Corea del Sur vive su último verano con venta legal de carne de perro mientras una tradición que alguna vez tuvo presencia importante en los días más calurosos prácticamente desaparece por el cambio generacional, el aumento de la tenencia de mascotas y una transformación en la percepción del bienestar animal
El país se prepara para aplicar en febrero de 2027 una ley que prohibirá la cría, sacrificio, distribución y venta de perros para consumo humano, mientras los restaurantes que todavía ofrecen el tradicional bosintang reciben cada vez menos clientes

Corea del Sur atraviesa el último verano en el que la venta de carne de perro todavía es legal antes de que entre en vigor una prohibición nacional que cambiará de manera definitiva esta actividad. La medida fue aprobada en 2024 y contempla un periodo de transición de tres años, por lo que la prohibición comenzará a aplicarse plenamente en febrero de 2027.
Según información de Reuters, el cambio puede observarse con claridad en el mercado de Moran, en Seongnam, cerca de Seúl, un lugar que durante décadas fue uno de los principales centros de venta de carne de perro en el país. Hoy, muchos de sus negocios han cambiado de giro y los pocos clientes que todavía buscan bosintang, un estofado elaborado con carne de perro, son principalmente personas mayores.
La prohibición llega después de años de reducción en el consumo, en medio de un cambio generacional, un aumento en la tenencia de mascotas y una transformación en la percepción social sobre el bienestar animal.
Moran pasó de ser un centro de venta a un mercado casi vacío
Durante décadas, el mercado de Moran tuvo una relación estrecha con la comercialización de carne de perro.
Los días más calurosos del verano, conocidos como boknal, solían representar uno de los periodos de mayor actividad para los restaurantes especializados en este alimento. Parte de los consumidores acudía en busca de platillos considerados tradicionalmente como una fuente de energía para enfrentar las altas temperaturas.
Pero esa escena ha cambiado.
Kim Yong-book, presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado de Moran, explicó a Reuters que el lugar se encuentra actualmente mucho más vacío que en el pasado.
El comerciante, que lleva más de 40 años trabajando en la zona, describió el mercado como “un pueblo de ancianos”, en referencia al perfil de los clientes que todavía acuden a los establecimientos que conservan esta oferta.
Muchos restaurantes han comenzado a ofrecer estofado de cabra negra y otros platillos como alternativa.
¿Por qué Corea del Sur prohibirá la carne de perro?
La decisión responde a un proceso que ya llevaba años desarrollándose.
El consumo de carne de perro había disminuido considerablemente antes de que se aprobara la legislación. El aumento de los hogares con perros como animales de compañía también contribuyó a modificar la relación de parte de la población con estos animales.
A esto se sumó un cambio en la percepción del bienestar animal, que fue ganando espacio en el debate público.
Una encuesta realizada en 2024, antes de la aprobación de la ley, mostró hasta qué punto había cambiado la opinión de los consumidores. Más de 90% de los 2,000 participantes dijo que no tenía intención de comer carne de perro en el futuro, mientras que más de 80% respaldó la prohibición. Casi 95% afirmó que no había consumido este alimento durante el año anterior.
Los resultados muestran que la legislación llegó cuando el consumo ya había dejado de tener la presencia que tuvo en generaciones anteriores.
¿Qué establece la ley que entrará en vigor en 2027?
El Parlamento surcoreano aprobó en enero de 2024 una legislación destinada a terminar con la industria de carne de perro.
La norma prohíbe las actividades relacionadas con la cría, sacrificio, distribución y venta de perros para consumo humano.
El gobierno estableció un periodo de transición de tres años para que los productores, distribuidores y restaurantes afectados pudieran cerrar sus negocios o cambiar de actividad.
La aplicación completa comenzará en febrero de 2027. A partir de entonces, quienes incumplan las disposiciones podrán enfrentar penas de prisión y multas.
