De guardar hilos en latas de galletas a poner frijoles en botes de nieve, una costumbre arraigada donde el envase casi nunca guarda lo que promete: ¿por qué los mexicanos reutilizamos tanto?
La “bolsa de las bolsas”, los frascos convertidos en recipientes y los botes que terminan guardando otra comida forman parte de una práctica doméstica que incluso aparece en los datos del Inegi.

MÉXICO.- Abrir una lata de galletas y encontrar hilos, buscar nieve y descubrir frijoles o sacar del refrigerador un bote de crema que en realidad contiene salsa son escenas reconocibles en muchos hogares mexicanos. A ellas se suma otro clásico: una bolsa grande utilizada exclusivamente para guardar decenas de bolsas más pequeñas.
Más que una colección de memes o anécdotas familiares, detrás existe una práctica medible: conservar objetos que todavía pueden cumplir otra función antes de desecharlos. El fenómeno abarca bolsas, frascos, cajas, latas y recipientes de alimentos, y los datos disponibles muestran que la reutilización ha tenido una presencia considerable en los hogares del país.
LA “BOLSA DE LAS BOLSAS” APARECE HASTA EN LAS ESTADÍSTICAS
La famosa bolsa utilizada para guardar otras bolsas parece una costumbre demasiado cotidiana para aparecer en una estadística oficial, pero el Módulo de Hogares y Medio Ambiente (MOHOMA) 2017 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ofrece una pista sobre su alcance.
En ese levantamiento, 67.7% de los hogares mexicanos declaró reutilizar bolsas de plástico. Los envases de vidrio o plástico fueron reutilizados por 35.1%; las hojas de papel, por 29.6%; las cajas de cartón o madera, por 24.5%, y los botes de lata, por 10%. Los datos corresponden a 2017 y en el ejercicio un mismo hogar podía mencionar más de una clase de material.
La práctica también coincide con lo que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales considera reutilización. Según la guía de Semarnat para reducir residuos, antes de desechar un artículo puede encontrársele otra función; entre sus propios ejemplos están utilizar nuevamente las bolsas del supermercado, transformar latas y conservar frascos de vidrio para guardar otros objetos.

DE LA LATA DE GALLETAS AL BOTE DE NIEVE
Una característica de esta costumbre es que el recipiente suele durar más que aquello para lo que fue comprado originalmente.
La lata que llegó llena de galletas puede pasar años convertida en costurero. El bote de nieve puede quedarse en el congelador después de acabarse el postre y reaparecer lleno de frijoles. Un frasco puede terminar con semillas, especias, tornillos o monedas. Una caja de zapatos puede convertirse en archivo de fotografías, documentos o cables.
Los ejemplos más reconocibles incluyen:
- Latas de galletas con hilos, agujas, botones y otros artículos de costura.
- Botes de nieve con frijoles, mole, caldo o comida preparada.
- Recipientes de crema o yogur con salsa, guisos o sobras.
- Frascos de café, mayonesa o conservas utilizados para semillas, especias u objetos pequeños.
- Cajas de zapatos con fotografías, papeles, cables o herramientas.
- Bolsas de regalo que pasan de una celebración a otra.
- Y la conocida “bolsa de las bolsas”.
No todos estos usos aparecen individualmente en las estadísticas, pero comparten la misma lógica: el empaque deja de ser visto como desecho cuando todavía parece útil.

¿POR QUÉ LOS MEXICANOS REUTILIZAMOS TANTO?
No existe evidencia suficiente para atribuir esta práctica nacional a una sola causa ni para afirmar que todos los hogares la realizan por ahorro, conciencia ambiental o tradición.
Investigaciones desarrolladas desde la Universidad de Sonora permiten, sin embargo, entender algunos de los factores que pueden intervenir.
Un estudio de Víctor Corral-Verdugo sobre reutilización y reciclaje en el noroeste de México observó a 100 familias y encontró que la reutilización se practicaba más que el reciclaje dentro de esa muestra. Entre los elementos analizados estuvieron las motivaciones, conocimientos y habilidades de las personas, además de factores como ingresos, educación, lugares disponibles para almacenar objetos y acceso a recolectores de materiales reciclables.
Los resultados señalaron particularmente las motivaciones y las habilidades para conservar y reutilizar objetos como factores asociados directamente con esas prácticas. El estudio fue publicado en 1996.
Otra investigación realizada con 200 personas del norte de México analizó factores como el tamaño de los hogares, disponibilidad de servicios de reciclaje, espacios para almacenar objetos y motivos de conservación. Sus resultados apuntaron a que no existe una explicación única, pues las distintas formas de reutilizar y reciclar dependen de combinaciones de factores personales y del entorno.
Así, detrás de conservar un bote puede existir algo tan sencillo como disponer de un recipiente que todavía cierra correctamente y evitar comprar otro para cumplir exactamente la misma función. En otros casos intervienen hábitos aprendidos dentro de la familia, disponibilidad de espacio o intención de producir menos residuos.
REUTILIZAR NO ES LO MISMO QUE RECICLAR
Aunque ambas acciones suelen colocarse juntas, significan cosas diferentes.
La Semarnat explica dentro de las llamadas tres “R” que reutilizar consiste en aprovechar nuevamente un producto antes de desecharlo, mientras que reciclar supone recuperar materiales para incorporarlos nuevamente a un proceso productivo.
Por eso, guardar frijoles en un bote de nieve es reutilización, mientras que depositar ese recipiente en un sistema donde el plástico será procesado para fabricar otros productos corresponde al reciclaje.
En estudios más recientes también continúa apareciendo esta conducta. Una investigación sobre consumo sustentable entre estudiantes universitarios de Hermosillo publicada en 2023 encontró entre las prácticas mencionadas por participantes la reutilización de empaques de productos alimenticios y el aprovechamiento de productos durante su vida útil.
UNA COSTUMBRE QUE YA LLEGÓ A LA PUBLICIDAD
La reutilización de recipientes es tan reconocible que incluso comenzó a aparecer en campañas comerciales. Esta semana, la cuenta oficial de Lala México publicó en Facebook imágenes de botes de crema con un espacio identificado como “Aquí se guarda:”, retomando la conocida escena de abrir el refrigerador y encontrar salsa u otra comida donde se esperaba crema.
La publicación los presenta como “Mexi-Containers” y utiliza frases como “Una segunda vida sin sorpresas”. Sin embargo, el post no aclara si se trata de un cambio permanente del empaque ni cuál sería su distribución, por lo que funciona principalmente como otro ejemplo de cómo esta costumbre doméstica pasó también al lenguaje de las redes y la publicidad.
REUTILIZAR SÍ, PERO NO PARA CUALQUIER USO
Dar una segunda vida a un recipiente no significa que sea adecuado para todo. El Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria de Estados Unidos recomienda utilizar en microondas únicamente envases diseñados para soportar ese tipo de calentamiento.
En México, el Reglamento de Control Sanitario de Productos y Servicios también prohíbe reutilizar para alimentos recipientes que anteriormente hayan contenido medicamentos, productos de aseo, plaguicidas o sustancias tóxicas. Reutilizar puede prolongar la vida de un objeto, pero el nuevo uso debe ser compatible con el material y con aquello que contenía originalmente.
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