Japón rompió con dos décadas de desigualdad laboral y comenzará a pagar el mismo salario a hombres y mujeres ante una escasez histórica de trabajadores que amenaza con frenar su economía durante las próximas dos décadas si no logra incorporar el talento femenino al mercado formal
Las empresas niponas eliminaron categorías administrativas ocupadas mayoritariamente por mujeres donde se pagaba hasta la mitad del salario masculino mientras el país enfrenta una proyección de once millones de trabajadores faltantes para 2040 según el Instituto Recruit Works

La crisis demográfica y la falta de personal en Japón obligaron a las empresas del país asiático a tomar una decisión histórica: igualar los salarios entre hombres y mujeres después de dos décadas en las que las trabajadoras niponas cobraron, en promedio, apenas el 75.8 por ciento de lo que ganaban sus compañeros varones por realizar las mismas funciones. La medida, considerada inédita en años recientes, busca incorporar al talento femenino a un mercado laboral que enfrenta una de las mayores escaseces de mano de obra registradas en la historia moderna del país.
De acuerdo con datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social de Japón, la brecha salarial entre hombres y mujeres en ese país creció en los últimos años hasta alcanzar el 22 por ciento, una cifra que duplica el promedio del 11 por ciento registrado entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Qué decisión tomaron las empresas japonesas
Firmas financieras como la aseguradora Nippon Life Insurance y el banco MUFG encabezaron este giro al eliminar categorías profesionales administrativas que estaban ocupadas mayoritariamente por mujeres. En esos puestos, las trabajadoras percibían entre el 39 y el 50 por ciento de lo que ganaba un hombre por una jornada equivalente.
La eliminación de esas categorías representa un cambio estructural en la forma en que las compañías japonesas organizan su fuerza laboral. Hasta ahora, el sistema tradicional ofrecía a los hombres empleos de por vida con promociones y aumentos ligados a la antigüedad, mientras que las mujeres, al convertirse en madres, eran desplazadas hacia trabajos temporales o de media jornada con menores ingresos y escasas oportunidades de ascenso.
Este fenómeno, conocido en estudios laborales como la “curva en L”, refleja la caída abrupta de la participación y el salario femenino tras la maternidad, lo que durante décadas ha dificultado la reincorporación de las mujeres a puestos de responsabilidad dentro de las empresas niponas.

Por qué Japón tomó esta decisión justo ahora
La razón principal del giro no es únicamente social. Detrás de la medida hay un cálculo económico de gran magnitud. Japón enfrenta una escasez de mano de obra que amenaza con frenar el crecimiento del país durante las próximas dos décadas.
Un estudio del Instituto Recruit Works proyecta que para el año 2040 el país tendrá un déficit de aproximadamente 11 millones de trabajadores. La oferta laboral disponible pasaría de los 65.87 millones de personas registradas en 2022 a apenas 57.67 millones en 2040, lo que obliga a las empresas a buscar fuentes adicionales de talento dentro de su propia población.
En ese contexto, las mujeres japonesas representan una reserva laboral altamente calificada que durante décadas ha sido subutilizada por barreras estructurales, salariales y culturales. Aprovechar ese potencial se ha convertido en una necesidad económica más que en una elección ideológica.
El contraste con la situación en Estados Unidos
La decisión japonesa ocurre en un momento en que varios países han comenzado a revisar o revertir sus políticas de diversidad, equidad e inclusión, conocidas por sus siglas en inglés como DEI. En Estados Unidos, distintas empresas e instituciones han recortado o eliminado programas vinculados a estos criterios tras los cambios de prioridades impulsados desde la administración federal.
Japón, en cambio, optó por el camino contrario. Además del objetivo interno de atraer talento femenino, el país asiático ha comenzado a capturar inversiones internacionales que se rigen por criterios ambientales, sociales y de gobernanza, identificadas por sus siglas como ESG, las cuales han migrado desde Estados Unidos hacia mercados con políticas más alineadas con la igualdad laboral.
Esa combinación de factores convirtió la equiparación salarial en una estrategia doblemente rentable: cubre la escasez de personal y al mismo tiempo atrae capital extranjero.
Cuánto ganaban las mujeres en Japón antes del cambio
Los datos oficiales del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social muestran la magnitud de la brecha que las empresas buscan corregir.
- En promedio nacional, las mujeres japonesas ganaban en 2024 el 75.8 por ciento del salario de los hombres.
- En la prefectura de Tochigi, esa cifra caía hasta el 70 por ciento.
- En las categorías administrativas ocupadas mayoritariamente por mujeres, los ingresos podían representar apenas entre el 39 y el 50 por ciento del salario masculino.
- La brecha salarial general del país creció del 21.3 por ciento al 22 por ciento entre 2023 y los registros más recientes.
Estos números ubican a Japón como uno de los países con mayor desigualdad salarial entre los miembros de la OCDE, superando ampliamente el promedio del bloque.
Por qué igualar el salario no es suficiente
Las propias instituciones japonesas reconocen que la equiparación salarial, aunque histórica, no resolverá por sí sola el problema. La estructura cultural del país asigna a las mujeres un papel central en el cuidado de los hijos, lo que limita su disponibilidad para reincorporarse al mercado laboral una vez que se convierten en madres.
Por esa razón, varias empresas han comenzado a complementar la medida salarial con políticas adicionales orientadas a la conciliación familiar. Entre las acciones implementadas o en discusión se encuentran:
- Jornadas laborales reducidas para trabajadoras con hijos pequeños.
- Opciones de teletrabajo permanente o híbrido.
- Pruebas piloto de semana laboral de cuatro días, especialmente en ciudades como Tokio.
- Programas de reincorporación gradual después del periodo de maternidad.
- Apoyos económicos directos para servicios de cuidado infantil.
Estas medidas buscan que las mujeres puedan mantener su carrera profesional sin renunciar a su vida familiar, un equilibrio que durante décadas ha sido difícil de lograr en el modelo laboral japonés.
Qué significa esta decisión para el futuro económico de Japón
La equiparación salarial llega en un momento crítico. Japón es la cuarta economía más grande del mundo, pero su crecimiento depende en buena medida de su capacidad para mantener una fuerza laboral activa y productiva. Con una de las tasas de natalidad más bajas del planeta y una población que envejece a un ritmo acelerado, el país no tiene margen para desperdiciar talento.
Si la medida tiene éxito, no solo significará un avance en términos de igualdad laboral, sino también una respuesta estructural a uno de los mayores desafíos económicos del país: sostener su competitividad global con una base de trabajadores cada vez más reducida.
El reto será cultural tanto como económico. Cambiar décadas de estructuras laborales que privilegiaron al trabajador masculino requiere mucho más que ajustar tabuladores de sueldo. Implica transformar la manera en que las empresas, las familias y la sociedad japonesa entienden el trabajo, la maternidad y la carrera profesional.
Por qué este caso interesa al lector mexicano
Aunque la decisión ocurre del otro lado del mundo, su contenido tiene relevancia directa para México. La brecha salarial entre hombres y mujeres también es un tema vigente en el país, donde organismos como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) han documentado diferencias persistentes en los ingresos por género, especialmente en sectores formales.
Lo que ocurra en Japón puede convertirse en un referente sobre cómo una economía desarrollada decide enfrentar simultáneamente la desigualdad salarial, la baja natalidad y la escasez de mano de obra. Para países que comparten algunos de estos retos, incluido México en ciertos sectores, observar los resultados del modelo japonés puede ofrecer pistas sobre qué políticas funcionan y cuáles requieren ajustes.
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