Madre e hija convierten miles de botellas de vidrio que quedaban abandonadas en las playas de Brasil en los muros de una casa, después de casi dos años de recolección y trabajo, y ahora permiten conocer el proyecto: ¿Cómo lo hicieron?
Edna Dantas y Maria Gabrielly recuperaron los envases de la costa y los combinaron con madera, cemento y otros materiales para levantar la Casa de Sal

Las botellas que quedaban abandonadas en las playas de la isla de Itamaracá, en Pernambuco, Brasil, terminaron convertidas en paredes, divisiones y parte de una vivienda. Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly utilizaron alrededor de 8 mil botellas de vidrio para construir la Casa de Sal, un proyecto que también incorporó madera, palets y otros materiales reutilizados. La historia fue retomada recientemente por medios como La Nación y Xataka, mientras que el proyecto original de Casa de Sal documenta su desarrollo y actividades ambientales.
La construcción comenzó en 2020 y tomó alrededor de dos años según diversos reportes. La vivienda tiene siete ambientes y actualmente funciona también como un espacio relacionado con educación ambiental y ecoturismo.
¿Por qué decidieron construir una casa con botellas?
La idea surgió al observar la cantidad de residuos que quedaban en la zona, especialmente después de los periodos de mayor actividad turística.
Edna, educadora socioambiental, ya tenía experiencia con el reaprovechamiento de materiales. Su hija Maria Gabrielly, dedicada al diseño y la moda sustentable, se sumó al proyecto.
El vidrio tenía una característica que lo hacía especialmente útil para ellas: era un material que encontraban con frecuencia y que podía permanecer durante mucho tiempo en el ambiente si no recibía un manejo adecuado.
¿Cómo se construyó la Casa de Sal?
Las botellas no fueron colocadas de manera convencional. Quedaron en posición vertical dentro de los muros, una técnica que permitió aprovechar el paso de la luz natural.
La propia Edna explicó que esta disposición ayuda a que los rayos del sol atraviesen el vidrio y lleguen al interior de la vivienda.
La construcción también incorporó otros materiales recuperados. Entre ellos se encuentran palets de madera utilizados en divisiones y placas elaboradas con tubos de pasta de dientes reciclados para el techo.
El proyecto no fue solamente una labor de recolección. Cada envase debía ser recuperado y preparado antes de incorporarse a la estructura.
¿Cuántas botellas utilizaron realmente?
Aquí existe una diferencia importante entre las cifras que circulan.
La Casa de Sal fue construida con alrededor de 8 mil botellas de vidrio. Sin embargo, el proyecto de Edna y Maria Gabrielly señala que, entre la vivienda y otras acciones de recuperación de residuos, han recolectado más de 13 mil botellas.
Por eso, las dos cantidades no necesariamente se contradicen: una corresponde a los envases integrados en la casa y la otra al total recuperado dentro de sus iniciativas.
¿Qué pasó mientras construían la vivienda?
La obra también implicó una etapa de adaptación para madre e hija.
Uno de los primeros espacios construidos funcionó como taller de costura, de apenas unos 20 metros cuadrados. Mientras la vivienda avanzaba, ambas trabajaron en condiciones limitadas y tuvieron que resolver necesidades básicas antes de completar el inmueble.
La construcción contó además con apoyo de personas de la comunidad en algunas etapas, como la instalación del techo.
¿La Casa de Sal se puede visitar?
Actualmente el proyecto también tiene una función de ecoturismo y educación ambiental.
La vivienda aparece en Airbnb como una experiencia de alojamiento en Itamaracá. La descripción señala que está ubicada cerca de la playa y que ofrece una experiencia vinculada con el turismo comunitario y el contacto con la naturaleza.
Además del hospedaje, Casa de Sal está vinculada con actividades de reutilización, cultura y educación ambiental.
De esta manera, las botellas que alguna vez fueron consideradas residuos pasaron a formar parte de una vivienda y, posteriormente, de un proyecto que busca mostrar otras posibilidades para reutilizar materiales antes de desecharlos.
Como resume Maria Gabrielly: “Detrás de esta casa existe técnica, gestión y visión”.
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