La sed del futuro
Siempre he pensado que las guerras del futuro, si no es que ya estamos en ellas, no serán por petróleo ni por territorios.

Siempre he pensado que las guerras del futuro, si no es que ya estamos en ellas, no serán por petróleo ni por territorios. Serán por agua. Quizá las próximas generaciones tengan más conciencia de ello. La nuestra creció con otra realidad. Abríamos el grifo y el agua estaba ahí. Abundante. Disponible.
Éramos felices con una manguera. Pasábamos horas mojándonos en el patio. Lavábamos las banquetas, los carros y regábamos las plantas sin medir una sola gota. Quizá algún día las nuevas generaciones escucharán estas historias y les parecerán impensables. Lejanas. De otro mundo.
Lo cierto es que la devastación ya se asoma. La voracidad consumista. La falta de una cultura del cuidado del medio ambiente. Y ahora, una nueva herramienta que amenaza con devorar nuestro ecosistema: la inteligencia artificial. También tiene sed. Y no parece saciarse.
Cada respuesta, cada imagen, cada cálculo que le pedimos ocurre detrás de un centro de datos que no vemos, pero que requiere cantidades masivas de electricidad y sistemas de enfriamiento por evaporación para evitar que los procesadores se sobrecalienten.
¿Sabías que generar una sola imagen con inteligencia artificial puede consumir hasta 5 litros de agua? El equivalente a dos botellas grandes. ¿Has pensado en ese costo? Ni siquiera hablo del futuro. Ya lo estamos pagando en el presente.
Nuestro Río Colorado se está desangrando. Y no es una advertencia nueva. Lo sabemos desde hace años. Pero el anuncio de que California deberá reducir el uso de aproximadamente 543 millones de metros cúbicos de agua del Río Colorado durante cada uno de los próximos dos años, como parte de las nuevas reglas federales para enfrentar la crisis hídrica de la cuenca, nos da una dimensión de la devastación que se acerca.
El Departamento del Interior de Estados Unidos publicó las reglas de operación para 2027 y 2028. El objetivo: estabilizar el sistema del Río Colorado y proteger los niveles de almacenamiento de los lagos Powell y Mead. Arizona y Nevada también deberán hacer recortes. En conjunto, los tres estados tendrán que reducir el uso de miles de millones de metros cúbicos de agua cada año durante 2027 y 2028.
El agua ya no es una advertencia. Es una cuenta que estamos empezando a pagar. Y yo me pregunto si mis ojos alcanzarán a ver el final de esta historia.
Estamos viendo cómo la Tierra se retuerce, se mueve y responde al daño que le hemos hecho. La hemos saturado de plástico y basura. Hemos deforestado sin medida. Hemos empujado el calentamiento global más allá de los límites que creíamos posibles.
Y nosotros, como cachanillas, lo sentimos en la piel. Nací en Mexicali. Jamás había enfrentado un verano como este. Un verano en el que el sol no solo quema. Desgarra la piel.
Habrá sed. Mucha sed. Y quizá todavía estemos a tiempo. No de salvar al planeta, la Tierra sobrevivirá, sino de salvar la posibilidad de seguir habitándola.
*- La autora es periodista inmigrante.
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