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¿Cuántos pacientes mueren en cada hospital?

Saber los resultados del hospital en el que uno será atendido debería ser parte del derecho del paciente a estar informado.

Eduardo Ruiz-Healy

Eduardo Ruiz-Healy

El IMSS informó que este año detectó brotes de infecciones hospitalarias en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital de Gineco Obstetricia del Centro Médico Nacional de Occidente, en Guadalajara. Seis bebés fallecieron y una de esas infecciones aparece entre las causas de muerte. Una auditoría determinará si causó o contribuyó a cada fallecimiento y si hubo fallas evitables.

El caso plantea una pregunta: ¿Cuántos bebés mueren cada año en México por infecciones adquiridas durante su hospitalización? No podemos saberlo fácilmente. Existen registros de infecciones, pacientes y defunciones, pero no se publica una serie nacional que indique cuántos menores de un año murieron por una infección hospitalaria, cuántos murieron con ella y en qué hospitales.

El problema es mayor. En 2024, los hospitales privados registraron 2.27 millones de hospitalizaciones y 19,372 defunciones: 8.5 por cada 1,000. El IMSS registró 2.28 millones de hospitalizaciones; los Servicios de Salud IMSS-Bienestar, 1.66 millones, y el Programa IMSS-Bienestar, 168 mil. El Issste registró 355,280 hospitalizaciones y 16,120 defunciones: 45.4 por cada 1,000.

Sería incorrecto concluir que hospitalizarse en el Issste es cinco veces más peligroso que hacerlo en un hospital privado. Sus pacientes pueden ser mayores, estar más enfermos o requerir tratamientos más complejos. Para comparar hospitales hay que ajustar los resultados por edad, diagnóstico, gravedad y otras características.

El problema no es que las instituciones carezcan de información. Registran hospitalizaciones, defunciones y características de sus pacientes. México no tiene un sistema nacional, homogéneo, periódico y accesible que permita comparar la mortalidad ajustada por riesgo de hospitales públicos y privados que atienden pacientes semejantes.

Otros países sí publican estos indicadores. Estados Unidos difunde por hospital tasas de mortalidad a 30 días ajustadas por riesgo para diversos padecimientos.

Los datos de la OCDE muestran por qué México necesita hacerlo. La mortalidad dentro de los 30 días posteriores a una hospitalización por infarto es de 22.6% en México, 5.2% en EE, 4.9% en Japón y 6.5% en promedio entre los países de la organización. Para enfermedad cerebrovascular es de 17% en México, 4.5% en EE.UU, 2.1% en Japón y 7.7% en la OCDE.

Estas diferencias no demuestran por sí solas que nuestros hospitales atiendan peor. Influyen la rapidez con que el enfermo llega, su estado al ingresar, la disponibilidad de especialistas y los tratamientos que recibe. Pero son demasiado grandes para ignorarlas.

Un paciente puede saber dónde está un hospital, qué especialidades ofrece y, si es privado, cuánto cuesta. Debería conocer también su mortalidad ajustada, cuántas infecciones hospitalarias registra, cuántos pacientes reingresan después del alta y cómo se compara con hospitales semejantes.

Los seis bebés de Guadalajara obligan a saber qué ocurrió ahí. Pero también plantean una pregunta para millones de mexicanos: Si las instituciones tienen los datos para medir los resultados de nuestros hospitales, ¿por qué los pacientes no pueden conocerlos y compararlos?

Saber los resultados del hospital en el que uno será atendido debería ser parte del derecho del paciente a estar informado.

Eduardo Ruiz-Healy

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