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Salvar vidas bajo el calor de 50 grados: así trabajan los paramédicos en la ciudad más caliente de México

Golpes de calor, accidentes, deshidratación y pacientes inconscientes forman parte de las emergencias que enfrentan durante jornadas de hasta 12 horas.

Salvar vidas bajo el calor de 50 grados: así trabajan los paramédicos en la ciudad más caliente de México
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Mexicali,B.C.- José María apenas podía caminar cuando llegó a una tienda de autoservicio en la colonia Televisora, en Mexicali, y se sentó afuera del establecimiento, bajo una sombra que no aminoraba el calor que sentía. Minutos después, se desplomó.

Cuando el paramédico Giovanni Rocha Galaviz llegó al lugar, encontró al hombre de 69 años inconsciente, con el cuerpo completamente caliente, la piel seca y enrojecida y una temperatura que había alcanzado los 42 grados.

El paciente había dejado de sudar, una señal de que su organismo ya no podía regular adecuadamente su temperatura. En la espalda, el contacto con el pavimento caliente había dejado marcas similares a las de una quemadura de primer grado.

Giovanni no tuvo tiempo para detenerse. Le cortó la camiseta para facilitar el enfriamiento y le vació una bolsa de hielo y un termo con agua mientras evaluaba sus signos vitales. La respiración era deficiente y su frecuencia cardiaca había llegado a 134 latidos por minuto.

Era código rojo. El protocolo fue directo: “cargar y llevar”.

Javier Gallegos

Una ambulancia llegó poco después para trasladarlo al Hospital General de Mexicali, donde continuaron las maniobras de atención. Durante el trayecto fue necesario iniciar ventilación asistida.

El caso de José María es uno de los servicios que enfrentan los paramédicos de la Cruz Roja durante el verano de Mexicali, cuando las altas temperaturas convierten una caminata, una espera en la calle o incluso unos minutos bajo el sol en una emergencia que puede avanzar en cuestión de minutos.

“Mexicali rompen todos los estereotipos de atención”

La frase del paramédico de Cruz Roja, Giovanni Rocha Galaviz, donde resume lo que significa atender una emergencia en Mexicali cuando el termómetro rebasa los 50 grados centígrados en el verano.

Aquí no basta con llegar rápido. Hay que hacerlo mientras el sol castiga el cuerpo, el pavimento devuelve el calor acumulado y los vehículos se convierten en auténticos hornos, todo mientras el propio cuerpo comienza a reclamar lo básico: agua, alimento y descanso.

Para los paramédicos de la Cruz Roja Mexicana Delegación Mexicali, el verano no representa únicamente una temporada de altas temperaturas. Es un periodo en el que el número y la gravedad de algunas emergencias aumentan, mientras quienes atienden esas llamadas también deben enfrentarse a su propio desgaste.

Desde el 18 de marzo se han registrado 11 récords de temperatura y, durante agosto, incluso se han superado los 50 grados centígrados.

Javier Gallegos

De acuerdo con datos confirmados por el Servicio Médico Forense (SEMEFO), las altas temperaturas ya han cobrado la vida de 56 personas en la región, convirtiendo a este periodo en uno de los más letales de los que se tenga registro.

En el epicentro de esta contingencia, el cuerpo de paramédicos de la Cruz Roja Mexicana Delegación Mexicali se despliega como la única frontera entre la vida y la muerte. En medio de este escenario, los paramédicos salen una y otra vez.

Una llamada. Una dirección. Una persona inconsciente.Un cuerpo que dejó de sudar. Un paciente cuya temperatura corporal alcanza los 42 grados. Y nuevamente, otra emergencia.

Cuando el calor es la emergencia

Para Giovanni, paramédico con cuatro años de experiencia operativa en la Unidad de Primera Respuesta de Cruz Roja Delegación Mexicali, hay una franja del día que cambia por completo el ritmo de trabajo. “La hora crítica para nosotros es de las 2 a las 6 de la tarde”, explicó.

Son cuatro horas en las que la radiación y el calor acumulado convierten las calles de Mexicali en uno de los escenarios más complicados para atender emergencias.

Javier Gallegos

La Unidad de Primera Respuesta, que utiliza unidades rápidas para valorar pacientes antes del arribo de una ambulancia, participa en una parte importante de las emergencias prehospitalarias de la ciudad.

Durante un turno pueden encontrarse con personas que apenas comienzan a sufrir los efectos del calor: calambres, debilidad, agotamiento y deshidratación. Pero también con pacientes que ya cruzaron la línea peligrosa hacia un golpe de calor.

Giovanni estima que en temporada de calor pueden atender entre seis y siete casos diarios relacionados con los efectos de las altas temperaturas.

