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Vieron miles de botellas de vidrio acumuladas como basura en una isla de Brasil y decidieron convertir 8 mil de ellas en un hogar de 70 metros cuadrados que ahora recibe visitantes

La vivienda fue levantada durante un año y medio con apoyo de vecinos, materiales reutilizados y sistemas ecológicos; hoy también funciona como espacio de ecoturismo en la isla de Itamaracá.

Vieron miles de botellas de vidrio acumuladas como basura en una isla de Brasil y decidieron convertir 8 mil de ellas en un hogar de 70 metros cuadrados que ahora recibe visitantes

En la Isla de Itamaracá, en el litoral de Pernambuco, Brasil, 8 mil botellas de vidrio que habían terminado en la basura hoy forman las paredes de una casa. Detrás de esa transformación están Edna Dantas y su hija, Maria Gabrielly, dos mujeres que decidieron construir con sus propias manos el hogar que necesitaban.

La vivienda, conocida como Casa de Sal, tiene alrededor de 70 metros cuadrados y siete espacios. Las botellas sustituyen buena parte de los ladrillos convencionales y están colocadas verticalmente entre la estructura de madera y cemento. Actualmente, el proyecto sigue funcionando como vivienda y espacio de ecoturismo comunitario en la Isla de Itamaracá.

Pero la historia no comenzó con un plano arquitectónico. Surgió de algo mucho más cotidiano: madre e hija comenzaron a mirar con atención la cantidad de residuos que aparecían alrededor de las playas y manglares donde vivían.

¿Cómo surgió la idea de construir una casa con botellas de vidrio?

Edna llegó a Itamaracá en 2019 después de haber vivido gran parte de su vida en Curitiba, en el sur de Brasil. Sus padres eran originarios de Pernambuco y habían migrado décadas antes en busca de trabajo.

Al instalarse en la isla, ella y Gabrielly comenzaron a encontrarse con basura acumulada en zonas cercanas al mar, particularmente una gran cantidad de botellas de vidrio.

En lugar de limitarse a recogerlas, decidieron buscarles otro destino.

Primero movilizaron junto con vecinos una acción comunitaria para retirar residuos y crear un jardín con materiales reutilizados. De esa experiencia surgió una pregunta mucho más ambiciosa: ¿y si aquellas botellas servían para construir su propia casa? El proyecto empezó el 1 de mayo de 2020 y recibió ayuda de integrantes de la comunidad.

Para Edna, reutilizar materiales tampoco era algo completamente nuevo. Según relató en la historia original publicada por g1 y retomada posteriormente por distintas fuentes, durante su infancia vio a su padre recuperar madera e incluso enderezar clavos usados para volver a utilizarlos.

Esa práctica doméstica, nacida más de la necesidad que de cualquier etiqueta ambiental, terminaría décadas después formando parte de la lógica de Casa de Sal.

Casa de Sal en Aribnb.

¿Cómo construyeron Edna y Gabrielly la Casa de Sal?

Las dos participaron directamente en gran parte de la obra.

Antes de levantar paredes tuvieron que limpiar el terreno, preparar los apoyos estructurales y colocar la madera que daría forma a la vivienda. En las primeras etapas, madre e hija realizaron por sí mismas buena parte del trabajo y posteriormente recibieron apoyo de familias de la comunidad para tareas como el piso y el techo.

El elemento que terminó definiendo la casa fueron las 8 mil botellas de vidrio recuperadas.

A diferencia de otras construcciones que utilizan botellas acostadas, en Casa de Sal fueron colocadas verticalmente. De acuerdo con sus creadoras, la disposición permite aprovechar la entrada de luz y utilizar menos material en los muros.

Vista desde el interior, la luz atraviesa los diferentes colores del vidrio y convierte las paredes en una especie de mosaico.

Para Edna, la vivienda no es únicamente una solución constructiva. Ella la ha descrito como una obra artística realizada pieza por pieza, a partir de objetos que fueron apareciendo y encontrando un nuevo lugar dentro del proyecto.

¿Por qué eligieron precisamente botellas que otras personas habían tirado?

