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Muere Juan Tamariz a los 83 años, maestro de la cartomagia y figura inolvidable de la televisión española

Juan Tamariz convirtió la cartomagia en una de sus principales señas de identidad y alcanzó reconocimiento internacional por su técnica y su forma de relacionarse con el público.

Muere Juan Tamariz a los 83 años, maestro de la cartomagia y figura inolvidable de la televisión española

ESPAÑA.-El ilusionista español falleció en Madrid por causas naturales. Su estilo, marcado por las cartas, el humor y su característico “¡Chantatachán!”, lo convirtió en referente de varias generaciones de magos y espectadores.

Juan Tamariz, una de las figuras más reconocidas del ilusionismo español y referente internacional de la cartomagia, murió a los 83 años en Madrid, según informó su familia.

El fallecimiento ocurrió durante la madrugada del 18 de agosto en el Hospital Clínico San Carlos. Su hija Ana Tamariz comunicó que el mago murió por causas naturales, acompañado por sus hijos y en paz. Medios españoles confirmaron posteriormente la noticia y comenzaron a recoger las reacciones a la pérdida de uno de los grandes nombres de la magia contemporánea.

Nacido en Madrid el 18 de octubre de 1942, Tamariz descubrió la magia cuando era niño. Él mismo contó que recibió de los Reyes Magos una caja con juegos cuando tenía cuatro o cinco años y que, tiempo después, los libros especializados terminaron por convertir aquella curiosidad infantil en una vocación.

Su fecha de nacimiento también aparece recogida en las efemérides de EL IMPARCIAL dedicadas al 18 de octubre. Efemérides del 18 de octubre: ¿Qué pasó un día como hoy?

De las cartas a la televisión: así se convirtió en un icono

La especialidad de Tamariz fue la cartomagia, aunque su influencia fue mucho más allá de la habilidad para manipular una baraja. Su manera de construir un efecto, dirigir la atención del espectador y combinar técnica, psicología y naturalidad convirtió su trabajo en objeto de estudio para otros ilusionistas.

Arturo de Ascanio fue una de las figuras decisivas en su formación. Tamariz entendía que el efecto mágico no dependía únicamente de los movimientos realizados con las manos, sino también de lo que el espectador veía, interpretaba y finalmente recordaba.

Ese enfoque lo situó dentro de una tradición internacional del ilusionismo en la que distintas generaciones desarrollaron nuevas maneras de presentar lo aparentemente imposible. EL IMPARCIAL ha repasado también algunas de las figuras más conocidas en la historia de la magia y el ilusionismo.

En 1973 consiguió uno de los reconocimientos fundamentales de su carrera al obtener el primer premio mundial de cartomagia en París.

Sin embargo, para millones de personas su imagen quedó asociada principalmente a la televisión.

Tamariz apareció en Un, dos, tres, responda otra vez y posteriormente participó o protagonizó espacios como Tiempo de magia, Por arte de magia, Magia Potagia, Chantatachán y Carta blanca.

Su melena, el sombrero, el violín imaginario y el célebre “¡Chantatachán!” se convirtieron en parte de un personaje reconocible, aunque detrás de la apariencia improvisada existía una preparación rigurosa. Tamariz llegó a explicar que algunos juegos de apenas unos minutos requerían años de trabajo.

Maestro de generaciones de ilusionistas

Su legado no quedó limitado a los escenarios.

Tamariz desarrolló una importante labor como profesor, conferencista y autor. En 1970 participó en la creación de la Escuela Mágica de Madrid y años después estuvo vinculado a la Gran Escuela de Magia dirigida por su hija Ana Tamariz.

Esa faceta formativa llegó también a magos de otros países. El ilusionista argentino Alejandro Cuervo, por ejemplo, relató que durante una visita a España pudo realizar una presentación en la escuela de Tamariz, quien les cedió un teatro para sus funciones.

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Entre los artistas que reconocieron su influencia se encuentra también Jorge Blass, quien consideró a Tamariz uno de sus maestros.

Su pensamiento quedó plasmado además en libros dedicados a la teoría y práctica del ilusionismo. Entre las obras mencionadas en las fuentes consultadas se encuentran Los cinco puntos mágicos, La vía mágica y El arco iris mágico.

Tamariz recibió a lo largo de su trayectoria numerosos reconocimientos. Entre ellos figuran la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, concedida en España en 2011; el Masters Fellowship de la Academy of Magical Arts de Hollywood, en 2013; y la Medalla de Oro de Madrid, en 2019.

Su magia también trabajaba con la memoria del espectador

Una de las características que hicieron especialmente influyente a Tamariz fue su interés por lo que ocurría en la mente del público después de terminado un juego.

El artículo publicado por Microsiervos tras su muerte recuerda una actuación en la que varios asistentes terminaron reconstruyendo con el paso del tiempo un mismo efecto de maneras diferentes. Cada nueva versión parecía hacerlo todavía más imposible.

La anécdota refleja una de las ideas asociadas a su concepción de la magia: el efecto no termina necesariamente cuando aparece la carta correcta o se produce la revelación final. También importa la impresión que permanece en la memoria de quien lo ha visto.

Durante décadas combinó ese conocimiento psicológico con una personalidad alegre y deliberadamente cercana al público. Frente a la imagen solemne de otros ilusionistas, Tamariz podía presentarse con ropa cotidiana, bromear con los espectadores y convertir un juego de cartas en una conversación.

Su muerte deja así no solo el recuerdo de uno de los rostros más populares de la televisión española, sino una escuela de pensamiento sobre la magia que continúa siendo estudiada y transmitida por otros artistas.

Las claves del legado de Juan Tamariz

  • Nació el 18 de octubre de 1942 en Madrid y comenzó a interesarse por la magia desde niño.
  • Se especializó en cartomagia y magia de cerca, disciplinas en las que alcanzó reconocimiento internacional.
  • En 1973 ganó el primer premio mundial de cartomagia en París.
  • La televisión convirtió su humor, su sombrero, el violín imaginario y el “¡Chantatachán!” en señas reconocibles para varias generaciones.
  • Además de actuar, fue profesor, escritor y maestro de otros ilusionistas, dejando una importante obra dedicada a la teoría de la magia.

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