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En 1958 un bombardero estadounidense perdió una bomba de hidrógeno en el mar tras una colisión aérea cerca de Georgia, el ejército la buscó durante más de nueve semanas y nunca logró encontrarla en las aguas de Tybee Island

La tripulación la arrojó durante una emergencia para evitar que los explosivos convencionales detonaran si el avión se estrellaba al intentar aterrizar; décadas después, la Fuerza Aérea concluyó que no podía producir una explosión nuclear

En 1958 un bombardero estadounidense perdió una bomba de hidrógeno en el mar tras una colisión aérea cerca de Georgia, el ejército la buscó durante más de nueve semanas y nunca logró encontrarla en las aguas de Tybee Island

El 5 de febrero de 1958, un bombardero B-47 Stratojet de la Fuerza Aérea de Estados Unidos sufrió una colisión en pleno vuelo cerca de Savannah, Georgia, mientras participaba en una misión de entrenamiento. El avión quedó dañado y llevaba a bordo una bomba Mark 15, un arma termonuclear que terminaría perdida en las aguas cercanas a Tybee Island.

Según información de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, la tripulación intentó aterrizar el bombardero en Hunter Air Force Base, pero después de varios intentos consideró que llevar el arma a bordo representaba un riesgo. El piloto pidió autorización para deshacerse de la bomba en el mar y recibió permiso para hacerlo.

La decisión evitó que el arma permaneciera dentro de un avión que podía sufrir un accidente durante el aterrizaje. Lo que nadie consiguió resolver después fue dónde había quedado la bomba.

La colisión ocurrió a 36 mil pies de altura

El B-47 realizaba una misión de combate simulada cuando un caza F-86 Sabre se aproximó a su trayectoria. Los dos aviones chocaron aproximadamente a 36 mil pies de altura, de acuerdo con el relato publicado por el Marine Corps Training and Education Command.

El piloto del F-86 logró eyectarse y sobrevivió. El bombardero, en cambio, sufrió daños considerables, aunque todavía podía volar.

El problema estaba dentro de la aeronave: una bomba de hidrógeno de aproximadamente 7 mil 500 libras que el bombardero transportaba como parte de su misión.

La tripulación debía decidir si intentaba aterrizar con ella o si la arrojaba antes de llegar a la base.

Militares estadounidenses buscaron el arma durante más de nueve semanas con buzos, sonar y otros equipos, pero nunca lograron localizarla. (Gemini)

¿Por qué arrojaron la bomba?

El riesgo no era una detonación nuclear.

La bomba llevaba explosivos convencionales que podían representar un peligro si el avión sufría un accidente durante el aterrizaje. El piloto temía que esos explosivos detonaran en caso de que el B-47 se estrellara en la base.

Según el registro de la Fuerza Aérea, después de tres intentos fallidos de aterrizaje se autorizó que la tripulación arrojara el arma al agua. El bombardero la soltó a varios kilómetros de Savannah, en la zona de Wassaw Sound, frente a Tybee Island.

Los tripulantes no observaron una explosión cuando la bomba cayó al agua.

Después, el B-47 consiguió realizar un aterrizaje de emergencia.

La búsqueda comenzó al día siguiente

La Fuerza Aérea inició la búsqueda prácticamente de inmediato.

Según información del Marine Corps Training and Education Command, participaron integrantes del 270th Explosive Ordnance Disposal Squadron y alrededor de 100 elementos de la Marina estadounidense.

Los equipos utilizaron sonar manual, detectores y sistemas de rastreo para revisar la zona donde se estimaba que había caído el arma. La búsqueda cubrió aproximadamente tres millas cuadradas.

La dificultad estaba en que nadie había visto exactamente dónde había impactado la bomba.

Los investigadores calcularon que, si el arma no había explotado al tocar el agua, podía haber quedado enterrada entre 5 y 15 pies bajo el fondo marino, dependiendo de la posición en la que hubiera caído.

La Fuerza Aérea declaró la bomba “irrecuperablemente perdida” el 16 de abril de 1958 y décadas después determinó que no podía provocar una explosión nuclear. (Gemini)

Más de nueve semanas de búsqueda no dieron resultado

Durante semanas, los equipos militares revisaron las aguas de Wassaw Sound sin encontrar la bomba.

Finalmente, el 16 de abril de 1958, después de más de nueve semanas de operaciones, la Fuerza Aérea declaró el arma “irretrievably lost”, es decir, irrecuperablemente perdida.

Desde entonces, el paradero exacto de la bomba permanece desconocido.

