El polo sur de la Luna contiene zonas de sombra capaces de proteger moléculas y, según nuevos modelos científicos, también algunos microorganismos transportados desde la Tierra
Un estudio publicado en Science Advances modeló condiciones de tres regiones cercanas al polo sur lunar y encontró sitios donde bacterias y hongos transportados por futuras tripulaciones podrían permanecer vivos, con implicaciones para el control de contaminación.

Microorganismos procedentes de la Tierra y transportados accidentalmente por astronautas podrían sobrevivir en zonas protegidas del polo sur de la Luna, de acuerdo con una investigación encabezada por científicos del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.
El trabajo, publicado el 19 de agosto de 2026 en la revista Science Advances, no plantea que esos organismos puedan establecer colonias en la superficie lunar. La preocupación es diferente: algunos podrían permanecer vivos el tiempo suficiente para alterar futuras mediciones y dificultar la distinción entre la química original de la Luna y la contaminación llevada por seres humanos.
Ese problema adquirirá mayor importancia conforme aumenten las misiones tripuladas. Los humanos transportan enormes comunidades microbianas: de acuerdo con la NASA, una zona de piel del tamaño aproximado de la goma de un lápiz puede albergar en promedio un millón de bacterias. Parte de esos microorganismos puede escapar de trajes espaciales y hábitats.

La contaminación biológica ya representa un desafío para las agencias espaciales. En 2025, investigaciones sobre salas utilizadas para preparar misiones encontraron microorganismos capaces de soportar condiciones muy exigentes, un antecedente relacionado con las medidas destinadas a impedir que organismos terrestres lleguen a otros mundos. NASA descubre 26 nuevas bacterias superresistentes a ambientes hostiles en sala de sonda espacial lanzada a Marte
Las sombras del polo sur podrían funcionar como refugio
La clave está en la forma en que llega la luz solar a los polos lunares. Debido a la escasa inclinación del eje de la Luna, el Sol permanece muy cerca del horizonte y montañas, bordes de cráteres e incluso pequeñas irregularidades del terreno pueden generar sombras prolongadas.
Algunos de esos espacios permanecen extremadamente fríos y protegidos de una parte de la radiación ultravioleta, dos características que pueden favorecer la conservación de agua, moléculas y, según los modelos del nuevo estudio, determinados microorganismos.
Los investigadores analizaron condiciones ambientales en Nobile Rim, Connecting Ridge y De Gerlache Rim, utilizando información sobre elevación y temperatura obtenida por el Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA y modelos de la radiación que alcanza la superficie.

Después compararon esos ambientes con los límites conocidos de resistencia al calor y a la radiación ultravioleta de organismos asociados con seres humanos o con ambientes de vuelos espaciales.
Entre ellos se encuentran Bacillus subtilis, Staphylococcus aureus, Deinococcus radiodurans, especies del género Fusarium y el hongo Aspergillus niger.
Este último llamó especialmente la atención. Es un hongo que puede encontrarse en lugares cálidos y húmedos de la Tierra, incluidos baños y sistemas de ventilación, y también ha sido identificado en ambientes de la Estación Espacial Internacional.
De acuerdo con los modelos, Aspergillus niger mostró la mayor tolerancia a la radiación ultravioleta y podría permanecer viable incluso en algunos sitios con cierta exposición a la luz solar.
Sobrevivir no significa crecer en la Luna
El estudio establece una distinción importante: “sobrevivir” significa mantenerse vivo al menos durante un día terrestre bajo las condiciones consideradas por los investigadores. No implica que el microorganismo pueda alimentarse, reproducirse o formar una población permanente.
Los autores señalan que actualmente no existe evidencia de que la superficie lunar proporcione elementos esenciales para el crecimiento microbiano, como agua líquida estable, temperaturas moderadas y una atmósfera adecuada.
Por ello, el hallazgo tampoco demuestra la existencia de vida lunar. Lo que muestra es que una célula terrestre depositada en el lugar adecuado podría ser más resistente de lo que intuitivamente cabría esperar.
La experiencia acumulada en misiones tripuladas refuerza esa preocupación. Artemis II llevó en abril de 2026 a cuatro astronautas alrededor de la Luna durante un vuelo de aproximadamente 10 días, dentro del proceso con el que la NASA busca ampliar nuevamente la exploración humana lunar. Artemis II: la NASA lanza su primera misión tripulada a la Luna rumbo a la exploración de Marte
¿Por qué preocupa que lleguen microbios terrestres?
Para los científicos, establecer una referencia de cómo es un sitio antes de la llegada de seres humanos será fundamental.
Si después aparecen compuestos químicos, moléculas orgánicas o posibles señales biológicas, los investigadores tendrán que saber si estaban presentes originalmente o si llegaron adheridos a astronautas, equipos, trajes o instalaciones.
Ese problema podría resultar todavía más delicado en Marte, donde las futuras misiones buscarán señales que permitan determinar si alguna vez existió vida.
Andrew Needham, coautor del estudio y especialista de la NASA en control de contaminación de muestras lunares, planteó que antes de buscar vida fuera de la Tierra será necesario poder descartar que la señal estudiada sea algo transportado por los propios exploradores.

El polo sur será uno de los puntos más disputados de la exploración lunar
La región tiene un interés especial porque algunos cráteres permanecen en sombra permanente y conservan depósitos de hielo, mientras que elevaciones cercanas reciben largos periodos de luz solar, condiciones atractivas para generar energía y establecer instalaciones.
El objetivo de mantener presencia humana durante periodos cada vez más prolongados también ha colocado al polo sur lunar entre las zonas centrales de los planes de exploración. En Sonora, especialistas de la Universidad de Sonora explicaron tras Artemis II que la disponibilidad de hielo es una de las razones científicas y logísticas detrás del interés por establecer allí una futura base. Regresa nave Orión de Artemis II y Unison ofrecerá conferencia sobre la misión
El interés no se limita a Estados Unidos. Un reporte de Science publicado el 19 de agosto indicó que la misión china Chang’e-7 se preparaba para explorar hielo en una región cercana al polo sur mediante un vehículo capaz de desplazarse hacia terrenos en sombra y analizar muestras del subsuelo.
La expansión de estas misiones convierte el control de contaminación en algo más que una tarea de limpieza: también será una condición para proteger el valor científico de lugares que todavía conservan señales químicas acumuladas durante miles de millones de años.
Lo que encontró el estudio
- Lugar: tres regiones cercanas al polo sur de la Luna.
- Resultado: existen zonas modeladas donde determinados microorganismos terrestres podrían mantenerse vivos.
- Organismo destacado: Aspergillus niger mostró la mayor tolerancia a la radiación ultravioleta entre los considerados.
- Límite clave: supervivencia no equivale a crecimiento ni reproducción.
- Consecuencia: futuras misiones necesitarán medir y documentar con precisión los contaminantes que lleven antes de interpretar posibles señales químicas o biológicas.
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