La jornada laboral de 40 horas elevaría los salarios un 9.2% y bajaría el desempleo a mínimos históricos en México según Deloitte siempre que las empresas aumenten su productividad durante la transición que arranca formalmente este año para aplicarse de forma definitiva en 2027
El escenario más favorable del estudio prevé mejores ingresos y menos desocupación entre 2027 y 2030, pero la firma advierte que ese resultado depende de reorganizar procesos y no sólo de pagar horas extra

La transición a la jornada laboral de 40 horas en México podría traducirse en mejores ingresos para los trabajadores y una baja en el desempleo, pero sólo si las empresas logran elevar su productividad y no resuelven el cambio únicamente con pago de horas extra. Ese es el principal hallazgo de un análisis que proyecta los posibles efectos económicos de la reducción de horas laborales entre 2027 y 2030.
De acuerdo con el informe Impacto económico de la reducción de la jornada laboral en México, elaborado por Deloitte y reportado por El Economista, el escenario más optimista contempla un aumento de 9.2% en los salarios reales y una caída del desempleo a 2.9%. Sin embargo, la propia firma aclara que este panorama es también el “menos probable”, porque depende de un cambio profundo en la forma de trabajar y producir.
¿Qué dice el escenario más optimista sobre la jornada laboral de 40 horas?
El mejor escenario del estudio parte de una condición central: que trabajadores y empresas aumenten su productividad durante la transición a la nueva reforma laboral. Si eso ocurre, el mayor desempeño ayudaría a compensar el alza en los costos laborales y permitiría que el mercado laboral se mantenga estable.
Bajo ese supuesto, Deloitte calcula que entre 2027 y 2030 podrían ocurrir dos efectos principales:
- los salarios reales crecerían 9.2%;
- el desempleo bajaría a 2.9%.
La consultora sostiene que, en ese entorno, las empresas operarían con mayor eficiencia y tendrían mejores condiciones para retener talento. El mensaje de fondo es claro: la reducción de horas no generaría beneficios por sí sola, sino por la forma en que cada centro de trabajo ajuste sus procesos.
¿Por qué ese escenario es el menos probable?
La propia firma advierte que ese resultado es el más favorable, pero también el más difícil de alcanzar. La razón es que exige algo más que cumplir con una nueva regla legal. Requiere inversión en organización, tecnología, eliminación de tiempos muertos y rediseño de tareas.
Si las empresas no hacen esos cambios y enfrentan la reducción de horas sólo con más pago de tiempo extraordinario, el impacto puede ser mucho más limitado. Por eso, el estudio no presenta una sola proyección, sino tres rutas distintas: una optimista, una realista y una pesimista.
¿Qué pasa en el escenario realista?
En el escenario que Deloitte considera más cercano a una transición promedio, el costo laboral subiría 0.5% en 2027. En este caso, el impacto se repartiría entre empresas y trabajadores.
La mitad del ajuste sería absorbida mediante pago de horas extra y la otra mitad por mejoras de desempeño. En ese contexto, el efecto positivo sobre el ingreso seguiría existiendo, pero sería menor al del mejor escenario.
La proyección de la firma es la siguiente:
- los salarios reales crecerían en promedio 3.7%;
- el desempleo subiría a 3.4% durante la transición.
Esto significa que sí habría una mejora salarial, pero con una presión laboral más alta y con un mercado menos dinámico que en el escenario de productividad plena.
¿Qué riesgo ve Deloitte en el escenario pesimista?
El escenario más delicado aparece si la reducción de la jornada laboral se resuelve casi exclusivamente con horas extra y sin cambios en la productividad. Ahí, el aumento del costo también sería de 0.5%, pero el ajuste recaería por completo en las empresas.
En ese panorama, el informe proyecta:
- un aumento del desempleo a 3.7%;
- y una caída de 0.8% en los salarios reales.
La conclusión es directa: si las empresas sólo compensan las horas recortadas con más tiempo extraordinario y no mejoran su eficiencia, la transición podría deteriorar el poder adquisitivo de los trabajadores y complicar la contratación.
¿Cuándo empieza la transición a la semana de 40 horas?
Según el análisis citado por El Economista, la reforma secundaria de la jornada laboral entró en vigor el 1 de mayo. Con ello comenzó a correr formalmente un plazo de siete meses para que las empresas ajusten operaciones, turnos y esquemas de trabajo.
La primera reducción de dos horas está prevista para entrar en vigor el 1 de enero de 2027, por lo que los próximos meses serán decisivos para medir qué tan preparadas están las empresas para reorganizarse sin trasladar todo el costo a nóminas o contrataciones.
Ese punto es clave para millones de trabajadores: el éxito de la reforma no dependerá sólo del cambio legal, sino de cómo cada empresa rediseñe su jornada, sus metas y su distribución de tareas.
¿Qué enseñan los casos de Chile e Islandia?
El informe de Deloitte cita dos experiencias internacionales para sostener que una reducción de horas sí puede funcionar si se acompaña de ajustes estructurales.
En Chile, la consultora señala que la reforma obligó a muchas empresas a incorporar mejores prácticas y tecnología. Aunque hubo impactos iniciales en la productividad, esa presión empujó cambios que después mejoraron el desempeño.
En Islandia, entre 2015 y 2019, se probó una jornada menor a 40 horas y, tras la pandemia, el modelo se amplió a distintos sectores mediante negociación colectiva. El gobierno destinó 0.1% del presupuesto para apoyar a empresarios y la productividad subió 1.5% en cuatro años, de acuerdo con el estudio.
La lección que destaca la firma es que trabajar menos horas no necesariamente reduce resultados si se ajustan procesos, se acortan reuniones y se concentra el tiempo en tareas críticas.
¿Por qué México llega a esta discusión con presión adicional?
México parte de un problema estructural. El informe subraya que el país ocupa el primer lugar entre los miembros de la OCDE en sobrecarga laboral, con 4.7 millones de personas que trabajan más de 60 horas a la semana.
Esa cifra equivale al 21% del empleo formal. Para la consultora, este contexto ayuda a explicar por qué el debate sobre la jornada laboral de 40 horas no es sólo económico, sino también de salud pública.
El estudio reconoce además que México se ubica entre los países con mayor prevalencia de burnout. Retoma también el criterio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que identifica el estrés laboral como uno de los factores asociados a enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en el país.
La paradoja es que esas jornadas extensas no se traducen en una mejor productividad. En términos de eficiencia, México sigue por debajo de economías desarrolladas, lo que debilita la idea de que trabajar más horas produce automáticamente mejores resultados.
¿Cómo puede afectar esto al trabajador mexicano?
Para el lector, el impacto de la reforma puede resumirse en tres rutas posibles:
- si aumenta la productividad, podrían subir los salarios y bajar el desempleo;
- si el ajuste es intermedio, habría alzas salariales menores y un ligero repunte en la desocupación;
- si todo se cubre con horas extra, el ingreso real podría caer.
Eso convierte a la transición en algo más que una discusión legislativa. Para millones de personas, la semana de 40 horas puede significar más descanso, menos sobrecarga laboral y mejores ingresos, pero sólo si el cambio se administra con eficiencia real dentro de las empresas.
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