El Imparcial / Estilos / Psicologia

La psicología explica por qué algunas personas abren el refrigerador varias veces al día aunque sepan que no hay nada nuevo, y por qué su cerebro insiste en volver a abrirlo aunque nunca encuentre una recompensa

Abrir el refrigerador, mirar durante unos segundos y volver a cerrarlo sin sacar nada es un hábito mucho más común de lo que parece. La psicología explica que muchas veces el cerebro no está buscando comida, sino una pequeña recompensa o un descanso mental que pasa desapercibido.

La psicología explica por qué algunas personas abren el refrigerador varias veces al día aunque sepan que no hay nada nuevo, y por qué su cerebro insiste en volver a abrirlo aunque nunca encuentre una recompensa

¿Te ha pasado que abres el refrigerador, observas todo lo que hay dentro durante unos segundos y vuelves a cerrarlo sin tomar absolutamente nada? Apenas pasan unos minutos y, casi sin darte cuenta, haces exactamente lo mismo otra vez, aunque sabes perfectamente que nadie ha guardado comida nueva desde la última vez. Si alguna vez te preguntaste por qué lo haces, la respuesta podría estar en la forma en que funciona tu cerebro.

Lo primero que muchas personas piensan es: “Debo tener hambre.” Sin embargo, la psicología sugiere que, en muchos casos, el cerebro no está buscando comida. Lo que realmente persigue es la posibilidad de encontrar algo agradable, diferente o inesperado. Y aquí aparece el dato que más sorprende:

El cerebro no necesita encontrar una recompensa para repetir una conducta; le basta con creer que podría encontrarla.

Abrir el refrigerador varias veces al día aunque no haya nada nuevo puede tener una explicación en la forma en que funciona el cerebro. Foto: Generada con IA

Por eso abrir el refrigerador puede convertirse en un hábito que repites sin darte cuenta. No porque esperes que aparezca comida nueva, sino porque esa acción representa una pequeña pausa, despierta la curiosidad y rompe la rutina por unos segundos.

Muchas veces no vuelves por lo que hay dentro. Vuelves por lo que tu cerebro espera sentir.

Te puede interesar: Si al llegar a casa sientes que no tienes energía ni para cocinar, hacer ejercicio o ver una serie, la psicología explica por qué esto no siempre significa que seas flojo

¿Por qué el cerebro sigue buscando algo que sabe que probablemente no está ahí?

Una de las explicaciones proviene del sistema de recompensa del cerebro. El psicólogo B. F. Skinner observó que las personas repiten con más facilidad un comportamiento cuando existe la posibilidad de obtener una recompensa, incluso si esta no aparece siempre.

Décadas después, investigaciones en neurociencia descubrieron algo todavía más llamativo: el sistema de recompensa comienza a activarse antes de obtener aquello que espera.

Es decir, la expectativa también produce motivación. Cuando abres el refrigerador, el cerebro puede reaccionar con una idea muy sencilla:

“¿Y si ahora sí encuentro algo que se me antoja?”

Aunque racionalmente sepas que hace cinco minutos viste exactamente los mismos alimentos.

  • La posibilidad, por pequeña que sea, mantiene viva la curiosidad.

Lo curioso es que muchas veces no estás buscando comida

Si recuerdas alguna de esas ocasiones en las que abriste el refrigerador y lo cerraste exactamente igual que estaba, probablemente descubrirás que ni siquiera tenías demasiada hambre.

Quizá buscabas:

  • una bebida fría;
  • un postre que habías olvidado;
  • algo diferente a lo de siempre;
  • o simplemente distraerte unos segundos.

Lo interesante es que, incluso cuando no encuentras nada, el cerebro siente que ya cumplió parte de su objetivo: comprobar que no se estaba perdiendo ninguna oportunidad.

No siempre es hambre: la psicología explica por qué vuelves al refrigerador aunque sabes qué hay dentro. Foto: Generada con IA

Muchas veces el objetivo nunca fue comer.

Te puede interesar: La psicología explica que las personas con la habitación desordenada no siempre son desorganizadas, sino que su mente puede estar reflejando cansancio, decisiones pendientes y formas distintas de procesar su entorno

¿Y por qué terminas haciéndolo sin darte cuenta?

Aquí entra en juego otro mecanismo psicológico: los hábitos. La psicóloga Wendy Wood, especialista en comportamiento automático, explica que una gran parte de nuestras acciones diarias ocurre sin que exista una decisión plenamente consciente. El cerebro aprende rutinas y después las ejecuta casi en piloto automático.

Por eso no es casualidad que muchas personas terminen frente al refrigerador justo cuando regresan a casa, hacen una pausa del trabajo o terminan una tarea.

En esos momentos, abrir la puerta funciona como un pequeño descanso mental.

El refrigerador deja de ser solo un lugar donde hay comida. También se convierte en una pausa para la mente.

¿Y si el problema nunca fue el hambre?

Los especialistas señalan que muchas conductas relacionadas con la comida aparecen por motivos distintos al apetito físico. El aburrimiento, el estrés o la ansiedad pueden hacer que el cerebro busque una recompensa rápida para cambiar cómo te sientes.

Por eso es posible abrir el refrigerador varias veces durante una tarde, mirar exactamente los mismos alimentos y volver a cerrarlo sin sacar nada.

No era hambre.

Era tu cerebro intentando romper la monotonía.

El parecido con revisar el celular no es ninguna coincidencia

Piensa en cuántas veces desbloqueas el teléfono aunque no haya sonado ninguna notificación. O en cuántas ocasiones actualizas una red social esperando encontrar algo nuevo.

Con el refrigerador ocurre algo muy parecido.

En ambos casos el cerebro está comprobando si apareció una recompensa inesperada.

Es el mismo impulso que te lleva a revisar:

  • WhatsApp;
  • Instagram o Facebook;
  • el correo electrónico;
  • el refrigerador.

En todos los casos existe la misma pregunta silenciosa: “Tal vez ahora sí haya algo diferente”.

Las señales de que actuabas por costumbre y no por hambre

Hay pequeños detalles que ayudan a distinguirlo.

Por ejemplo, cuando:

  • abriste el refrigerador varias veces en pocos minutos;
  • miraste los mismos alimentos una y otra vez;
  • lo cerraste sin sacar nada;
  • terminaste bebiendo solo un vaso de agua.

Si te identificaste con varias de estas situaciones, es posible que el hambre nunca haya sido la verdadera razón.

Era un hábito que el cerebro aprendió a repetir.

El descubrimiento que cambia por completo la forma de ver este hábito

Quizá lo más sorprendente es que el cerebro no necesita encontrar una recompensa para repetir una conducta; le basta con creer que podría encontrarla. Esa misma idea ayuda a explicar por qué revisamos el celular aunque no haya notificaciones, abrimos una aplicación varias veces seguidas o caminamos hasta el refrigerador aun sabiendo que nadie ha puesto comida nueva.

La próxima vez que te descubras frente al refrigerador sin saber exactamente qué estabas buscando, quizá no sea porque tengas hambre. Tal vez estés viendo en acción un mecanismo que lleva miles de años ayudando al cerebro a explorar su entorno y a buscar oportunidades, incluso cuando las probabilidades de encontrar algo son mínimas.

Y quizá esa sea la parte más sorprendente de todas: muchas veces creemos que decidimos abrir el refrigerador, cuando en realidad nuestro cerebro ya había empezado a buscar esa pequeña posibilidad de satisfacción unos segundos antes de que nosotros fuéramos conscientes de ello.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí

Temas relacionados