El vidrio representaba uno de los residuos más visibles en la zona.

Además, Edna explicó que se trata de un material difícil de incorporar a ciertos esquemas informales de recolección porque pesa mucho y su valor comercial puede ser bajo frente a otros materiales reciclables más ligeros.

Para madre e hija, esas mismas características abrieron otra posibilidad: reutilizar las botellas directamente, sin esperar a que volvieran a convertirse en materia prima industrial.

Así, un objeto que para otras personas había perdido su utilidad terminó convertido en un componente estructural y estético de su vivienda.

Con el tiempo han continuado recuperando botellas. Una publicación posterior sobre el proyecto señala que las Dantas habían recolectado ya más de 13 mil, aunque aproximadamente 8 mil fueron utilizadas en la casa.

¿Qué tiene de sustentable la Casa de Sal además de sus paredes?

Las botellas son la característica más visible, pero no la única.

El proyecto también incorpora madera y otros materiales reutilizados, además de soluciones para reducir el desperdicio de recursos. La vivienda cuenta con un sistema de tratamiento de aguas mediante una fosa diseñada para aprovechar el líquido filtrado en tareas como irrigación y compostaje, según explicaron sus creadoras.

También se emplearon materiales recuperados en otras partes de la construcción.

La lógica se mantiene prácticamente en toda la vivienda: antes de comprar algo nuevo, observar si aquello que ya existe puede tener una segunda función.

¿Qué tiene que ver la historia familiar de ambas con la construcción?

Para Gabrielly, levantar aquella casa también implicó mirar hacia atrás.

La productora y diseñadora ha explicado que algunas de sus referencias para pensar construcciones ecológicas procedían tanto de técnicas tradicionales brasileñas como de formas de construcción africanas. En su propia familia existían además recuerdos de viviendas hechas con tierra y de generaciones que aprendieron a construir aprovechando los materiales disponibles.

Esa historia hizo que el proyecto tuviera para ambas una dimensión que va más allá del reciclaje.

No era únicamente poner botellas donde normalmente habría ladrillos, sino recuperar una manera de construir basada en resolver necesidades con los recursos disponibles, reducir desperdicios y transmitir conocimientos entre generaciones.

La propia Casa de Sal presenta actualmente el proyecto como una construcción realizada por mujeres y vinculada con la bioconstrucción, el cuidado ambiental y la comunidad de Itamaracá.

¿La casa de 8 mil botellas todavía existe?

Sí. La Casa de Sal continúa activa en Itamaracá y actualmente también recibe visitantes.

Su anuncio vigente en Airbnb la presenta como una experiencia de ecoturismo comunitario, ubicada a unos 100 metros de la playa, y destaca precisamente sus paredes construidas con 8 mil botellas.

La propuesta no consiste solamente en dormir dentro de una construcción diferente.

Edna y Gabrielly han planteado las visitas como una forma de acercarse al territorio, sus playas, manglares y habitantes, además de conocer prácticas ambientales desarrolladas por la comunidad. La casa también ha servido para actividades de educación y talleres vinculados con reutilización y construcción sustentable.

Itamaracá, donde se encuentra el proyecto, forma parte de la Región Metropolitana de Recife y es una isla del litoral norte de Pernambuco. Desde 2025, el municipio también tiene reconocimiento estatal como Área Especial de Interés Turístico.

Casa de Sal en Aribnb

Una casa que comenzó mucho antes de colocar la primera botella

Casa de Sal comenzó a levantarse físicamente en 2020, pero parte de su historia venía de mucho antes: de una familia que guardaba madera, recuperaba clavos y aprendía a no desechar algo únicamente porque ya había sido utilizado.

Décadas después, Edna transmitió esa mirada a Gabrielly y ambas la llevaron a una escala inesperada.

Ocho mil botellas dejaron de ser basura para convertirse en paredes, luz y refugio.

Y quizá ahí está la parte más humana de la historia. La casa no nació porque sus creadoras tuvieran a su disposición materiales extraordinarios, sino porque fueron capaces de mirar de otra manera aquello que estaba frente a ellas y que los demás ya habían decidido desechar.

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