Un estudio con casi 9 mil adultos encontró más señales de daño vascular cerebral entre quienes consumían más alimentos ultraprocesados, como refrescos, cereales azucarados y sopas instantáneas, un hallazgo que pone atención en la dieta desde la mediana edad
Las resonancias magnéticas revelaron una mayor presencia de lesiones vasculares silenciosas entre quienes reportaron un consumo más alto de estos productos. Los investigadores advierten que hacen falta estudios de seguimiento para determinar si existe una relación causal

Los cambios que afectan a los vasos sanguíneos del cerebro no siempre provocan síntomas evidentes. Algunas lesiones pueden pasar inadvertidas y detectarse tiempo después mediante estudios de imagen, una característica que dificulta reconocerlas sin una evaluación médica. Ahora, una investigación realizada en Canadá encontró que estas señales eran más frecuentes entre los adultos que consumían mayores cantidades de alimentos ultraprocesados.
Según información publicada por The Seattle Times y los resultados del estudio difundido en la revista científica JAMA Network Open, los investigadores analizaron datos de 8,783 personas de entre 35 y 69 años que no tenían antecedentes de enfermedad cardiovascular. La investigación encontró que el grupo con el consumo más elevado de estos productos presentó 40% más probabilidades de mostrar señales de lesión vascular cerebral que el grupo con el consumo más bajo. El resultado representa una asociación estadística, no una prueba de que los alimentos hayan provocado directamente esas alteraciones.
Qué encontró la investigación sobre los ultraprocesados
El equipo científico examinó la relación entre la alimentación, la composición corporal, las imágenes del cerebro y el desempeño en pruebas cognitivas. Para conocer los hábitos alimentarios, los participantes respondieron cuestionarios sobre los productos que consumían; además, los investigadores analizaron imágenes obtenidas mediante resonancia magnética para identificar posibles alteraciones vasculares.
Los resultados mostraron que las personas ubicadas en el grupo de mayor consumo de ultraprocesados tenían más probabilidades de presentar lesiones vasculares cerebrales detectables mediante resonancia magnética. Estas alteraciones incluían pequeños infartos cerebrales que no habían provocado síntomas reconocibles y una presencia elevada de señales anormales en la sustancia blanca, tejido que participa en la comunicación entre distintas regiones del cerebro.
Los llamados infartos cerebrales silenciosos pueden producirse cuando se interrumpe el flujo sanguíneo en una zona pequeña del cerebro, sin que la persona advierta manifestaciones evidentes. Por su parte, las alteraciones de la sustancia blanca pueden reflejar daño en los vasos sanguíneos pequeños.
Aunque estos hallazgos pueden ser relevantes para la salud cerebral, no significan que todas las personas que consumen ultraprocesados desarrollarán lesiones ni que quienes los presentan necesariamente tendrán un accidente cerebrovascular.
Qué alimentos se consideran ultraprocesados
Los ultraprocesados son productos elaborados industrialmente que suelen incluir combinaciones de ingredientes, aditivos y métodos de fabricación poco habituales en la preparación doméstica. Suelen estar diseñados para facilitar el consumo, prolongar su conservación o modificar su sabor y textura.
Entre los ejemplos se encuentran:
- Refrescos y otras bebidas azucaradas.
- Cereales para el desayuno con alto contenido de azúcar.
- Botanas empaquetadas, galletas y dulces industriales.
- Sopas instantáneas y algunas comidas listas para calentar.
- Determinados productos cárnicos y alimentos preparados industrialmente.
La clasificación depende de la formulación y del procesamiento de cada producto, por lo que no basta con que un alimento venga en un empaque para considerarlo ultraprocesado.
En general, estos productos pueden contener cantidades elevadas de azúcares añadidos, sodio y grasas saturadas, aunque su composición varía. También pueden desplazar de la dieta alimentos frescos o mínimamente procesados, como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
El estudio también encontró diferencias en la grasa corporal
La investigación identificó una asociación entre un mayor consumo de ultraprocesados y una mayor cantidad de grasa corporal. Al comparar a quienes tenían el consumo más alto con quienes registraban el más bajo, el primer grupo presentó, en promedio, 1.7 puntos porcentuales más de grasa corporal y 5.7 mililitros más de tejido adiposo visceral.
La grasa visceral es la que se acumula alrededor de órganos internos, principalmente en el abdomen. Su presencia se relaciona con alteraciones metabólicas y con distintos factores de riesgo cardiovascular.
Los investigadores también evaluaron la grasa del hígado, pero no encontraron una diferencia estadísticamente significativa entre los grupos en ese indicador.
Estos resultados no permiten concluir que la grasa corporal explique por completo la relación observada con las lesiones cerebrales. La investigación fue de tipo transversal, es decir, examinó datos de alimentación y salud sin seguir a los participantes durante años para establecer qué ocurrió primero.
¿El consumo de ultraprocesados afecta la memoria?
Uno de los resultados que requiere atención es que los investigadores no encontraron una asociación significativa entre el consumo de ultraprocesados y el desempeño cognitivo en las pruebas aplicadas.
Para evaluar este aspecto, utilizaron instrumentos que miden capacidades como la función cognitiva general, la atención y la velocidad de procesamiento. En el análisis principal, una mayor ingesta de estos productos no se relacionó de manera significativa con peores resultados.
Esto no descarta que las alteraciones vasculares detectadas puedan tener relevancia a largo plazo. Las lesiones cerebrales silenciosas se han relacionado en investigaciones anteriores con un mayor riesgo de problemas cerebrovasculares y deterioro cognitivo, pero el estudio actual no demuestra que los participantes vayan a desarrollar esas complicaciones.
Por eso, los autores señalan la necesidad de realizar estudios longitudinales, que permitan observar a las personas durante un periodo prolongado y determinar si los cambios en la alimentación preceden a las lesiones o si intervienen otros factores.
Qué significa el hallazgo para la alimentación diaria
La investigación aporta información sobre posibles vínculos entre la dieta y señales tempranas de daño vascular cerebral, pero sus resultados deben interpretarse con cautela. Al tratarse de un estudio observacional, no permite establecer una relación de causa y efecto ni determinar cuánto cambiaría el riesgo individual si una persona redujera su consumo de ultraprocesados.
Además, los participantes eran adultos canadienses de entre 35 y 69 años sin enfermedad cardiovascular conocida, por lo que los resultados no representan automáticamente a todas las edades ni a todas las poblaciones.
Como orientación general de salud pública, conviene priorizar una alimentación variada que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otros alimentos mínimamente procesados, y moderar el consumo frecuente de productos con grandes cantidades de azúcar, sodio o grasas saturadas. Las necesidades alimentarias individuales pueden variar según el estado de salud y las recomendaciones de profesionales sanitarios.
El hallazgo principal es que el consumo más elevado de ultraprocesados se relacionó con una mayor presencia de señales de lesión vascular cerebral en las imágenes médicas. Sin embargo, todavía se necesita más investigación para saber si existe una relación causal y cuáles podrían ser sus consecuencias a largo plazo.
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