El calor también comienza a sentirse en las calles. Giovanni señala que durante sus jornadas puede llegar a atender hasta diez accidentes automovilísticos, una situación que atribuye, entre otros factores, al estrés y al encierro dentro de los vehículos bajo temperaturas extremas.

Javier Gallegos

Pero el riesgo no termina en los choques. El intenso calor también parece elevar la tensión entre los conductores y vuelve más complicada la labor de quienes se desplazan en motocicleta para atender las emergencias. “En el calor la gente se vuelve más agresiva... les andan aventando los carros a las motos”, relató.

Esa hostilidad, explica, también ha alcanzado directamente a los paramédicos durante sus servicios. “A mí sí me han empujado, me han pateado, me han golpeado por lo mismo, por el calor. Las personas cuando están muy acaloradas, el temperamento se les sube”, contó.

Un cuerpo que ya no puede enfriarse

Durante un recorrido de LA CRÓNICA con los paramédicos de la Cruz Roja, una llamada de emergencia alertó sobre el caso de José María, de 69 años, un hombre en aparente situación de calle que sufría de un golpe de calor, pero la escena todavía guardaba otra complicación.

Javier Gallegos

Las pupilas del hombre estaban sumamente contraídas, por lo que Giovanni consideró inicialmente la posibilidad de una intoxicación por algún narcótico depresor, como fentanilo o heroína. Ante esa sospecha, administró naloxona, sin obtener respuesta.

Los signos vitales comenzaron entonces a orientar la emergencia hacia otro escenario. El paciente presentaba una frecuencia cardiaca de 134 latidos por minuto y una respiración sumamente deficiente.

Giovanni determinó que se encontraba en código rojo, mencionando que no había tiempo que perder. La ambulancia de apoyo llegó poco después y el paramédico Jorge Morán tomó el relevo.

Ya dentro de la unidad, el equipo conectó al paciente al monitor para vigilar de manera continua su frecuencia cardiaca, saturación de oxígeno y temperatura.

Javier Gallegos

La respiración de José María era tan superficial que fue necesario iniciar ventilación asistida mientras la ambulancia avanzaba hacia el Hospital General de Mexicali, donde llegó a la sala de choque y comenzó una nueva etapa de la emergencia.

Para entonces, el golpe de calor ya había llevado a su organismo al límite y el riesgo de daño neurológico permanente era elevado.

Para los paramédicos, servicios como este muestran que en Mexicali el calor está lejos de ser solamente una cuestión de incomodidad. Cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura, cada minuto puede convertirse en una carrera contra el daño a los órganos, el cerebro y, finalmente, contra la muerte.

El paramédico también se desgasta

Mientras Giovanni atiende a pacientes afectados por el calor, su propio cuerpo enfrenta las mismas condiciones; los turnos pueden extenderse hasta por 12 horas, jornadas en las que el ritmo de trabajo deja poco espacio para detenerse, comer o incluso tomar agua, mientras el cansancio se acumula conforme pasan las horas

“Aquí es muy cansado ser paramédico. Me agota el calor, también me agota el no comer, el no hidratarme bien, pero a la vez es gratificante porque sabes que lo que andas haciendo es lo que te gusta”, cuenta Giovanni.

En la propia base operativa, una de sus compañeras tuvo que ser hidratada por vía intravenosa debido al desgaste físico y emocional y a la carga de trabajo. Quienes salen a atender a personas afectadas por el calor también pueden terminar afectados por las mismas condiciones. Y aun así, las unidades continúan saliendo.

Javier Gallegos

El mapa de la vulnerabilidad

En Mexicali, el calor no golpea a todos de la misma manera y hay zonas donde las emergencias relacionadas con las altas temperaturas aparecen con mayor frecuencia, entre ellas la Zona Centro, Pueblo Nuevo y los alrededores del Parque del Mariachi, donde los paramédicos encuentran constantemente a personas en situación vulnerable.

En el Parque del Mariachi, la Secretaría de Salud del Estado instaló un refugio temporal desde el 29 de abril y, hasta ahora, se han registrado más de 15 mil atenciones que incluyen la entrega de agua, Vida Suero Oral y resguardo en un espacio climatizado, aunque incluso con estos puntos de apoyo las emergencias continúan.

A un costado del parque, sobre la calle Ocampo, Ilych atendió a Don Ramón, un adulto mayor conocido en la zona que acostumbraba salir a caminar, comprar sus cigarros y pasar parte de la tarde en el parque, pero ese día tuvo que sentarse en la vía pública porque comenzó a sentirse mal.

