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¿Qué significa que te moleste escuchar a las personas masticar?

La molestia intensa ante sonidos como masticar, sorber o tronar los labios puede estar relacionada con la misofonía, aunque no todos los casos significan un problema de salud.

¿Qué significa que te moleste escuchar a las personas masticar?

Que te moleste escuchar a una persona masticar puede parecer una simple incomodidad, pero para algunas personas esa reacción es más intensa. No se trata solo de “tener poca paciencia” o de rechazar los modales de alguien al comer. En ciertos casos, esa molestia puede estar relacionada con la misofonía, una reacción fuerte ante sonidos específicos como masticar, sorber, respirar fuerte, tronar los labios o hacer ruidos repetitivos.

La experiencia suele ser muy concreta. Una persona puede estar tranquila en la mesa, en una reunión familiar, en la oficina o en el transporte público, y de pronto un sonido cotidiano empieza a causarle enojo, tensión, ansiedad o necesidad de alejarse. Para quien lo vive, no siempre es fácil explicarlo, porque los demás pueden pensar que exagera.

Aunque no toda molestia al escuchar masticar significa que exista un problema de salud, sí puede ser una señal de que ciertos sonidos generan una respuesta emocional difícil de controlar. Por eso, entender qué ocurre ayuda a evitar culpas, discusiones y malentendidos en la convivencia diaria.

Cuando el sonido de masticar no solo incomoda, sino que cambia por completo el momento

A muchas personas les desagradan los ruidos al comer. Sin embargo, hay una diferencia entre sentir una molestia ligera y experimentar una reacción intensa que afecta el estado de ánimo. Para algunas personas, escuchar a alguien masticar puede provocar irritación inmediata, tensión en el cuerpo o ganas de salir del lugar.

Se llama misofonía a un trastorno neurológico real, aunque poco conocido. | Foto: Especial

Esta reacción puede aparecer incluso cuando la otra persona no está haciendo ruido de forma intencional. Por eso puede generar culpa en quien la siente, especialmente si ocurre con familiares, pareja, compañeros de trabajo o amigos cercanos.

El problema no siempre está en el volumen del sonido. A veces, lo que detona la molestia es el tipo de ruido, la repetición o el contexto. Por ejemplo, masticar con la boca abierta, sorber una bebida, tronar los labios o escuchar una respiración fuerte durante la comida pueden volverse sonidos difíciles de tolerar.

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La misofonía ayuda a explicar por qué algunos sonidos comunes pueden sentirse tan intensos

La misofonía se entiende como una baja tolerancia a sonidos específicos que provocan una reacción emocional, física o conductual. No se trata de que todos los ruidos molesten por igual, sino de que ciertos sonidos funcionan como detonantes.

Entre los sonidos más comunes están los relacionados con la comida y la bebida. Por ejemplo:

  • Masticar.
  • Sorber.
  • Tronar los labios.
  • Tragar fuerte.
  • Respirar con ruido.
  • Hacer sonidos repetitivos con la boca.

La reacción puede variar. Algunas personas sienten enojo; otras sienten ansiedad, incomodidad, asco o necesidad de escapar. En los casos más intensos, esto puede afectar comidas familiares, reuniones sociales, relaciones de pareja o espacios de trabajo.

Por qué escuchar masticar puede generar enojo, ansiedad o ganas de alejarse

Escuchar a alguien masticar puede convertirse en un detonante porque ocurre en un contexto cercano. La comida suele compartirse en espacios donde hay poca distancia entre las personas: una mesa, una sala, una oficina o un comedor. Eso hace que el sonido sea más difícil de ignorar.

Foto: Canva

Además, los ruidos al comer suelen ser repetitivos. Cuando un sonido se repite muchas veces, algunas personas empiezan a concentrarse solo en eso. Mientras más atención le prestan, más difícil resulta desconectarse.

Por eso, quien siente esta molestia puede parecer distraído, serio o molesto durante una comida. En realidad, puede estar tratando de controlar una reacción interna que no siempre logra manejar con facilidad.

No toda molestia por escuchar masticar significa que tengas misofonía

Sentir incomodidad ante los malos modales al comer no significa, por sí solo, que una persona tenga misofonía. Muchas veces puede tratarse de una molestia común, sobre todo si el sonido es fuerte, constante o viene acompañado de una conducta poco cuidadosa.

La diferencia está en la intensidad y en el impacto. Conviene poner atención si la molestia provoca discusiones frecuentes, evita que una persona coma con otros, genera ansiedad antes de reuniones o afecta la vida familiar, escolar, laboral o social.

En esos casos, puede ser útil hablar con un profesional de salud mental, un médico o un especialista en audición para recibir orientación. La intención no es etiquetar a la persona, sino entender qué pasa y buscar herramientas para manejarlo mejor.

Qué puedes hacer si el sonido de alguien masticando te afecta en casa, escuela o trabajo

Si esta molestia aparece con frecuencia, lo primero es reconocerla sin culparte. También puede ayudar identificar qué sonidos la detonan, en qué lugares ocurre y con qué personas se presenta con mayor intensidad.

Algunas medidas sencillas pueden servir en el día a día:

  • Comer con música suave o ruido ambiental.
  • Sentarse un poco más lejos de la persona que detona la molestia.
  • Hacer pausas breves si la tensión aumenta.
  • Explicar la situación sin insultar ni culpar.
  • Evitar acumular enojo hasta explotar.
  • Buscar apoyo profesional si afecta la convivencia.

Hablarlo con respeto es clave. En lugar de decir “comes horrible” o “me desesperas”, puede ser más útil decir: “Hay ciertos sonidos que me alteran mucho y estoy tratando de manejarlo”. Esa diferencia puede evitar que la conversación se convierta en una pelea.

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Entender esta reacción puede mejorar la convivencia y reducir la culpa

Que te moleste escuchar a las personas masticar puede tener una explicación más compleja que una simple falta de paciencia. En algunos casos, puede relacionarse con misofonía; en otros, puede ser una molestia común ante sonidos repetitivos o hábitos al comer.

Lo importante es observar la intensidad de la reacción y cómo afecta tu vida diaria. Si solo es una incomodidad ocasional, quizá baste con cambiar el ambiente o hablarlo con calma. Si se vuelve frecuente, difícil de controlar o interfiere con tus relaciones, puede ser momento de pedir orientación.

Entenderlo no significa justificar malos tratos ni culpar a los demás. Significa reconocer que algunos sonidos cotidianos pueden sentirse muy intensos para ciertas personas y que, con comunicación y apoyo, es posible manejar mejor la situación.

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