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Blockbuster fue fundada en 1985 y se convirtió en un imperio internacional durante la era dorada del VHS y DVD, antes de que internet transformara para siempre nuestra relación con el cine en casa y colapsara inevitablemente frente a Netflix y el streaming

El recuerdo de las tiendas donde pasábamos horas eligiendo películas revela cómo cambió nuestra relación con el entretenimiento y por qué el ritual del fin de semana sigue vivo en la memoria colectiva.

Blockbuster fue fundada en 1985 y se convirtió en un imperio internacional durante la era dorada del VHS y DVD, antes de que internet transformara para siempre nuestra relación con el cine en casa y colapsara inevitablemente frente a Netflix y el streaming

Hubo una época en la que ver una película en viernes por la noche, o todo el fin de semana (por qué no), no implicaba deslizar el dedo por una pantalla táctil u oprimir monótonamente la flecha del control remoto, sino caminar por pasillos alfombrados, oler a palomitas recién hechas y debatir durante minutos frente a los estantes de un Blockbuster cuál sería la elegida.

Fundada en 1985 en Dallas, Texas, la cadena se convirtió en el epicentro mundial del entretenimiento casero, expandiéndose por decenas de países —incluido México, donde operó bajo el cobijo de Grupo Salinas— hasta tejer una red global de miles de tiendas físicas.

Hoy, recordar ese imperio no es solo repasar una quiebra corporativa o la victoria inevitable de internet, sino reencontrarnos con un ritual social que definió a toda una generación y transformó la cultura pop para siempre.

El nacimiento del gigante que revolucionó el cine en casa

La historia de Blockbuster comenzó a escribirse a mediados de los años ochenta, cuando el mercado de la renta de video casero era fragmentado, operado por pequeños negocios locales con catálogos limitados y desorganizados. David Cook, fundador de la compañía, apostó por un sistema informático avanzado y un inventario masivo que multiplicaba las copias de los estrenos más populares... Y este modelo de negocio cambió por completo las reglas del juego.

Blockbuster Hermosillo hecho con IA. Gemini

Con el respaldo financiero de figuras como Wayne Huizenga, la marca creció de forma exponencial a través de adquisiciones y franquicias internacionales. Para la década de 1990, Blockbuster ya no era solo una tienda de conveniencia fílmica; se había consolidado como un monstruo transnacional con presencia en América Latina, Europa y Asia, convirtiendo el formato físico en el estándar indiscutible de cómo las familias consumían cine fuera de las salas de cine.

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Cuando ir por una película era toda una aventura

En México, la llegada de Blockbuster se convirtió en un auténtico hito urbano. Las sucursales ubicadas en esquinas estratégicas de las principales ciudades y colonias se transformaron en puntos de reunión obligados. Era el destino favorito de las familias, las parejas y los grupos de amigos cada fin de semana (¿recuerdas las pijamadas con tus amigos, con unas dos o tres películas elegidas por todos para ver después de jugar al GameCube, Play Station o Nintendo 64?).

Hubo una época en la que ver una película los viernes por la noche no implicaba deslizar el dedo por una pantalla táctil, sino caminar por pasillos alfombrados, oler a palomitas recién hechas y debatir durante minutos frente a los estantes de un Blockbuster. Foto: Especial

Cruzar la puerta automática significaba sumergirse en mundos ordenado en diferentes universos (¿tú también ibas directo a las de Horror?): hojear las portadas de cartón de los VHS y, posteriormente, de los DVD, buscar los estrenos más codiciados —con la esperanza de que hubiera al menos una copia disponible en la sección de “Nuevos Lanzamientos”— y decidir si se acompañaría la función con dulces o palomitas de la marca.

El recuerdo de las tiendas donde pasábamos horas eligiendo películas revela cómo cambió nuestra relación con el entretenimiento y por qué el ritual del fin de semana sigue vivo en la memoria colectiva. Foto: Archivo GH

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Cruzar la puerta automática significaba sumergirse en un universo de expectativas: hojear las portadas de cartón de los VHS y, posteriormente, de los DVD, buscar los estrenos más codiciados —con la esperanza de que hubiera al menos una copia disponible en la sección de "Nuevos Lanzamientos"— y decidir si se acompañaría la función con dulces o palomitas de la marca. Foto: Archivo GH

Para millones de mexicanos, la tarjeta plástica de membresía azul y amarilla era un pase a la libertad de elegir. Sin embargo, este ritual también venía acompañado de pequeños dilemas cotidianos: el temor latente a la multa por entrega tardía, la urgencia de rebobinar la cinta antes de devolverla para evitar recargos, o la frustración de encontrar la caja vacía en el estante porque alguien más se había llevado la última copia de la película de moda.

En México, la llegada de Blockbuster se convirtió en un auténtico hito urbano. Las sucursales ubicadas en esquinas estratégicas de las principales ciudades y colonias se transformaron en puntos de reunión obligados. Era el destino favorito de las familias, las parejas y los grupos de amigos cada fin de semana. Foto: Archivo GH

La llegada de Netflix y cómo el streaming apagó las luces de Blockbuster

A finales de los años 2000, el panorama tecnológico comenzó a cambiar a una velocidad vertiginosa. Mientras el mundo físico operaba con la inercia de los contratos de arrendamiento y las tiendas presenciales, una incipiente empresa llamada Netflix comenzó a ganar terreno ofreciendo un servicio de renta de DVD por correo postal, sin cargos por retraso.

Blockbuster, atrapada en su enorme infraestructura de costos fijos y con una deuda corporativa considerable, subestimó el impacto de la digitalización y el crecimiento de la banda ancha. Aunque intentó adaptarse lanzando servicios de entrega a domicilio y su propia plataforma digital tarde en la partida, la tormenta perfecta se consumó: la comodidad del streaming y la inmediatez de la descarga bajo demanda hicieron que las tiendas físicas perdieran su rentabilidad.

En 2010, Blockbuster se declaró en bancarrota en Estados Unidos, y de manera paulatina las sucursales en México y el resto del mundo comenzaron a cerrar sus cortinas, dejando vacíos en los espacios urbanos que antes vibraban con vida los fines de semana.

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¿Qué queda de Blockbuster hoy y por qué seguimos extrañando sus pasillos?

Hoy en día, las antiguas ubicaciones de Blockbuster se han convertido en sucursales bancarias, farmacias, tiendas de conveniencia o estacionamientos, borrando casi por completo su huella física, a excepción de la emblemática y última tienda sobreviviente en Bend, Oregón, convertida en un santuario de la cultura retro.

Sin embargo, el verdadero legado de Blockbuster sobrevive en la memoria emocional de quienes vivieron esa época.

En redes sociales como Instagram y TikTok, las fotografías y videos de aquellos pasillos iluminados con neón generan millones de interacciones, reflejando una profunda nostalgia colectiva.

Blockbuster Hermosillo

Aquel ritual de tomarse el tiempo para elegir una película en compañía, conversar con el personal del mostrador y debatir sobre qué historia ver durante la noche contrasta con la actual fatiga de las plataformas de streaming, donde la abundancia infinita de opciones a menudo nos deja solos frente a una pantalla sin lograr decidir nada.

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