El cerebro se “mueve solo” en el espacio y cambia de posición dentro del cráneo: estudio en 26 astronautas midió desplazamientos de hasta 2.52 milímetros después de meses en microgravedad, un hallazgo clave para las misiones espaciales de larga duración
Resonancias magnéticas revelaron que la microgravedad provoca desplazamientos medibles en regiones cerebrales vinculadas al movimiento y el equilibrio, con efectos que pueden persistir incluso seis meses después del regreso a la Tierra.

Un hallazgo que rompe una creencia histórica
Durante décadas se asumió que el cerebro humano era relativamente inmune a los efectos mecánicos del espacio.
Sin embargo, un estudio científico publicado en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) demostró que en condiciones de microgravedad el cerebro se desplaza y cambia de posición dentro del cráneo.
Según información de Infobae, la investigación analizó resonancias magnéticas de 26 astronautas antes y después de misiones espaciales prolongadas, encontrando desplazamientos de hasta 2.52 milímetros en determinadas regiones cerebrales.
¿Qué ocurre dentro del cráneo en el espacio?
En ausencia de gravedad, los fluidos corporales migran hacia la cabeza, alterando presiones internas.
Al no existir una fuerza constante que empuje hacia abajo, el cerebro:
- Asciende dentro del compartimento craneal
- Se desplaza hacia atrás
- Presenta una rotación sutil pero medible
Los investigadores Tianyi Wang y Rachael D. Seidler explicaron que, tras regresar a la Tierra, la posición promedio del cerebro se encuentra más alta dentro del cráneo en comparación con las mediciones previas al vuelo.

Cambios milimétricos con impacto real
Para obtener datos precisos, los científicos dividieron el cerebro en más de 100 regiones anatómicas y compararon imágenes previas y posteriores a la misión.
En astronautas que permanecieron cerca de un año en órbita, algunas áreas registraron desplazamientos superiores a 2 milímetros.
Una región asociada con el control motor mostró un desplazamiento promedio de 2.52 milímetros hacia arriba.
Aunque la cifra pueda parecer pequeña, dentro del espacio rígido del cráneo representa un cambio relevante en la neuroanatomía.

Relación con el equilibrio y la adaptación
El estudio también encontró una asociación significativa entre el desplazamiento de la ínsula posterior izquierda y un descenso en el rendimiento del equilibrio tras el regreso a la Tierra.
Esto sugiere que el cerebro no solo debe reajustar el procesamiento sensorial en microgravedad, sino también recolocarse físicamente dentro de su estructura ósea.
No todos los desplazamientos generan síntomas inmediatos, pero añaden complejidad a la adaptación neurológica postvuelo.

Persistencia tras el regreso
La mayoría de los cambios tiende a revertirse después de seis meses en la Tierra.
Sin embargo, algunos desplazamientos —especialmente el retroceso cerebral— pueden persistir más allá de ese periodo, lo que confirma que los efectos de los vuelos espaciales prolongados no son completamente transitorios.
Los investigadores subrayan que estos hallazgos no implican que las personas no deban viajar al espacio, pero sí refuerzan la necesidad de comprender mejor el impacto de la microgravedad en el cerebro y el comportamiento humano.

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Implicaciones para misiones futuras
El estudio representa un reto adicional para la NASA y otras agencias espaciales que planean misiones de larga duración hacia la Luna o Marte.
Actualmente, existen protocolos para mitigar la pérdida de masa ósea y masa muscular, pero estos resultados abren la puerta a nuevas estrategias para proteger el sistema nervioso central.
Entre las posibles contramedidas se plantean:
- Sistemas que modulen la redistribución de fluidos
- Periodos de gravedad artificial
- Monitoreo neurológico más exhaustivo en misiones largas
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