Mientras Claudia Sheinbaum celebra una “primavera laboral” durante su rendición de cuentas con salarios históricos, el INEGI revela que el 54.8% de los mexicanos trabaja en la informalidad y millones necesitan laborar más horas para completar sus gastos de vida
¿Coincide la “primavera laboral” con la realidad en México? Contrastamos el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum con los datos duros de la ENOE del INEGI sobre salarios, informalidad y desempleo.

MÉXICO.- El mercado de trabajo en México atraviesa por una etapa de transformaciones legales y narrativas que genera opiniones encontradas entre las declaraciones del Poder Ejecutivo y los registros estadísticos oficiales. Por un lado, la presidenta Claudia Sheinbaum define el panorama actual como una “primavera laboral”, una etapa de recuperación sostenida en los derechos de los trabajadores y el poder adquisitivo que comenzó a gestarse en 2019.
Por el otro, la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), correspondiente a marzo de 2026, muestra que si bien existe una estabilidad general en la ocupación, persisten retos estructurales profundos. Los datos duros del organismo autónomo revelan que los incrementos al salario mínimo conviven con una alta tasa de informalidad y una concentración de ingresos en los niveles más bajos de la pirámide laboral.
Para ofrecerle un panorama claro, transparente y útil sobre su situación como trabajador o ciudadano, contrastamos los puntos clave del discurso presidencial con los indicadores oficiales del INEGI en materia de salarios, formalidad y el balance de la vida personal.

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El desempleo en su nivel más bajo frente a los datos de desocupación
En su reciente rendición de cuentas, la mandataria federal aseguró que México se ubica entre los tres países con menor desempleo a nivel global, destacando la creación de 669 mil empleos y afirmando que el país alcanzó el nivel de empleo formal más alto de su historia. En su mensaje, Sheinbaum citó una tasa de desocupación del 2.5%.
Al revisar el boletín oficial de la ENOE del INEGI, la cifra de desempleo se ubicó exactamente en el 2.4% de la Población Económicamente Activa (PEA) para marzo de 2026, lo que equivale a 1.5 millones de personas sin trabajo. Aunque el porcentaje es muy cercano al mencionado por el gobierno, el reporte histórico del INEGI muestra un ligero incremento anual, ya que en marzo de 2025 la desocupación se situaba en 2.2%. Asimismo, el instituto detalla que la PEA creció a 61.6 millones de personas, de las cuales 60.2 millones se encuentran ocupadas, aunque 4 millones de ellas declararon tener la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas al día (subocupación).
El contraste de los salarios: Récords históricos vs. distribución real
El pilar principal de la narrativa gubernamental es el fortalecimiento del ingreso familiar. La presidencia destaca que el salario mínimo general experimentó un alza del 154% en términos reales desde 2018, pasando de 2,650 pesos mensuales a más de 9,500 pesos en 2026 (alcanzando los 13,226 pesos en la frontera norte). De igual forma, el salario medio general reportó un tope de 20,212 pesos mensuales.
No obstante, los datos de distribución del INEGI muestran que el impacto de estos aumentos aún no se refleja de forma equitativa en la totalidad de la población trabajadora:
- Hasta un salario mínimo: El 46.6% de los mexicanos ocupados percibe un ingreso máximo equivalente a un salario mínimo.
- Entre uno y dos salarios mínimos: El 30.7% de la fuerza laboral se encuentra en este rango.
- Altos ingresos: Únicamente el 0.8% de los trabajadores en México gana más de cinco salarios mínimos mensuales.
Esto significa que, a pesar de los montos récord, más de las tres cuartas partes de los trabajadores del país ganan menos de dos salarios mínimos al mes.

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Formalidad frente a la persistencia del empleo informal
La estrategia de la “primavera laboral” contempla la extensión de derechos a sectores históricamente desprotegidos. Entre los avances señalados por la presidenta se encuentra la incorporación obligatoria de los repartidores y choferes de aplicaciones digitales al seguro social, el pago de reparto de utilidades (PTU) para dicho sector, la creación del Fondo de Pensiones para el Bienestar y la reducción de las comisiones de las Afores para asegurar un retiro digno.
Sin embargo, la vulnerabilidad laboral sigue siendo el estado mayoritario para los trabajadores del país. El INEGI reportó que la tasa de informalidad laboral no disminuyó, sino que subió del 54.3% al 54.8% en el último año. Actualmente, 33 millones de personas trabajan en la informalidad, lo que implica que más de la mitad de la población ocupada carece de acceso a la seguridad social, contratos estables y las prestaciones defendidas por el discurso oficial.
El equilibrio de la vida personal y la jornada de 40 horas
Otro punto relevante dentro de la agenda laboral es la aprobación de la reforma para reducir la jornada de trabajo de 48 a 40 horas semanales. El gobierno presenta esta medida como un derecho consolidado que reestructurará el esquema de vida de las familias mexicanas, otorgando más tiempo de descanso y convivencia.
El debate sobre la reducción de la jornada laboral en México se ha consolidado como uno de los ejes centrales de la agenda social y legislativa. En el marco de lo que el Gobierno Federal denomina la “primavera laboral”, la propuesta para modificar la jornada de 48 a 40 horas semanales busca reestructurar el balance entre el tiempo de trabajo y la vida familiar de millones de ciudadanos.
Frente a las dudas y versiones que sugerían una posible exclusión de los dos días de descanso obligatorios, la presidenta Claudia Sheinbaum aclaró de manera tajante que la reforma contempla explícitamente este beneficio, rechazando cualquier intención de eliminar el derecho al descanso consecutivo.
Sin embargo, el núcleo de la discusión técnica y de las inquietudes entre los trabajadores radica en cómo se aplicará esta medida y bajo qué esquemas de tiempo:
- Esquema de distribución flexible: La propuesta oficial establece que la semana de 40 horas no operará bajo un molde rígido. El proyecto permite que las empresas y los empleados organicen las horas laboradas y los turnos según las necesidades de cada sector productivo —contemplando incluso jornadas concentradas en menos días—, mientras que el pago de las horas extras continuará estrictamente regulado por la Ley Federal del Trabajo.
- Transición gradual hacia 2027: El marco legal vigente mantiene el esquema tradicional de un día de descanso por cada seis de trabajo. Para evitar impactos negativos en la productividad nacional y permitir que las unidades económicas reorganicen sus cargas laborales, el gobierno sostiene que la implementación de la nueva jornada será paulatina, estimando que su aplicación definitiva se concretará hacia el año 2027.
- Beneficios económicos proyectados: De acuerdo con los análisis técnicos que acompañan la reforma, se estima que si las empresas logran incrementar su productividad durante el proceso de transición, la reducción de la jornada laboral podría impulsar un incremento del 9.2% en los salarios reales y contribuiría a mantener la tasa de desempleo en los mínimos históricos registrados por el INEGI.
Para los representantes de la “primavera laboral”, esta medida se suma a conquistas previas como la integración de repartidores digitales al seguro social y el aumento histórico al salario mínimo. No obstante, para el trabajador promedio que enfrenta largas jornadas y traslados cotidianos, el verdadero reto radica en que la flexibilidad permitida en los turnos no termine diluyendo el beneficio inmediato de los dos días de descanso semanales durante los años que dure la transición.
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