Mucho antes de que las apps de tiendas dominaran las ofertas, las familias de BC esperaban cada semana ‘La Bolsa Azul’, un paquete de cupones impresos que se convirtió en la guía para planear las compras en California
Durante años, este paquete de publicidad fue parte de la rutina de las familias fronterizas, que esperaban sus promociones para planear compras en Tijuana y San Diego; con el tiempo, su distribución comenzó a generar quejas vecinales.

Tijuana, B.C.- Antes de que las aplicaciones y las redes sociales permitieran consultar descuentos desde el celular, las familias de Baja California tenían una forma de conocer las promociones de las tiendas de ambos lados de la frontera: La Bolsa Azul.
Cada semana, este paquete de publicidad llegaba a distintas colonias dentro de una bolsa de plástico transparente con letras azules y la leyenda “Ahorros y Especiales de las Tiendas de San Diego y Tijuana”.
En su interior reunía folletos, cupones y ofertas de supermercados y tiendas departamentales como Walmart, Target, Sears, Macy’s y JCPenney, entre otros establecimientos que formaban parte de las opciones de compra de los residentes de la región.
Para muchas familias, revisar sus páginas era parte de la preparación para cruzar a California, comparar precios y aprovechar descuentos. En una ciudad donde la cercanía con Estados Unidos también influye en los hábitos de consumo, La Bolsa Azul se convirtió en un elemento característico de la vida comercial fronteriza.
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¿Qué pasó con La Bolsa Azul?
Su presencia no era nueva: desde principios de los años 2000 ya existían referencias a este medio publicitario, que aprovechaba la distribución a domicilio para acercar las promociones de los comercios a los consumidores.
Con la llegada de internet, las páginas de las tiendas y las aplicaciones de descuentos, la manera de consultar promociones cambió. Los consumidores comenzaron a tener acceso a catálogos digitales y ofertas sin necesidad de esperar a recibir publicidad impresa en sus hogares.
En ese contexto, La Bolsa Azul también comenzó a enfrentar cuestionamientos sobre su utilidad y la forma en que se distribuía.
En enero de 2021, vecinos de la zona de Otay manifestaron su inconformidad con este servicio, al considerar que los paquetes ya no representaban una herramienta funcional y, en cambio, generaban contaminación.
Los residentes señalaron que los repartidores no siempre colocaban la publicidad en los buzones, sino que la arrojaban a los patios de las viviendas o la dejaban sobre las banquetas, donde podía permanecer abandonada y terminar en el sistema pluvial, obstruyendo las alcantarillas.
Por ello, solicitaron la intervención de las autoridades para regular su distribución y evitar que los materiales terminaran acumulados en la vía pública.
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De la publicidad impresa al recuerdo fronterizo
Aunque La Bolsa Azul representó durante años una conexión entre los consumidores y las tiendas de Tijuana y San Diego, su historia también refleja cómo han cambiado las formas de comprar y anunciarse en la frontera.
Lo que alguna vez llegaba cada semana a las puertas de los hogares para anunciar descuentos y promociones terminó convirtiéndose, para algunos residentes, en un problema por los residuos que dejaba su reparto.
Así, La Bolsa Azul permanece como parte de los recuerdos de una época en la que conocer las ofertas de las tiendas estadounidenses implicaba revisar folletos impresos, recortar cupones y planear las compras antes de cruzar la frontera.
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