Cuando Ilych lo valoró, Don Ramón estaba desorientado y tenía una temperatura de 39.8 grados, pero había otro factor que complicaba el cuadro: padecía diabetes tipo 2 y presentaba una glucosa capilar de 370, además de una presión arterial peligrosamente baja. “Decidí meterle un suero que es cloruro de sodio para aumentar la presión y compensar la pérdida de líquidos”, explicó Ilych

Su nieta llegó rápidamente, pues vivía a unas calles, pero la edad, la deshidratación, la presión baja y el descontrol de glucosa hicieron necesario trasladarlo de inmediato a un hospital, convirtiendo una tarde que parecía normal en una emergencia médica

Javier Gallegos

El costo no se ve

Salvar vidas también tiene un costo para quienes lo hacen, porque los paramédicos están expuestos todos los días a accidentes, muertes, personas inconscientes, familiares desesperados y pacientes agresivos, mientras a todo eso se suma el calor, la deshidratación, el hambre, el cansancio y la presión de saber que, mientras atienden una emergencia, puede entrar otra llamada.

“Este trabajo, al estar viendo todos los días situaciones diversas, llega un momento en que nosotros tenemos un estrés tan fuerte que nos da ansiedad, nos da depresión de repente”, reconoce Giovanni.

Aun así, no pueden quedarse atrapados en lo que acaban de vivir, porque después de cada servicio hay otro y alguien más necesita atención. “Pero tenemos que salir de eso, ¿no? No clavarnos, porque si no, imagínate, ¿quién atiende las emergencias?”

Ahí está una de las contradicciones más difíciles de su trabajo: necesitan cuidarse para poder cuidar a los demás, pero muchas veces el ritmo de las emergencias deja poco espacio para hacerlo.

Javier Gallegos

Salvar una vida es una recompensa

No todas las historias terminan como la de José María ni todas llegan al extremo de una temperatura de 42 grados, porque también están los pacientes que regresan, los que sobreviven y que algún día vuelven a encontrarse con los paramédicos, pero esta vez para agradecerles.

Giovanni recuerda el caso de una bebé de apenas nueve meses que se atragantó con una moneda y entró en paro respiratorio, una emergencia en la que los paramédicos lograron estabilizarla en la calle y entregarla con vida en el hospital. Para ellos, esas son las historias que terminan convirtiéndose en recompensa.

Han sido un chorro de cosas... gratificante en la manera de dinero no creo, porque nosotros no cobramos. Pero en la manera en que atiendes a un paciente, lo miras crítico y al tiempo viene, te saluda y te dice: ‘Oye, gracias...’, está reconociendo lo que hice por él”.

El salario, entonces, no siempre se mide en dinero, a veces está en una persona que vuelve a respirar, en un paciente que logra llegar con vida al hospital, en una familia que puede volver a casa o simplemente en esa mano que, tiempo después, vuelve a encontrarse con ellos para decir gracias.

Javier Gallegos

El verano que también viven los paramédicos

En Mexicali, el verano no termina cuando cae el sol, porque el asfalto conserva el calor, las ambulancias continúan entrando y saliendo y las motocicletas de primera respuesta vuelven a encenderse mientras, en alguna calle, algún crucero o alguna banqueta, otra persona puede estar a punto de colapsar.

El 29 de abril se instaló un refugio temporal en el Parque del Mariachi que acumula más de 15 mil atenciones. Ante el incremento de las afectaciones por las altas temperaturas, el 18 de agosto también fue activado el Plan DN-III-E, con participación del Ejército Mexicano, para reforzar las labores de prevención y auxilio entre la población vulnerable.

Pero ninguna cifra alcanza para explicar lo que sucede dentro de una unidad de primera respuesta, donde el calor se siente en la piel, en la garganta seca, en el uniforme empapado y en el cansancio que queda después de una jornada de hasta 12 horas, incluso en el momento en que un paramédico necesita hidratarse por vía intravenosa después de haber pasado el turno atendiendo a otros. Y aun así, cuando llega una llamada de emergencia, vuelven a salir.

Javier Gallegos

Giovanni lo sabe. Después de todo, pudo haber elegido la comodidad de un trabajo privado mejor remunerado, pero eligió la calle, la emergencia y ese lugar donde el calor puede superar los 50 grados y cada servicio puede convertirse en una lucha contra el tiempo.

Después recuerda un dicho entre los paramédicos: “Yo no escojo a los pacientes, los pacientes te escogen a ti. Si hablan al servicio de emergencia es porque se sienten mal”.

En una ciudad donde el calor puede llevar al cuerpo humano hasta sus límites, ellos también trabajan al límite, mientras Mexicali intenta sobrevivir al verano y los paramédicos de la Cruz Roja salen una vez más a hacer lo mismo por los demás.

Javier Gallegos

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