El libre comercio con Estados Unidos que México construyó en 30 años se acabó y Ebrard lo dijo sin rodeos: los aranceles no van a desaparecer y lo único que queda es negociar para que duelan menos
Días después de la visita del representante comercial de EE.UU. a la Ciudad de México, Washington publicó la reducción de aranceles al acero y aluminio de 50 a 25 por ciento, pero solo para vehículos pesados y con condiciones que exigen mayor producción en suelo estadounidense. La primera renegociación formal del T-MEC arranca el 25 de mayo

¿Cuándo y cómo terminó el libre comercio en Norteamérica?
No fue un anuncio. No hubo una fecha oficial. Fue una acumulación de decisiones que terminó con una declaración que ningún secretario de Economía mexicano había hecho antes.
El 20 de abril de 2026, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, llegó a la Ciudad de México y se reunió con el secretario de Economía Marcelo Ebrard y con la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional.
Al terminar la visita, Ebrard dijo lo que nadie en el gobierno mexicano había dicho en voz alta: “No deberíamos ser nostálgicos de una época en la que no había aranceles. El mundo comercial, el sistema comercial que teníamos, basado en el libre comercio, ya es muy difícil que regrese.”
Treinta años después de que el TLCAN entró en vigor en 1994, el libre comercio en Norteamérica llegó a su fin. No con una ruptura dramática sino con una frase dicha en tono tranquilo por el propio secretario de Economía del país que más tenía que perder.
¿Qué pasó con los aranceles al acero después de la visita?
Cuatro días después de que Greer abandonara México, el Departamento de Comercio de Estados Unidos publicó en el Federal Register una medida que el sector esperaba desde hacía meses.
Según reportó El Financiero, los aranceles al acero y aluminio provenientes de México y Canadá se redujeron del 50 al 25 por ciento. Pero con dos condiciones muy específicas que limitan el alcance real del beneficio.
La primera condición es sectorial: la reducción aplica únicamente para la cadena de suministro de vehículos medianos y pesados como camiones y autobuses. Los vehículos ligeros, el segmento más grande de la industria automotriz mexicana, quedan fuera y siguen pagando el arancel completo.
La segunda condición es productiva: las empresas que quieran acceder al beneficio deben acreditar que producen acero o aluminio en México o Canadá abasteciendo directa o indirectamente a productores estadounidenses de vehículos pesados, y que procesan el material bajo el esquema melted and poured dentro de la región.
En términos simples: para pagar menos arancel hay que comprometerse a producir más en Estados Unidos.

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¿Por qué esta rebaja no es realmente una buena noticia?
La reducción de 50 a 25 por ciento parece un avance. Pero su mecanismo revela una lógica diferente.
El Departamento de Comercio de EE.UU. abrió la puerta solo para empresas que acrediten nuevas capacidades productivas en territorio estadounidense.
Eso significa que el arancel dejó de ser una barrera comercial y se convirtió en un instrumento de política industrial. Washington no busca bloquear el acero mexicano. Busca que los productores mexicanos traigan parte de su cadena de valor a suelo estadounidense como condición para no pagar el arancel completo.
Lo que antes era un derecho garantizado por el tratado, exportar sin aranceles cumpliendo reglas de origen, ahora es un privilegio condicionado a decisiones de inversión que favorecen al vecino del norte.
¿Qué perdió México exactamente y en cuánto tiempo?
El TLCAN entró en vigor el 1 de enero de 1994. Durante tres décadas, la promesa central del acuerdo fue simple: cumple las reglas de origen y cruzas la frontera sin aranceles. Esa fue la base sobre la que México construyó su plataforma exportadora.
Hoy esa promesa ya no existe. Los aranceles al acero y aluminio llegaron en 2025 bajo la Sección 232 de la Ley Comercial de Estados Unidos, con la justificación de proteger la seguridad nacional. Los aranceles al sector automotriz llegaron también ese año. Ambos se aplican a México pese al T-MEC.
El resultado es un tratado que sigue en pie formalmente pero que en la práctica opera bajo nuevas reglas. Sheinbaum lo describió con claridad durante la visita de Greer: “Queremos que prevalezca el tratado con algunas mejoras, pero es una revisión lo que se está planteando.”
¿Qué queda en la mesa para el 25 de mayo y el 1 de julio?
Las fechas que marcan el futuro inmediato del comercio entre México y Estados Unidos son dos.
El 25 de mayo está fijada la primera reunión bilateral formal de negociación del T-MEC en la Ciudad de México. El 1 de julio es la fecha en que los tres países, México, Estados Unidos y Canadá, se sentarán a decidir si continúan con el acuerdo o si lo abandonan.
Los temas centrales que dominan la agenda son las reglas de origen del sector automotriz, los aranceles al acero y aluminio y los mecanismos laborales. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, José Medina Mora, confirmó que la visita de Greer dejó avances en el entendimiento sobre los efectos de los aranceles, pero que los temas de fondo siguen abiertos.

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¿Puede México seguir ganando en este nuevo orden?
Los datos del primer trimestre de 2026 muestran que la plataforma exportadora mexicana sigue siendo competitiva pese al nuevo entorno. Las exportaciones no petroleras a Estados Unidos crecieron 28.2 por ciento y las manufactureras 29.5 por ciento en ese período, impulsadas por segmentos distintos al automotriz tradicional.
La oportunidad sigue existiendo. Si Washington quiere cadenas menos dependientes de China, más regionales y más seguras, México ofrece algo difícil de replicar: frontera compartida, escala industrial, costos competitivos y una relación productiva de tres décadas.
Pero ese argumento solo funciona si México acepta que el T-MEC de hoy no es el TLCAN de 1994. El tratado sobrevive como plataforma. El libre comercio, como principio, ya no.
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