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En 1920 encontraron en África una masa de hierro de 60 toneladas que había caído del espacio miles de años antes y cuya llegada a la Tierra sigue siendo un misterio porque no dejó el enorme cráter que se esperaría tras un impacto así

El meteorito Hoba permanece en Namibia desde que fue descubierto y su peculiar forma podría explicar cómo una masa tan pesada perdió velocidad antes de tocar el suelo

En 1920 encontraron en África una masa de hierro de 60 toneladas que había caído del espacio miles de años antes y cuya llegada a la Tierra sigue siendo un misterio porque no dejó el enorme cráter que se esperaría tras un impacto así

Una masa de hierro de unas 60 toneladas permaneció durante miles de años sobre la superficie de la Tierra sin que nadie supiera que estaba allí. Cuando finalmente fue descubierta en 1920, en una granja del actual Namibia, apareció una pregunta difícil de responder: ¿cómo pudo un objeto de semejante tamaño llegar desde el espacio y no conservar a su alrededor un gran cráter?

Según la base de datos del Meteoritical Bulletin, Hoba es un meteorito de hierro oficialmente reconocido, fue encontrado en 1920 y tiene una masa estimada de 60 toneladas. Su hallazgo convirtió a aquella enorme pieza metálica en uno de los objetos extraterrestres más extraordinarios que pueden estudiarse directamente sobre la Tierra.

Una enorme pieza de hierro apareció en una granja

El meteorito se encuentra cerca de Grootfontein, Namibia, en una zona que entonces formaba parte de África del Sudoeste. Su nombre proviene de la granja Hoba West, donde fue localizado.

La versión histórica más conocida cuenta que el propietario de la granja, Jacobus Hermanus Brits, se encontró con el objeto mientras trabajaba el terreno con un buey. El arado chocó contra una masa metálica que estaba parcialmente enterrada. El meteorito fue identificado y descrito ese mismo año.

Las dimensiones ayudan a entender por qué su descubrimiento fue tan llamativo. Hoba tiene una forma prácticamente rectangular y mide alrededor de 2.7 metros de largo por 2.7 metros de ancho, con un grosor cercano a un metro.

Y hay otro detalle que lo hace excepcional: sigue en el lugar donde cayó.

Su enorme peso hizo inviable trasladarlo. Con el paso de los años se retiraron pequeñas cantidades de material mediante muestreos científicos y también perdió fragmentos por actos de vandalismo, pero la masa principal continúa allí.

El meteorito llegó del espacio mucho antes de ser descubierto

Hoba no es una roca terrestre con una composición extraña. Es un meteorito de hierro y níquel, clasificado dentro del grupo IVB. La base de datos del Meteoritical Bulletin registra oficialmente una masa de 60 toneladas y su clasificación como meteorito de hierro.

Los estudios sobre su historia indican que su caída ocurrió hace menos de 80 mil años, aunque no existe una fecha exacta del acontecimiento. Una investigación presentada por científicos de NASA señala que Hoba es un meteorito rico en níquel que probablemente cayó en el actual territorio de Namibia durante ese intervalo.

Eso significa que cuando el meteorito llegó a la Tierra no había seres humanos registrando el acontecimiento por escrito. La fecha de 1920 corresponde a su descubrimiento, no a su caída.

Esa diferencia es fundamental para entender por qué existen tantas incógnitas sobre el episodio.

¿Dónde está el cráter?

La gran pregunta aparece al observar el lugar donde se encuentra Hoba.

Una masa de hierro de decenas de toneladas que llegara al suelo conservando una velocidad extremadamente elevada debería liberar una enorme cantidad de energía. Sin embargo, no existe actualmente un gran cráter visible alrededor del meteorito.

El propio Ministerio de Minas y Energía de Namibia señala que tampoco se han encontrado rocas alteradas por impacto en el sitio. La explicación que recoge la institución apunta hacia una entrada atmosférica con un ángulo bajo y una velocidad terminal relativamente reducida.

Pero decir simplemente que Hoba “no hizo cráter” sería demasiado categórico.

Un estudio publicado en 2013 en Earth, Moon and Planets planteó que el meteorito pudo haber llegado a la superficie después de perder gran parte de su velocidad durante el recorrido por la atmósfera. El modelo contempla una entrada muy poco pronunciada, con una gran superficie del objeto enfrentada al flujo de aire.

