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Enrique Michel, dueño de Dulces De la Rosa, podría producir más ganancias automatizando el empaque de mazapanes, pero decidió que es más importante mantener a sus trabajadores y proteger la mano de obra humana

La postura del empresario tapatío contrasta con la búsqueda de mayor productividad mediante máquinas y coloca sobre la mesa una gran pregunta: cómo modernizar una empresa sin desplazar a su personal.

Enrique Michel, dueño de Dulces De la Rosa, podría producir más ganancias automatizando el empaque de mazapanes, pero decidió que es más importante mantener a sus trabajadores y proteger la mano de obra humana

En un momento en que la automatización y la inteligencia artificial transforman distintas actividades productivas, Enrique Michel Velasco, uno de los principales responsables de Dulces De la Rosa, ha defendido una postura distinta: mantener mano de obra humana en procesos que podrían realizarse con tecnología para evitar la pérdida de empleos.

La decisión fue relatada por Michel Velasco en entrevistas y contenidos difundidos sobre su trayectoria empresarial. Una de las historias más retomadas corresponde al proceso de envoltura del tradicional mazapán, donde el empresario habría optado por no incorporar una solución automatizada porque eso significaría sustituir a trabajadores.

La postura también aparece en una entrevista sobre la historia de la compañía difundida en 2026. Ahí, Michel Velasco explicó que Dulces De la Rosa conserva una importante participación de mano de obra humana aun cuando algunos procesos podrían robotizarse, precisamente por el impacto que tendría en el empleo.

¿Por qué Enrique Michel decidió no automatizar el empaque?

El caso que se ha difundido se refiere particularmente al empaque y envoltura del mazapán. De acuerdo con el relato publicado en 2025, el empresario enfrentó la posibilidad de adquirir maquinaria que permitiría hacer el proceso de manera más rápida y barata.

Sin embargo, la decisión cambió cuando Michel Velasco observó el impacto que esa sustitución tendría en personas que llevaban años trabajando en la empresa. La historia incluye el testimonio de una trabajadora que le agradeció que su empleo le hubiera permitido sacar adelante a sus hijos.

El propio empresario ha resumido su filosofía empresarial alrededor de una idea: el valor de una compañía no debe medirse únicamente por sus números, sino también por las personas que dependen de ella. En otra entrevista, señaló que Dulces De la Rosa pertenece también a la comunidad y que el trabajo debe beneficiar a las personas.

Es importante hacer una precisión: no hay evidencia pública suficiente para afirmar que la empresa haya detenido toda su modernización tecnológica. De hecho, Dulces De la Rosa señala oficialmente que incorpora tecnología de la industria confitera y realiza procesos de innovación.

Por ello, el caso debe entenderse como una decisión de mantener personas en determinados procesos, no como un rechazo general a la tecnología.

Enrique Michel Velasco celebrando con sus trabajadores  que Dulces de la Rosa estableció un nuevo récord mundial Guinness con un mazapán de 10 toneladas en Los Ángeles. Foto: Página oficial pública de Enrique Michel Velasco

¿Cuántos trabajadores tiene Dulces De la Rosa?

La dimensión del tema también ayuda a entender por qué el empleo ocupa un lugar importante en el discurso de la compañía.

En su sitio oficial, Dulces De la Rosa reporta más de 2 mil 500 empleados, tres plantas de producción y un centro de distribución. La empresa señala además que tiene presencia en México y exportaciones a mercados como Estados Unidos, Canadá, Centroamérica, Europa y Medio Oriente.

Otras publicaciones han manejado cifras superiores de trabajadores, pero existe una discrepancia entre esas referencias y el dato que actualmente aparece en el sitio oficial. Por eso, para esta nota se toma como referencia la cifra corporativa de más de 2 mil 500 empleados.

La compañía también se presenta como una empresa socialmente responsable y fundada en 1949. Su catálogo incluye, además del mazapán, chocolates, gomitas, cacahuates, chicles, caramelos, paletas y productos de tamarindo.

¿Qué tiene que ver esto con la automatización y la inteligencia artificial?

