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Quiere ciudadano zafarse del atraso

A 16 meses de la elección 2027, los partidos ‘velan armas’ y afinan estrategias con miras a obtener los mejores resultados ‘en las piscas electorales’.

Javier  Villegas Orpinela

Efecto Multiplicador

A 16 meses de la elección 2027 (a verificarse el primer domingo de junio del año entrante), los partidos ‘velan armas’ y afinan estrategias con miras a obtener los mejores resultados ‘en las piscas electorales’.

En Sonora estará en juego la gubernatura, alcaldías, diputaciones locales y federales.

Así que desde estas fechas los aspirantes deben tener en cuenta que los nuevos tiempos exigen a la clase política ser más creativos, innovadores, tecnológicos y, sobre todo, sensibles a la seguridad, a la salud y al bienestar de las mayorías.

Es un hecho que las democracias contemporáneas revelan que la competencia en la cancha no es un choque abstracto de ideologías, sino un mercado de preferencias, donde los partidos deben ofertar programas que estén a tono con las demandas ciudadanas.

Entonces, el equilibrio no lo define el activismo ideológico, sino el votante mediano: Ese ciudadano cuya posición económica y percepción de riesgo determinan hacia dónde debe inclinarse la balanza.

Aquí la pregunta relevante no es si la izquierda tiene razón o si el capitalismo fracasa, sino bajo qué condiciones sociales y económicas el electorado prefiere mayor redistribución y mayor intervención estatal.

El modelo de votante mediano indica que cuando el ingreso de la mediana es menor al promedio -cuando la desigualdad es evidente-, el votante central resulta beneficiario neto de la redistribución. Esto es, si la mayoría está por debajo del promedio, el incentivo racional es votar por políticas que transfieran recursos hacia abajo.

Pero cabe aclarar que en la actualidad la desigualdad no es el único motor.

La percepción de movilidad social importa tanto como el ingreso predominante.

En sociedades donde las personas creen que podrán ascender mediante esfuerzo y mercado, la tolerancia a la desigualdad es mayor. Cuando esa expectativa pierde brillo ya sea por estancamiento salarial, informalidad persistente o barreras estructurales, la demanda de protección pública crece.

A esto se suma el riesgo de que el mercado ofrece libertad, pero también incertidumbre. En contextos de inseguridad económica, violencia o volatilidad laboral, el Estado se convierte en seguro colectivo y los individuos, naturalmente temerosos al riesgo, tienden a preferir sistemas que prometan amortiguar pérdidas.

No es romanticismo ideológico; es cálculo racional bajo incertidumbre.

En la región latinoamericana, particularmente en México, se presentan varios de estos factores: Desigualdad persistente, movilidad limitada, informalidad elevada y una percepción extendida de que el “capitalismo real” funciona con privilegios y no con competencia abierta. Cuando el mercado no genera oportunidades visibles para el grueso de la población, su legitimidad se debilita.

En ese vacío, la izquierda -especialmente en su versión redistributiva y narrativa-, encuentra terreno fértil.

Evidentemente lo que le atrae a la ciudadanía es la promesa de seguridad, justicia distributiva y corrección de abusos. La experiencia internacional muestra que las democracias más estables no son aquellas que eliminaron el mercado, sino las que lo combinaron con instituciones fuertes, competencia real y sistemas de protección social robustos. La clave no está en elegir entre mercado o Estado como polos irreconciliables.

El mercado sin reglas claras degenera en concentración y privilegio; el Estado sin disciplina e incentivos deriva en ineficiencia. El equilibrio virtuoso exige competencia efectiva, estado de Derecho, movilidad social y políticas públicas que reduzcan riesgos sin sofocar la productividad.

Entonces, la izquierda seduce cuando el capitalismo percibido no cumple las expectativas de prosperidad compartida. En economías dinámicas, con movilidad real y crecimiento inclusivo, el electorado prefiere moderación. Cuando el crecimiento es insuficiente y la inseguridad elevada, el péndulo debería moverse hacia una mayor intervención del Estado, pero Morena batalla con economía y seguridad.

VOTANTES SONORENSES

En la jornada electoral del 2027 no va a ganar quien grite más fuerte, ni quien se esconda detrás de ideologías. Saldrá triunfante quien resuelva lo que desanima a Sonora: Inseguridad, estancamiento del ingreso y privilegios disfrazados de desarrollo.

Los sonorenses están pidiendo que se pueda trabajar sin pagar extorsión, circular a cualquier hora sin miedo y ver que la inversión realmente se traduzca en mejores salarios. El “nearshoring” no sirve de nada si sólo engorda cifras macro y no el bolsillo del trabajador. Si la inversión llega y el ingreso mediano no sube, el discurso oficial se convierte en propaganda.

El ‘Día D’ -domingo 6 de junio del 2027-, no se votará izquierda o derecha; se votará eficacia o simulación y el margen de paciencia social ya es corto. Los aspirantes deben saberlo contimás los que competirán por la silla de Alfonso Durazo.

Javier Villegas Orpinela es presidente del Colegio de Economistas de Sonora, director de Correo y Telegrama y profesor en el Departamento de Economía Unison.

jvillegas@correorevista.com

Twitter: @JvillegasJavier

Facebook: Javier Villegas Orpinela

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