Su forma pudo funcionar como un freno gigante

Aquí entra una de las características más llamativas de Hoba: no parece una roca redonda.

Es una enorme losa metálica, casi plana. Esa geometría pudo ser determinante durante su descenso.

El modelo estudiado por Martin Beech plantea que, bajo determinadas condiciones, la combinación de una trayectoria casi horizontal, una velocidad inicial relativamente baja y la gran superficie expuesta al aire habría permitido que la atmósfera redujera considerablemente la velocidad del objeto.

En otras palabras, Hoba pudo haber llegado a la parte final de su recorrido con una velocidad muy inferior a la que normalmente asociamos con un objeto procedente del espacio.

El estudio concluye que, para que una masa como esta pudiera sobrevivir prácticamente completa hasta tocar tierra, la velocidad de llegada tendría que haber sido inferior a unos pocos cientos de metros por segundo.

Eso cambia por completo la naturaleza del impacto.

No sería necesario imaginar una enorme roca atravesando la superficie a velocidad cósmica. El escenario propuesto se parece más al de una masa gigantesca que perdió gran parte de su energía durante el descenso y terminó golpeando el terreno a una velocidad mucho menor.

Pudo existir un cráter que desapareció con el tiempo

La investigación de 2013 introduce otro elemento importante.

El modelo no concluye necesariamente que Hoba haya llegado al suelo sin producir ninguna depresión. Al contrario, calcula que pudo formarse un cráter de unos 20 metros de diámetro y aproximadamente 5 metros de profundidad. La propuesta es que esa estructura habría desaparecido posteriormente por la erosión.

Esto explica por qué la ausencia de un cráter visible no significa que el meteorito no haya alterado el terreno.

Hoba pudo producir una depresión relativamente pequeña para su tamaño y, durante decenas de miles de años, el paisaje pudo modificarla hasta hacerla irreconocible.

Por eso la pregunta científica no es simplemente cómo 60 toneladas cayeron sin dejar ninguna huella, sino cómo una masa tan grande pudo perder suficiente velocidad para generar una huella mucho menor de la que normalmente esperaríamos.

La Tierra todavía conserva al protagonista

Hoba fue declarado Monumento Nacional en 1955, y el sitio está protegido. El Consejo Nacional de Patrimonio de Namibia registra esa declaración y señala que posteriormente se estableció un área alrededor del meteorito para su conservación.

La masa metálica que sobrevivió al descenso también ha sobrevivido a miles de años de exposición en la superficie. Su composición contiene principalmente hierro y níquel, además de pequeñas cantidades de otros elementos. El Ministerio de Minas y Energía de Namibia reporta aproximadamente 82.4% de hierro, 16.4% de níquel y 0.76% de cobalto.

Así, el meteorito continúa en el mismo lugar donde terminó su viaje.

Lo paradójico es que tenemos frente a nosotros la evidencia física de aquella caída, pero no tenemos el registro del momento en que ocurrió ni conservamos de manera evidente la cicatriz que dejó sobre el terreno.

Un misterio reconstruido a partir de las pistas

El descubrimiento de 1920 permitió identificar una masa extraterrestre extraordinaria, pero no resolvió cómo llegó hasta allí.

La forma de Hoba, su resistencia, su composición y su permanencia prácticamente intacta han permitido construir modelos sobre aquel descenso. El escenario de una entrada atmosférica poco pronunciada y una fuerte pérdida de velocidad ofrece una explicación físicamente plausible para su supervivencia.

Pero sigue siendo una reconstrucción.

Nadie observó la caída. No existe una fotografía del impacto ni un registro histórico del momento. Y el terreno ha tenido miles de años para cambiar.

Lo único que permanece de aquel acontecimiento es una gigantesca masa de hierro de unas 60 toneladas, descubierta por casualidad en 1920 y todavía asentada en África.

El meteorito Hoba permite estudiar directamente un objeto que llegó desde el espacio, pero también muestra hasta qué punto el paso del tiempo puede borrar las huellas de un acontecimiento que alguna vez debió transformar el paisaje.

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