La decisión de Michel Velasco resulta relevante porque plantea una discusión que va mucho más allá de una fábrica de dulces: qué debe ocurrir cuando una tecnología permite producir más con menos trabajadores.

Automatizar puede aumentar la productividad, reducir determinados costos y hacer más eficientes algunos procesos. Pero cuando una máquina sustituye directamente una actividad que realizan personas, también puede modificar la cantidad y el tipo de empleos disponibles.

En el caso de Dulces De la Rosa, la postura expresada por su directivo coloca el empleo como una variable que debe considerarse junto con la productividad.

Para entender el debate, estos son algunos puntos clave:

  • Automatizar no significa necesariamente despedir: una empresa también puede utilizar tecnología para apoyar a sus trabajadores y no para sustituirlos.
  • La decisión depende del proceso: no todas las actividades tienen el mismo potencial de automatización ni generan el mismo impacto laboral.
  • La capacitación cobra importancia: cuando llegan nuevas tecnologías, los trabajadores pueden asumir funciones distintas si reciben formación adecuada.
  • La productividad y el empleo pueden entrar en tensión: una máquina puede reducir costos, pero la decisión empresarial también tiene consecuencias sociales.
  • La experiencia de una empresa no representa a toda la industria: el caso de De la Rosa es una postura empresarial particular, no una regla sobre cómo deben actuar todas las compañías.

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La postura de De la Rosa no significa rechazar la tecnología

Hay un elemento que conviene no perder de vista. Presentar la historia como una simple batalla entre “personas contra robots” sería impreciso.

La propia empresa afirma que apuesta por la innovación y que ha incorporado tecnología de otros países para mejorar sus procesos. Incluso la Confederación Patronal de la República Mexicana en Jalisco documentó una visita a su planta en la que Enrique Michel Velasco habló sobre la innovación necesaria para desarrollar maquinaria capaz de envolver el mazapán sin comprometer su calidad.

La diferencia está, entonces, en para qué se utiliza la tecnología y qué lugar ocupa el trabajador dentro de esa transformación.

Ese matiz también vuelve más interesante la decisión del empresario: no se trata de detener el avance tecnológico, sino de establecer un límite cuando la automatización implica sustituir directamente puestos que la empresa considera valiosos.

¿Qué puede aprender una empresa mexicana de este caso?

Para otras compañías, especialmente pequeñas y medianas empresas, la discusión puede servir para replantear la manera en que se implementan nuevas tecnologías.

Una estrategia de modernización no necesariamente tiene que comenzar con la pregunta de cuántas personas pueden ser reemplazadas. También puede partir de qué tareas son repetitivas, dónde puede reducirse el riesgo para los trabajadores y qué nuevas funciones pueden crearse con la tecnología.

En ese sentido, el caso de De la Rosa ofrece una ruta distinta: conservar determinados puestos, capacitar al personal y utilizar maquinaria donde realmente aporte valor.

No significa que ese modelo sea siempre viable. Una empresa también debe ser competitiva, rentable y capaz de responder a sus mercados. Pero sí demuestra que la automatización no tiene por qué plantearse exclusivamente como una sustitución de personas.

Mazapán de la Rosa.

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Una decisión empresarial que pone al trabajador en el centro

La historia de Enrique Michel Velasco resulta llamativa porque ocurre precisamente cuando la tecnología ofrece a las empresas herramientas cada vez más capaces de sustituir tareas humanas.

Dulces De la Rosa mantiene una operación tecnificada y, al mismo tiempo, sostiene una filosofía en la que el empleo tiene un peso importante. La información pública disponible respalda que la compañía utiliza tecnología e innovación, pero también que su dirección ha defendido mantener mano de obra humana en procesos que podrían robotizarse.

La gran cuestión es cuánto puede sostenerse este equilibrio frente a una industria cada vez más automatizada. Pero por ahora, la decisión de Michel Velasco deja una pregunta útil para otras empresas mexicanas: ¿cómo aprovechar la tecnología para producir mejor sin convertir al trabajador en el costo que primero debe eliminarse?

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