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Luego de que la prueba PISA reveló un retroceso educativo de 25 años en México, la SEP optó por un esquema de calificación local que carece de supervisión independiente

Especialistas señalan que las pruebas diagnósticas nacionales carecen de comparabilidad externa, dejando a las autoridades educativas sin insumos precisos para corregir el rumbo pedagógico.

Luego de que la prueba PISA reveló un retroceso educativo de 25 años en México, la SEP optó por un esquema de calificación local que carece de supervisión independiente

Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA 2025), publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), encendieron las alarmas al revelar que México acumula un retroceso educativo de hasta un cuarto de siglo en competencias básicas.

En contraste con este diagnóstico internacional que ubica al país muy por debajo de la media global, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha apostado por un modelo de evaluación interna denominado Ejercicios Integradores del Aprendizaje (EIA), un esquema supervisado exclusivamente por los propios docentes que carece de parámetros de comparación externa o auditorías independientes.

De acuerdo con una publicación de Reforma, esta divergencia metodológica y de resultados plantea un debate urgente sobre la calidad del aprendizaje en el aula y los mecanismos oficiales para medirlo.

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¿Cuáles son los resultados clave de la prueba PISA 2025 en México?

El informe de la OCDE expone que el puntaje de los estudiantes mexicanos de 15 años en matemáticas se ubicó en 388 puntos, una cifra prácticamente idéntica a la registrada en el año 2000 (385 puntos) y por debajo de los 395 puntos obtenidos en 2022.

Esta puntuación contrasta fuertemente con la media del organismo internacional, fijada en 463 puntos, lo que representa una brecha de 75 puntos equivalentes a más de dos ciclos escolares de rezago.

La situación es aún más crítica al analizar los niveles de competencia alcanzados:

  • Matemáticas: Solo el 30 por ciento de los alumnos mexicanos alcanzó el nivel mínimo básico, frente al 65 por ciento del promedio en los países de la OCDE.
  • Lectura: El puntaje nacional fue de 408, inferior al registrado en 2006 (410), con apenas un 50 por ciento de los estudiantes en el nivel básico de competencia en comparación con el 69 por ciento internacional.
  • Ciencias: Se registró un puntaje promedio de 414, estancado respecto a los niveles de hace dos décadas, con un 50 por ciento de alumnos en el rango básico frente al 74 por ciento de la media global.
  • Resolución de problemas computacionales: México obtuvo 453 puntos, alejado de los 500 puntos del promedio de la OCDE.

Lo más alarmante del informe radica en los extremos del rendimiento: ningún estudiante mexicano alcanzó los niveles más altos de competencia (5 y 6) en ninguna de las tres áreas evaluadas, mientras que un 41.8 por ciento se ubicó por debajo del nivel 2. En contraste, las regiones punteras como Singapur y las provincias participantes de China superaron por más de 200 puntos el promedio nacional.

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¿Por qué expertos critican el modelo de evaluación interna de la SEP?

Mientras los indicadores internacionales evidencian una caída generalizada en el rendimiento académico, la SEP ha optado por implementar desde 2024 los Ejercicios Integradores del Aprendizaje (EIA) en el marco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). Este modelo recae enteramente sobre los profesores, quienes fungen como únicos evaluadores y calificadores de sus propios alumnos sin la supervisión de auditorías externas o metodologías estandarizadas que permitan cotejar el avance a nivel estatal o nacional.

El informe PISA 2025 revela una pérdida de hasta un año y medio de aprendizaje en una década, mientras la tecnología y la inteligencia artificial transforman las aulas sin lograr frenar el declive. Foto: Especial

Especialistas en la materia han cuestionado la viabilidad y los riesgos de este esquema centralizado:

El riesgo de los EIA, al ser ordenados desde el centro del poder de decisión, es que los reactivos pueden ser diseñados con un propósito ideológico en lugar de científico” — advirtió el investigador educativo Eduardo Andere.

Por su parte, Marco Fernández, investigador de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey y de México Evalúa, señaló que los EIA no generan información sistematizada ni comparable.

Al tratarse de pruebas con respuestas abiertas y criterios dispersos entre planteles, las autoridades quedan incapacitadas para diseñar políticas públicas diferenciadas.

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A esta falta de transparencia se suma el señalamiento de Mexicanos Primero, cuya dirección de monitoreo indicó que, del total de las entidades federativas, únicamente Campeche hizo públicos los resultados de sus evaluaciones locales el ciclo pasado.

Mientras el gobierno de Sheinbaum destina la mayor parte del presupuesto a becas, la deserción escolar sigue en aumento. Foto: Especial

¿Cómo impacta esta brecha educativa en el futuro de los jóvenes en México?

El rezago en matemáticas, ciencias y comprensión lectora no es únicamente una estadística institucional; representa una limitante directa para el desarrollo socioeconómico de las nuevas generaciones. Los jóvenes que egresan del sistema de educación básica sin alcanzar las competencias mínimas enfrentan barreras severas para insertarse en un mercado laboral globalizado, altamente tecnificado y competitivo.

La falta de mediciones objetivas y comparables deja a las familias y a las comunidades sin diagnósticos claros sobre dónde se originan las fallas pedagógicas.

Sin datos transparentes, la posibilidad de implementar planes de recuperación de aprendizajes eficaces se reduce, perpetuando un ciclo de desigualdad donde los estudiantes más vulnerables son quienes cargan con el costo mayor del rezago estructural.

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El dilema entre la simulación institucional y la urgencia de corregir el rumbo

La divergencia entre los resultados de la prueba PISA 2025 y los informes internos de la SEP pone sobre la mesa un dilema ineludible para la política educativa nacional.

La evaluación PISA 2025 contó con la participación de 760,000 estudiantes de 91 países y economías. | Crédito: canva

Ignorar los estándares internacionales o sustituirlos por esquemas de autoevaluación sin veeduría externa limita la capacidad del Estado para enfrentar la realidad de las aulas.

El gran reto para los próximos años consistirá en reconciliar el diseño curricular con métricas rigurosas, transparentes e independientes, capaces de ofrecer un diagnóstico veraz que permita reconstruir los cimientos del aprendizaje en México antes de que la brecha generacional sea irreversible.

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