La medida no apareció de manera repentina. Desde la entrada en vigor de las disposiciones iniciales, las autoridades han impulsado el cierre progresivo de las granjas dedicadas a esta actividad.
La mayoría de las granjas ya comenzó a cerrar
Los datos más recientes del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Asuntos Rurales de Corea del Sur muestran que el proceso de transición ya está avanzado.
Para mayo de 2026, alrededor de 82% de las granjas de perros registradas había dejado de operar: 1,265 de las 1,537 instalaciones identificadas. El gobierno señaló que quedaban 272 granjas en funcionamiento.
Las autoridades también han implementado medidas para acelerar el cierre de las instalaciones restantes y evitar que continúe la cría destinada al consumo antes de que llegue la fecha límite de 2027.
Esto significa que el final de la actividad comercial está ocurriendo antes de que la prohibición entre plenamente en vigor.

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Miles de negocios tendrán que cambiar de actividad
El impacto de la legislación no se limita a las granjas.
Datos gubernamentales citados por Reuters señalan que más de 5,600 negocios se vieron afectados por la nueva legislación. Entre ellos se encuentran productores, distribuidores y establecimientos dedicados a la preparación y venta de estos alimentos.
El gobierno ha prometido apoyos para facilitar la transición.
Sin embargo, para algunos comerciantes el cambio representa un problema económico y también el final de una actividad a la que dedicaron buena parte de su vida.
En el mercado de Moran, varios restaurantes ya optaron por otros productos. Pero el cambio no siempre compensa los ingresos que anteriormente obtenían con la carne de perro.
Algunos clientes todavía buscan el bosintang
Aunque el consumo ha caído, todavía existen personas que mantienen la tradición.
Reuters encontró en Moran a consumidores de edad avanzada que acudieron durante el último día de los boknal de 2026 para comer bosintang.
Uno de ellos, Yoo Jin-sam, de 69 años, explicó que había consumido este platillo desde que tenía poco más de 20 años. Aunque dijo aceptar la decisión del gobierno, señaló que lamentaría que desapareciera.
Otros consumidores, en cambio, muestran una postura distinta.
Kim Jin-suk, de 71 años, dijo que tenía pocos motivos para lamentar su desaparición porque podía comer otro alimento en su lugar.
Estas opiniones reflejan una de las características principales del cambio: la tradición todavía tiene consumidores, pero cada vez representa menos para una parte importante de la población.
Una tradición que cambia con las nuevas generaciones
La transformación no puede explicarse únicamente por la nueva legislación.
La prohibición está llegando después de un largo proceso de cambio social. El crecimiento de la tenencia de mascotas, las nuevas generaciones y la mayor preocupación por el bienestar animal han modificado la relación de muchos surcoreanos con los perros.
Por eso, el mercado de Moran funciona como una muestra de un cambio más amplio.
Los restaurantes que alguna vez dependieron de los días más calurosos del verano ahora buscan alternativas, mientras los clientes que todavía mantienen la costumbre pertenecen principalmente a generaciones mayores.
El gobierno, por su parte, está acelerando el cierre de las granjas restantes antes de que la prohibición llegue a su aplicación completa.
Febrero de 2027 marcará el final de la actividad comercial
Corea del Sur todavía atraviesa el periodo de transición, pero la dirección ya está definida.
En febrero de 2027 entrará en vigor la prohibición completa de criar, sacrificar, distribuir y vender perros para consumo humano. Para entonces, la industria tendrá que haber completado su transformación.
El último verano de 2026 deja así una imagen distinta de la que durante décadas acompañó a los días más calurosos del calendario surcoreano: los restaurantes especializados son cada vez menos, los clientes son principalmente mayores y buena parte de los negocios ya busca otros productos.
Más que el final repentino de una costumbre, el proceso muestra cómo una práctica alimentaria puede desaparecer gradualmente cuando cambian las preferencias sociales, las relaciones con los animales y las generaciones que la mantienen.
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