El caso pasó a formar parte de los llamados “Broken Arrow”, término utilizado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para referirse a accidentes relacionados con armas nucleares que no implican una guerra nuclear.

La bomba no podía provocar una explosión nuclear

El término “bomba de hidrógeno” puede llevar a pensar que el arma representaba el riesgo de una explosión nuclear en caso de ser encontrada o manipulada.

Los documentos oficiales muestran que no era así.

Según la Fuerza Aérea de Estados Unidos, la bomba no llevaba instalada la cápsula nuclear necesaria para producir una detonación nuclear. Por esa razón, el arma no podía generar una explosión nuclear en las condiciones en las que fue arrojada al mar.

Eso no significaba que fuera completamente inofensiva. La bomba contenía explosivos convencionales, por lo que una eventual recuperación debía realizarse con precauciones.

Esta diferencia es importante para entender lo ocurrido: Estados Unidos perdió un arma termonuclear en el mar, pero no dejó en el fondo una bomba capaz de producir por sí sola una explosión nuclear.

El bombardero B-47 llevaba una bomba Mark 15 cuando sufrió la colisión aérea cerca de Savannah, Georgia, el 5 de febrero de 1958. (Gemini)

Décadas después volvieron a buscarla

El caso no quedó olvidado.

En 2000, el entonces congresista Jack Kingston pidió a la Fuerza Aérea que revisara nuevamente el incidente después de que surgieran nuevas preguntas sobre el posible paradero del arma.

La investigación involucró a distintas instituciones, entre ellas la Fuerza Aérea, la Marina, el Departamento de Energía, la Defense Threat Reduction Agency, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y el Skidaway Oceanographic Institute.

La revisión analizó la información disponible sobre el accidente, las características de la bomba, las condiciones del fondo marino y las posibilidades reales de localizarla.

La conclusión fue poco alentadora: las probabilidades de encontrarla eran muy bajas.

Una nueva revisión tampoco encontró la bomba

En 2004, una nueva investigación volvió a poner el área bajo revisión después de que un exmilitar asegurara haber detectado niveles inusuales de radiación.

La Fuerza Aérea organizó entonces un equipo interinstitucional para analizar el lugar y tomó muestras de agua y suelo.

Según informó la propia Fuerza Aérea en 2005, los análisis encontraron variaciones de radiación, pero estas correspondían a fuentes naturales presentes en los minerales de la zona. No apareció evidencia que demostrara que la bomba estuviera en ese punto.

La investigación tampoco produjo información suficiente para cambiar las conclusiones alcanzadas años antes.

La bomba Mark 15 que llevaba el B-47 pesaba aproximadamente 7,600 libras (3.4 toneladas) y fue arrojada sobre Wassaw Sound durante la emergencia aérea de 1958. (Gemini)

¿Por qué nunca intentaron recuperarla otra vez?

La respuesta está en el riesgo y en las posibilidades reales de éxito.

La evaluación posterior concluyó que la probabilidad de localizar la bomba era muy baja. Además, una operación de búsqueda y recuperación podía generar riesgos ambientales y de seguridad si el arma era localizada y manipulada.

Según el Marine Corps Training and Education Command, la Fuerza Aérea determinó que, mientras la bomba permaneciera en su posible lugar de reposo, no existía posibilidad de una explosión nuclear ni un riesgo para la población. Por ello decidió mantener oficialmente su condición de arma “irretrievably lost”.

La investigación de 2004 y 2005 no modificó esa decisión.

Una bomba perdida que nunca fue encontrada

Más de seis décadas después del accidente, el caso continúa teniendo una característica difícil de imaginar: una bomba de hidrógeno estadounidense permanece perdida en algún punto de las aguas de Wassaw Sound.

La secuencia está documentada: un B-47 chocó con un F-86, el bombardero quedó dañado, la tripulación decidió arrojar el arma para reducir el riesgo durante el aterrizaje, los militares buscaron la bomba durante semanas y finalmente la declararon irrecuperable.

Las investigaciones posteriores tampoco consiguieron localizarla.

La diferencia entre la historia popular y los registros oficiales también resulta importante. No se trató de una bomba capaz de producir una detonación nuclear en el lugar donde fue perdida, porque no llevaba instalada la cápsula necesaria para ello.

Lo que sí ocurrió fue algo mucho más concreto: Estados Unidos perdió un arma termonuclear en el mar en 1958 y, pese a una operación militar prolongada y posteriores investigaciones, nunca logró recuperarla.

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