“La sastrería como arte está desapareciendo”: un oficio que lo mantuvo por más de 50 años, hoy Roberto lo considera casi extinto
Desde los ocho años encontró su vocación frente al taller de un sastre. Hoy, después de más de cinco décadas entre telas y dedales, Roberto busca preservar un oficio .

Mexicali,B.C.-Antes de aprender a cortar una tela, medir un pantalón o darle forma a un saco, pasó sus primeros años observando a un hombre trabajar con sus manos.
Roberto Alonso Salvador Escobar, originario de Chiapas, recordó que cuando apenas tenía ocho años recorría las calles vendiendo periódicos y todos los días hacía una pausa frente a un taller donde un sastre confeccionaba prendas entre agujas, hilos y telas, una escena que despertó su curiosidad por un oficio que terminaría marcando su vida.
El sastre recordó que aquel hombre era el maestro Modesto, un sastre al que visitaba como cliente y que, con el paso del tiempo, se convirtió en su primer maestro. “Yo me quedaba mirándolo, estaba niño y me quedaba practicando con él”, recordó.

A pesar de que la sastrería le llamaba la atención, no fue hasta los 14 años cuando buscó aprender un oficio. Aunque primero pensó en dedicarse a la mecánica automotriz, Roberto decidió cambiar de camino cuando conoció el tiempo que tardaría en comenzar a recibir un ingreso.
Fue entonces cuando regresó con el maestro Modesto para pedirle una oportunidad y comenzar su aprendizaje en la sastrería. “No cualquiera aprende la sastrería. Se necesita humildad, necesidad y obediencia. Si no tienes eso, no la aprendes”, compartió Roberto Escobar.
Con paciencia y disciplina
Roberto explicó que tuvo que dominar desde el uso del dedal hasta las técnicas necesarias para confeccionar una prenda a la medida, entendiendo que detrás de cada saco existía un trabajo artesanal que pocas veces era visible para quienes lo utilizaban.
Un saco casi todo se hace a mano en las partes internas. Ahí está el verdadero conocimiento del sastre, en que la puntada no se vea por fuera, pero que por dentro quede bien hecho”, señaló Escobar.
Con los años, trabajó con distintos sastres y aprendió muchos de los secretos del oficio a través de la observación, siguiendo cada movimiento de quienes tenían décadas de experiencia frente a una mesa de corte.
Roberto Escobar insistió en que la sastrería no solamente consiste en coser, sino en conocer las formas, los materiales y los detalles que permiten darle vida a una prenda.

En Mexicali encontró lo que siempre quiso
En 1978 llegó a Mexicali buscando una oportunidad para salir adelante. Con la necesidad de encontrar trabajo, acudió a una sastrería donde el maestro Efrén Correa decidió poner a prueba sus conocimientos antes de contratarlo. Tras demostrar sus habilidades, Roberto consiguió su aprobación y un trabajo.
La llegada a Mexicali no solo representó para Roberto Escobar una oportunidad laboral, sino también la posibilidad de cumplir un sueño que había dejado pendiente durante años: estudiar.

El sastre compartió que, mientras trabajaba en una sastrería, intentó ingresar a electrónica, pero al solicitar su inscripción le pidieron un certificado de primaria que no tenía, por lo que regresó al taller desanimado, hasta que el maestro Efrén Correa lo motivó a buscar otra alternativa.
La oportunidad llegó cuando un cliente, quien era director de una escuela, conoció su historia y lo ayudó a ingresar a una escuela nocturna.
Roberto dijo que comenzó desde la primaria y que, mientras durante el día trabajaba entre telas y agujas, logró terminar la secundaria y la preparatoria, para después iniciar una carrera de Ingeniería y finalmente graduarse en Derecho.
Una de las razones por las que me quedé en Mexicali es porque aquí encontré lo que yo quería: estudiar. Siempre quise estudiar, pero nunca tuve la oportunidad”, expresó Roberto.
Un oficio que podría desaparecer
Roberto aseguró que el problema no solamente es que existan menos personas dedicadas a confeccionar ropa a la medida, sino que cada vez son menos quienes buscan aprender todo el conocimiento que existe detrás de una prenda elaborada de manera artesanal. “La sastrería como oficio, como profesión y como arte está desapareciendo”, afirmó.
El sastre consideró que, con el paso del tiempo, podría quedar únicamente la parte mecánica de la costura, mientras que los conocimientos que distinguen a un verdadero sastre podrían perderse si las nuevas generaciones no se interesan en aprenderlos.

Va a quedar solamente la costura, donde metes la ropa a una máquina, pero se va a perder ese conocimiento del verdadero sastre”, expresó el sastre.
Actualmente, Roberto busca transmitir lo aprendido a sus hijos y mantener viva una tradición que ha acompañado toda su vida, convencido de que un oficio puede abrir oportunidades y cambiar el destino de una persona. “Estudiar es muy bueno, pero aprender un oficio también. Tener un oficio técnico te abre muchas puertas y te puede dar una mejor vida”, concluyó.

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