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El conglomerado de Ricardo Salinas Pliego fue quien operó las sucursales de Blockbuster en México en los años 90 y convirtió la renta de películas en un negocio multimillonario que terminó transformándose en The B Store antes de sucumbir ante el empuje definitivo del streaming

La gestión de la cadena por parte del conglomerado de Ricardo Salinas Pliego marcó el pulso del entretenimiento casero en México, reflejando las dificultades corporativas para sobrevivir a la disrupción tecnológica.

El conglomerado de Ricardo Salinas Pliego fue quien operó las sucursales de Blockbuster en México en los años 90 y convirtió la renta de películas en un negocio multimillonario que terminó transformándose en The B Store antes de sucumbir ante el empuje definitivo del streaming

Durante más de dos décadas, las sucursales de Blockbuster formaron parte del paisaje urbano en cientos de ciudades mexicanas bajo la administración de Grupo Salinas.

Lo que comenzó como una promesa de entretenimiento sin precedentes evolucionó a través de complejas estrategias comerciales que intentaron sostener un modelo de negocio físico frente al avance inevitable del streaming y la digitalización global.

Analizar este periodo permite comprender no solo la historia de una marca icónica, sino también las decisiones empresariales que definieron el consumo cultural en el México de finales de los noventa y principios de los dos mil.

¿Cómo fue la llegada de Blockbuster a México bajo el control corporativo de Grupo Salinas?

La expansión de la cadena estadounidense en territorio mexicano se consolidó gracias a la visión de los grandes conglomerados comerciales del país, que identificaron en la renta de películas en formato VHS y DVD un mercado altamente lucrativo.

Bajo la dirección de Grupo Salinas, conglomerado del empresario Ricardo Salinas Pliego, las tiendas adoptaron una estructura estandarizada que replicaba el éxito norteamericano: pasillos kilométricos, estrenos asegurados, membresías plásticas y un esquema de operación masiva que transformó los hábitos de fin de semana de las familias mexicanas.

Las sucursales no solo competían por catálogo, sino por ubicación estratégica en plazas comerciales y avenidas principales, convirtiéndose en puntos de encuentro donde la experiencia de elegir un título formaba parte de la vida cotidiana.

Ricardo Salinas Pliego busca en Londres recuperar activos ligados a un presunto fraude de 450 millones de dólares con acciones de Grupo Elektra. (El Universal)

Sin embargo, la gran infraestructura necesaria para mantener miles de metros cuadrados de inventario físico comenzó a representar un desafío financiero conforme el mercado global de los medios de comunicación empezó a cambiar de rumbo.

Te puede interesar: Blockbuster fue fundada en 1985 y se convirtió en un imperio internacional durante la era dorada del VHS y DVD, antes de que internet transformara para siempre nuestra relación con el cine en casa y colapsara inevitablemente frente a Netflix y el streaming

¿Por qué el imperio de los videoclubs comenzó a tambalearse frente al avance del streaming y la era digital?

A finales de la década de los 2000, la industria del entretenimiento global sufrió una transformación radical impulsada por la banda ancha y la aparición de plataformas de video bajo demanda como Netflix, además de servicios de renta postal o digital.

Mientras los consumidores comenzaban a preferir la comodidad de reproducir contenido de manera instantánea desde sus hogares sin pagar multas por retraso, las tiendas físicas cargaban con elevados costos operativos, pago de rentas comerciales y una logística compleja de inventarios.

A nivel internacional, la matriz de Blockbuster se declaró en bancarrota en 2010, y aunque en México la operación resistió durante algunos años más bajo el cobijo de Grupo Salinas, la presión del mercado digital hizo insostenible el modelo de negocio tradicional, obligando al corporativo a replantear el futuro de sus sucursales ante la caída drástica en las rentas físicas.

¿Qué fue The B Store y por qué el intento de rescate de Grupo Salinas no logró sobrevivir?

En septiembre de 2015, Grupo Salinas anunció oficialmente que había decidido no renovar la licencia de uso de las marcas Blockbuster y Game Rush en el país. En su lugar, el corporativo apostó por un cambio de identidad comercial al lanzar The B Store, un concepto renovado que buscaba integrar la renta y venta de películas y videojuegos con un enfoque más adaptado a las tendencias del momento.

A pesar del esfuerzo por diversificar la oferta con tecnología, gadgets y conectividad a través de espacios como GIK Zone, el proyecto no logró frenar la inercia del mercado digital. Para finales de 2016, las pocas sucursales que quedaban abiertas comenzaron procesos de liquidación de inventarios y cierres definitivos, marcando el punto final de una era en la historia del comercio y el entretenimiento en México.

The B Store. Grupo Salinas.

¿Cómo impactó el cierre de los videoclub en los hábitos de consumo de los hogares mexicanos?

La desaparición de las tiendas físicas modificó profundamente la forma en que las audiencias descubren y valoran el contenido audiovisual. El acto de socializar frente a un anaquel o debatir sobre qué ver un viernes por la noche dio paso a la hiperpersonalización de los algoritmos de recomendación en las pantallas domésticas.

Para los consumidores mexicanos, el adiós a este modelo significó el cierre de un espacio comunitario urbano, acelerando la transición definitiva hacia la suscripción digital y redefiniendo para siempre la relación entre las grandes corporaciones de medios y el público consumidor.

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