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Estudiantes mexicanos desarrollan un sistema que convierte el residuo de las tortillerías en energía, agua reutilizable y un material usado en aplicaciones dentales y biomédicas

El proyecto aprovecha el nejayote, un líquido que se genera al procesar el maíz y que suele terminar en el drenaje, para recuperar sus componentes y darles nuevos usos.

Estudiantes mexicanos desarrollan un sistema que convierte el residuo de las tortillerías en energía, agua reutilizable y un material usado en aplicaciones dentales y biomédicas

La producción de tortillas genera diariamente grandes cantidades de nejayote, el líquido que queda después de cocinar y lavar el maíz durante la nixtamalización.

Aunque este residuo suele terminar en el drenaje o esparcido sobre la tierra, un proyecto de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Tecnológico de Monterrey busca aprovechar sus componentes para obtener materiales, energía y agua que pueda volver a utilizarse.

En México existen alrededor de 130 mil tortillerías, y cada una utiliza en promedio siete litros de agua para producir un kilogramo de tortilla.

Por cada 200 kilogramos de maíz procesado pueden generarse entre 1,400 y 1,500 litros de nejayote. En plantas industriales como Gruma y Minsa, el volumen llega hasta 200 metros cúbicos diarios, equivalente a unas 20 pipas de agua.

El proyecto desarrollado por ambas instituciones propone tratar este residuo para recuperar hidroxiapatita, un material utilizado en aplicaciones dentales y biomédicas; producir biogás con más de 70% de metano, que puede emplearse para generar calor o electricidad; y obtener agua tratada que puede reutilizarse en actividades que no requieren agua potable.

¿Qué problema representa el nejayote?

El nejayote sin tratamiento suele desecharse en las alcantarillas. De acuerdo con Pabel Cervantes, investigador del Núcleo de Clima y Sostenibilidad de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey y fundador del proyecto, cuando permanece estancado puede fermentar y producir malos olores.

Además, su contenido de calcio puede acumularse en las tuberías y formar sarro. El mismo problema puede presentarse cuando se utiliza directamente sobre el suelo: productores que lo emplean para regar jardines o huertas han observado que, en grandes cantidades, puede volver la tierra más dura y alcalina.

Cervantes explicó que el proyecto surgió a partir de investigaciones que analizaban el nejayote como una posible fuente de proteínas. Sin embargo, observó que esos procesos se concentraban en recuperar determinados componentes y dejaban pendiente el tratamiento del agua residual.

A partir de ello, el equipo planteó separar primero el calcio y la alcalinidad para poder tratar de manera integral el líquido y aprovechar sus diferentes componentes.

“Este proyecto es un hito porque permite aprovechar por separado los distintos componentes de un desecho líquido con una alta carga de contaminantes”, señaló Cervantes. La separación, agregó, permite dar nuevos usos a los subproductos y abre posibilidades para llevarlos a distintos mercados.

¿Cómo convierten el nejayote en materiales, energía y agua?

El proceso comienza con la recuperación del calcio. Mediante un proceso de precipitación, este mineral se transforma en hidroxiapatita con una pureza de 95%.

El sistema permite obtener entre 12 y 16 gramos de hidroxiapatita por cada litro de nejayote tratado. Retirar el calcio desde esta primera etapa también ayuda a reducir el riesgo de acumulación de minerales en las tuberías y en los suelos agrícolas.

Después, el líquido pasa por una digestión anaeróbica, un proceso en el que microorganismos descomponen la materia orgánica que permanece en el nejayote. Como resultado se genera un biogás con más de 70% de metano.

Este gas puede utilizarse como combustible para producir calor en los hornos de las tortillerías o para generar electricidad, lo que permitiría aprovechar energéticamente una parte del residuo que actualmente se desecha.

La última etapa consiste en clarificar el líquido para retirar las partículas que todavía permanecen en el agua. Una vez tratada y siempre que cumpla con los parámetros establecidos por la normativa, puede reutilizarse en actividades que no requieren agua potable, como el riego agrícola o el lavado de pisos e instalaciones.

El tratamiento permite separar el calcio del nejayote y transformarlo en hidroxiapatita, un material con aplicaciones dentales y biomédicas. FOTO: BANCO DIGITAL

El proyecto ya fue probado en tortillerías

Hasta ahora, la tecnología se ha probado principalmente en establecimientos con producciones menores a 500 kilogramos diarios en municipios de Puebla como San Andrés Cholula, San Pedro Cholula, Atlixco y Puebla.

El objetivo es desarrollar sistemas que puedan adaptarse a las características de cada negocio, debido a que no todas las tortillerías tienen el mismo espacio disponible, volumen de producción o interés en recuperar agua, energía o materiales.

Para Cervantes, uno de los principales obstáculos es precisamente la variedad de métodos utilizados para producir el nejayote. En los pequeños establecimientos pueden cambiar las cantidades de cal, agua y maíz utilizadas, además de que también influye el tipo de grano.

A esto se suma el espacio limitado para instalar los sistemas en negocios que procesan menos de 500 kilogramos de maíz al día.

En las grandes industrias el desafío cambia. Empresas como Gruma y Minsa cuentan con procesos más estandarizados, pero generan volúmenes mucho mayores de nejayote, por lo que necesitarían sistemas capaces de operar continuamente y con un mayor nivel de control.

El reto es llevar la tecnología a más tortillerías

Otro de los obstáculos está relacionado con el marco regulatorio para reutilizar el agua tratada, que actualmente limita principalmente sus usos a actividades de contacto indirecto, como el riego agrícola y el lavado de instalaciones.

También se necesita encontrar un modelo que funcione para distintos tipos de usuarios. Algunas tortillerías podrían estar interesadas principalmente en evitar los problemas asociados con el desecho del nejayote, mientras que otras podrían buscar recuperar energía o aprovechar comercialmente la hidroxiapatita.

Por ello, el proyecto todavía requiere soluciones adaptables, financiamiento y compradores para los materiales recuperados antes de pasar de los prototipos a sistemas comerciales.

“Estamos esperando oportunidades de venture capital para llevar estos pilotos a escenarios reales. Nos estamos acercando cada vez más a una lógica emprendedora; es, en buena medida, un cambio de mentalidad”, apuntó Cervantes.

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