estaba tan sucio o desordenado’', y aunque parezca una excusa, la psicología explica que esto es posible.
El cerebro tiene la capacidad de acostumbrarse a lo que ve todos los días, ¿te pasa que después de unos minutos dejas de escuchar el tic toc de un reloj? algo así ocurre con el desorden.
Se puede dejar de prestar atención a la suciedad que permanece de forma constante en el mismo lugar sin que te des cuenta.

Por eso para quien lo ve desde afuera el desorden es evidente, aunque para quien vive en esa habitación puede parecer normal.
Cada objeto fuera de lugar puede representar una decisión que quedó pendiente
Aquí aparece una explicación que suele sorprender.
Una camiseta sobre la cama no siempre es solo una prenda olvidada. Puede representar una decisión que todavía no se tomó: guardarla, lavarla, volver a usarla o doblarla.
Lo mismo puede suceder con documentos, bolsas, cajas o cualquier otro objeto que queda fuera de su lugar.
Y así lo señala Barry Schawrtz en su tesis de The Paradox Of Choice, ya que tomar deciciones constantes exige un esfuerzo mental que muchas veces no se nota y cuántas más opciones tenemos, mayor es la carga para el cerebro, lo que se vuelve más agotador el elegir.
Esta idea plantea que cuando la mente se satura por muchas decisiones, es más probable que siga posponiendo ciertas tareas. Incluso las que son cotidianas.
Por lo que no significa que una persona sea desorganizada, sino que el exceso de elecciones y responsabilidades muchas veces se reduce a la energía mental disponible para seguir decidiendo.

Cuando estás realmente cansado, el cerebro comienza a posponer esas pequeñas decisiones. Al principio parece algo sin importancia, pero con el paso de los días esas decisiones pendientes empiezan a acumularse junto con los objetos.
Entre las situaciones más comunes están:
- Ropa que quedó “para después”.
- Papeles que aún no se revisan.
- Objetos que se usarán nuevamente.
- Cosas que requieren decidir dónde guardarlas.
Cada una parece insignificante por separado, pero cuando las juntas pueden transformar completamente el aspecto de una habitación sin que lo notes.
El cansancio mental influye más de lo que parece
Muchas personas creen que ordenar una habitación solo requiere unos minutos. Sin embargo, la psicología explica que implica varios procesos al mismo tiempo.
Tienes que decidir qué hacer con cada objeto, clasificarlo, comenzar la tarea y mantener la atención hasta terminar. Lo que muchas veces parece una tarea tediosa o difícil.

Después de un día de trabajo, estudio o con estrés, esa energía mental puede estar prácticamente agotada. Por eso no es extraño que alguien sea muy organizado en su empleo, pero su casa esté algo desordenada.
No necesariamente se trata de falta de interés, sino de que el cerebro ya utilizó gran parte de sus recursos durante el resto del día.
El cerebro también intenta ahorrar esfuerzo
Otra explicación poco conocida es que el cerebro busca ahorrar energía siempre que puede.
Si una persona piensa que volverá a usar una chamarra al día siguiente, puede dejarla sobre una silla en lugar de guardarla. Lo mismo ocurre con un cuaderno, unos zapatos o cualquier objeto que considera que necesitará pronto hasta que se acumulan por toda la habitación.
Desde la perspectiva del cerebro, eso evita hacer el mismo movimiento dos veces.
El problema surge cuando eso se repite varias veces con muchos objetos distintos, y poco a poco la habitación se llena sin que exista una decisión consciente de mantenerla desordenada.
¿Y si el desorden tiene un orden que solo una persona entiende?
También ocurre que hay personas que tienen todo desordenado, y aún así encuentran todo rápidamente.
La psicología explica que algunas personas construyen una especie de mapa mental de su espacio. Aunque desde afuera parezca un caos, ellas saben exactamente dónde dejaron determinado objeto.

Por esa razón, cuando alguien más acomoda la habitación, incluso con buena intención, la persona puede tardar más tiempo en encontrar sus pertenencias.
El estado de una habitación puede reflejar cómo se siente la mente
Las emociones también pueden influir en el entorno donde vivimos.
Durante periodos de estrés, ansiedad, tristeza o agotamiento mental, las tareas relacionadas con el orden suelen perder prioridad. No porque dejen de importar, sino porque la mente está enfocando su energía en resolver otras preocupaciones que considera más urgentes.
El especialista en la mente Donald Norman seña que el entorno donde vivimos influye en la forma en que funciona nuestra mente.
Desde los objetos que nos rodean, el cerebro los percibe constantemente y procesa dicha información, incluso cuando no somos conscientes de ello.
Más desorden, más difícil es concentrarse
Con esta perspectiva, un ambiente con muchos estímulos puede hacer que sea más difícil concentrarse, por ello, muchos sienten alivio después de limpiar y ordenar una habitación.
Además de cambiar el espacio físico, también se disminuye la carga de información visual que el cerebro tiene que procesar al mismo tiempo.
Además, cuando el desorden ya es bastante, es común que las personas no sepan por dónde empezar, y esa misma sensación hace que se pospongan los debes una vez más, de esa forma el ciclo sigue repitiéndose.
Tener la habitación desordenada no define a una persona
Una habitación desordenada puede estar relacionada con cansancio, decisiones pendientes, hábitos cotidianos, formas distintas de organizarse o momentos de mayor carga emocional. También puede responder simplemente a una semana especialmente ocupada.
Por eso, los especialistas señalan que el estado de una habitación, por sí solo, no basta para definir la personalidad de alguien. Puede ofrecer pistas sobre cómo está funcionando la mente en determinado momento, pero nunca explica por completo quién es esa persona.
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