Lo llevaron a Hawái en 1825 como una opción para alimentar a la población y terminó convertido en una especie invasora que ahora investigadores buscan controlar con drones e insectos
El insecto utilizado para frenar su expansión se alimenta exclusivamente del guayabo de fresa y ha mostrado resultados positivos, mientras los drones permiten distribuirlo con mayor rapidez en las zonas de difícil acceso.

Lo que comenzó en 1825 como un intento por llevar una nueva fuente de alimento a Hawái terminó convirtiéndose en un problema ambiental.
El guayabo de fresa, originario de Brasil, llegó al archipiélago hace unos 200 años y actualmente es considerado una de las plantas invasoras más agresivas de la región, debido a que desplaza a la vegetación nativa y modifica la estructura del bosque tropical, de acuerdo con la organización Plant Pono.
Ante la expansión de esta especie, un equipo de investigadores de Estados Unidos puso a prueba una estrategia poco convencional: utilizar drones para distribuir insectos capaces de atacar específicamente al guayabo de fresa. El método fue analizado frente a la aplicación tradicional en tierra en un estudio publicado en Journal of Economic Entomology.
La investigación fue realizada por Ryan L. Perroy, Roberto Rodríguez III, M. Tracy Johnson y Olivia Jarvis, quienes compararon la efectividad y el tiempo necesario para distribuir el agente de control biológico mediante drones y con métodos manuales.
¿Qué insecto utilizan para combatir al guayabo de fresa?
El protagonista de esta estrategia es Tectococcus ovatus, un insecto formador de agallas originario de Brasil que se alimenta exclusivamente del guayabo de fresa. Las autoridades de Hawái aprobaron su uso y lo introdujeron en la isla en 2012 como una herramienta específica para combatir la expansión de esta planta invasora.
El insecto se reproduce dentro de pequeñas estructuras conocidas como agallas, que son colocadas en las hojas del árbol mediante unas bolitas que se cuelgan de las ramas. Una vez que una planta es colonizada, las agallas pueden propagarse por sí mismas hacia otras partes de la copa.
Los resultados observados en una zona de prueba de la isla de Hawái muestran el avance de este método. La colonia introducida en 2017 presentaba agallas visibles en 23.1% de los árboles fotografiados en 2021, pero para 2024 la presencia había aumentado hasta alcanzar al 100% de los guayabos de fresa de esa misma zona.

¿Por qué utilizan drones para combatir al árbol invasor?
Uno de los principales problemas para distribuir el insecto es el terreno donde crece el guayabo de fresa. Llevar el tratamiento a pie implica utilizar caminos y pasar horas caminando por bosques densos, lo que deja fuera de alcance algunas de las zonas más remotas afectadas por la invasión.
Por ello, los investigadores desarrollaron un sistema de cuatro unidades instalado sobre drones para lanzar desde el aire las pequeñas bolitas que contienen al insecto. La idea era cubrir más árboles en menos tiempo y llegar a lugares donde el trabajo terrestre resulta complicado.
En una prueba realizada con 129 árboles de la Reserva Forestal Ola’a, el sistema manual consiguió colocar las bolitas en el 97.6% de los intentos, mientras que el dron alcanzó una tasa de 86.6%. Aunque la pértiga tuvo una mayor precisión en ese primer paso, el dron fue considerablemente más rápido.
El tratamiento con dron necesitó 2.8 minutos por árbol, frente a los 12 minutos que requirió el método manual. Esto representó una reducción del 77% en el tiempo necesario para realizar la aplicación.
La diferencia también se reflejó en los resultados obtenidos un año después. El 63% de los árboles tratados con el dron habían sido colonizados con éxito, frente al 38% de los árboles tratados mediante la técnica manual.
¿Cómo planean utilizar drones más grandes?
Los investigadores también probaron sistemas con una mayor capacidad de distribución. Para ello utilizaron drones equipados con 16 y 54 unidades, a los que bautizaron con el nombre hawaiano Kūhualūlū, y compararon sus resultados con la distribución manual realizada desde un helicóptero Hughes 500.
En esta prueba, las tasas de éxito fueron similares. El sistema Kūhualūlū consiguió colocar las bolitas en el 71.6% de los casos, mientras que el lanzamiento desde el helicóptero alcanzó el 68%.
La diferencia apareció en la precisión de los lanzamientos. La distancia máxima respecto al punto elegido fue de 2.83 metros con el dron, mientras que en el caso del helicóptero llegó a 8.24 metros.
Los investigadores calcularon además la magnitud del desafío. En Hawái existen unas 475 mil hectáreas ocupadas por guayabo de fresa y, utilizando una cuadrícula con un kilómetro de separación entre cada punto de aplicación, cubrir toda esa superficie requeriría aproximadamente 4 mil 750 lanzamientos y unas 92.5 horas de vuelo en helicóptero.
Una estrategia para llegar a las zonas más difíciles
A partir de las pruebas realizadas, los investigadores concluyeron que el despliegue aéreo permite distribuir el agente de control biológico con mayor rapidez que el método terrestre tradicional. La principal ventaja aparece en las áreas donde la vegetación y la falta de caminos dificultan el acceso de los equipos.
El objetivo es utilizar esta tecnología para ampliar el alcance del insecto que combate al guayabo de fresa y contener una especie que, dos siglos después de haber llegado a Hawái con fines alimentarios, se ha convertido en una amenaza para la vegetación nativa del archipiélago.
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