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El aire acondicionado puede salvar miles de vidas durante las olas de calor, pero su uso masivo también aumenta el calor en las ciudades y eleva el consumo de energía

El uso de aire acondicionado ayuda a reducir las muertes relacionadas con el calor, pero también aumenta la demanda de energía y puede intensificar las altas temperaturas en las ciudades.

El aire acondicionado puede salvar miles de vidas durante las olas de calor, pero su uso masivo también aumenta el calor en las ciudades y eleva el consumo de energía

Los veranos son cada vez más cálidos y las olas de calor se han vuelto más frecuentes, intensas y prolongadas, con temperaturas que en distintos lugares alcanzan nuevos récords.

Ante estas condiciones, el aire acondicionado se ha convertido en una de las principales herramientas para proteger a las personas del calor extremo.

Sin embargo, esta solución tiene una paradoja. El aire acondicionado puede ayudar a salvar vidas, pero su uso también tiene un costo para las ciudades y el medio ambiente, especialmente cuando cada vez más personas dependen de estos equipos para soportar las altas temperaturas.

Un estudio publicado en agosto de 2026 en la revista Nature Health analizó el uso del aire acondicionado en Estados Unidos entre 2010 y 2020 y encontró que estos sistemas evitan cada año más de 5 mil muertes relacionadas con el calor.

Esto significa que el aire acondicionado dejó de ser únicamente una herramienta de comodidad para convertirse en un elemento importante para enfrentar temperaturas extremas.

El aire acondicionado ayuda a reducir las muertes por calor

El crecimiento de la infraestructura que permite contar con aire acondicionado central ha sido especialmente importante durante los periodos de temperaturas extremas.

En estos escenarios, mantener una temperatura adecuada dentro de los hogares y otros espacios puede representar una diferencia importante para las personas expuestas al calor intenso.

El estudio citado señala que más de 5 mil muertes relacionadas con el calor se evitan cada año gracias al uso de estos sistemas en Estados Unidos.

Pero que el aire acondicionado ayude a reducir las consecuencias de las olas de calor no significa que sea una solución definitiva al calentamiento de las ciudades.

El problema aparece cuando aumenta la dependencia de estos equipos al mismo tiempo que las temperaturas continúan subiendo.

¿Por qué el aire acondicionado puede aumentar el calor en las ciudades?

La mayoría de los sistemas de aire acondicionado no hacen desaparecer el calor, sino que lo trasladan del interior de los edificios hacia el exterior.

Esto significa que mientras una persona consigue reducir la temperatura dentro de su casa, el calor extraído del espacio termina siendo expulsado hacia el entorno urbano.

A esto se suma el consumo de electricidad necesario para mantener funcionando los equipos. Una mayor demanda de aire acondicionado significa también una mayor demanda energética, lo que puede contribuir al incremento de emisiones.

El problema se vuelve más evidente en ciudades densamente urbanizadas, donde además del aire acondicionado existen otras fuentes de calor generadas por la actividad humana, como los automóviles, las industrias y los edificios.

De esta manera puede generarse un ciclo difícil de romper: cuanto más calor hace, más se utiliza el aire acondicionado; y mientras más equipos funcionan, mayor puede ser el calor que se expulsa al entorno urbano.

El calor también aumenta la desigualdad entre quienes tienen aire acondicionado y quienes no

El impacto no se distribuye de la misma manera entre toda la población.

El calor residual que los equipos expulsan hacia las calles puede afectar especialmente a personas que trabajan al aire libre, transeúntes y habitantes que no pueden permitirse instalar o utilizar un sistema de aire acondicionado.

A esto se suma el costo de la electricidad. Mientras algunas personas pueden mantener encendidos sus equipos durante una ola de calor, otras tienen que limitar su uso por el aumento de la factura eléctrica.

Esta situación se relaciona con la llamada desigualdad energética, que se vuelve más evidente cuando la refrigeración deja de ser únicamente una cuestión de comodidad y comienza a ser necesaria para enfrentar temperaturas extremas.

Foto: La Cronica

La demanda de refrigeración podría crecer durante las próximas décadas

El problema puede aumentar conforme los veranos sean más cálidos. De acuerdo con la información proporcionada, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente prevé que la demanda mundial de refrigeración se triplique para 2050.

Este crecimiento podría ejercer una mayor presión sobre las redes eléctricas y contribuir al aumento de las emisiones relacionadas con la refrigeración.

Las emisiones asociadas a estos sistemas podrían alcanzar 7 mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero durante los próximos 25 años, de acuerdo con la información citada.

Por ello, el desafío no consiste simplemente en dejar de utilizar el aire acondicionado, sino en encontrar formas de refrigerar los espacios con un menor impacto ambiental y energético.

¿Qué alternativas existen para reducir el uso del aire acondicionado?

Entre las propuestas de refrigeración sostenible se encuentran medidas como mejorar la ventilación natural, aumentar la vegetación en las ciudades, utilizar materiales que reflejen el calor y desarrollar sistemas de enfriamiento más eficientes.

Estas alternativas buscan reducir la cantidad de energía necesaria para mantener temperaturas adecuadas y, al mismo tiempo, disminuir el calor que se acumula en los entornos urbanos.

El objetivo es evitar que las ciudades dependan cada vez más de una solución que resulta necesaria durante las olas de calor, pero que también puede contribuir al problema cuando su uso aumenta de manera constante.

Una solución necesaria que también plantea un problema

El aire acondicionado cumple actualmente una función importante para proteger a la población durante episodios de calor extremo. Para muchas personas, contar con refrigeración puede marcar una diferencia entre soportar una ola de calor y sufrir consecuencias graves para la salud.

Pero el aumento de las temperaturas genera una paradoja: cuanto más calor hace, más necesario se vuelve utilizar estos sistemas y, al mismo tiempo, mayor es su impacto energético y ambiental.

Por eso, el reto a largo plazo no consiste únicamente en instalar más equipos de aire acondicionado, sino en reducir la necesidad de refrigeración y encontrar alternativas que permitan mantener las ciudades habitables sin aumentar todavía más el calor que enfrentan sus habitantes.

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