Mientras México en los 80 vivía la moda con hombreras y grandes peinados, cientos de costureras trabajaban en talleres de la Ciudad de México sin prestaciones y con largas jornadas hasta que el sismo de 1985 dejó al descubierto las condiciones que enfrentaban
La tragedia golpeó especialmente la zona de San Antonio Abad, donde cientos de trabajadoras quedaron atrapadas mientras sus condiciones laborales salían a la luz

El trend de inteligencia artificial que recrea cómo se vería la gente con la moda de décadas pasadas ha vuelto a poner los ojos sobre los años 80, una época marcada por hombreras, minifaldas, chamarras de colores y grandes peinados. Pero detrás de esa estética que hoy circula en redes existe una historia mucho menos conocida: miles de costureras de la Ciudad de México confeccionaban ropa en talleres donde enfrentaban largas jornadas, bajos salarios y falta de prestaciones, una realidad que quedó expuesta tras el sismo de 1985
El 19 de septiembre de 1985, esa situación quedó expuesta de manera brutal. El terremoto derrumbó edificios donde funcionaban talleres de confección y dejó al descubierto las condiciones en las que trabajaban principalmente mujeres. El Instituto Nacional de Antropología e Historia señala que el desastre hizo visible la precariedad que existía en esos centros laborales.
¿Qué había detrás de los talleres de ropa?

En aquella época, la zona comprendida entre el Centro Histórico y San Antonio Abad concentraba numerosos establecimientos relacionados con la confección y venta de ropa. Algunos funcionaban en condiciones que dejaban a las trabajadoras sin garantías laborales.
De acuerdo con el Atlas de Riesgos de la Ciudad de México, durante los años 80 había entre 800 y 1,500 talleres de costura en el centro de la capital, muchos de ellos clandestinos.
El panorama laboral incluía:
- Jornadas superiores a 10 horas
- Ingresos que podían estar por debajo del salario mínimo
- Contratos temporales
- Falta de seguridad social
- Ausencia de vacaciones y aguinaldo
- Horas extras que no siempre eran pagadas
El Instituto Nacional de Antropología e Historia documenta además que algunos contratos podían durar apenas una semana y que, al terminar el año, algunas trabajadoras eran despedidas para ser contratadas nuevamente en enero, evitando así generar antigüedad.
San Antonio Abad se convirtió en uno de los puntos más golpeados
Uno de los lugares más representativos fue San Antonio Abad, donde se encontraban numerosos talleres.
De acuerdo con materiales recopilados por la UNAM, en esa zona 1,326 talleres o fábricas quedaron inactivos y 800 fueron totalmente destruidos. Entre 6,000 y 7,000 trabajadoras, en su mayoría costureras, resultaron afectadas.
El número 151 de San Antonio Abad se convirtió en uno de los sitios emblemáticos de la tragedia. El INAH documenta que decenas de mujeres trabajaban ahí en talleres clandestinos y que muchas ya se encontraban dentro del inmueble cuando ocurrió el terremoto, poco después de las 7 de la mañana.
Las costureras comenzaron a organizarse
El desastre también provocó una respuesta colectiva. Las trabajadoras se organizaron para exigir indemnizaciones, reapertura de fuentes de empleo y reconocimiento de sus derechos.
Con el apoyo de organizaciones sindicales y otros grupos sociales, surgió en 1985 el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre.
El Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM también reconoce que los derrumbes de talleres textiles dejaron al descubierto la precariedad laboral de quienes trabajaban en el corte y confección, y que miles de mujeres se organizaron para reclamar reparación de daños y derechos básicos.
El terremoto hizo visible una realidad que ya existía

La importancia de esta historia está precisamente en que el sismo no creó las malas condiciones laborales de las costureras. Las hizo visibles.
Una investigación publicada por el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM en diciembre de 1985 ya describía una industria del vestido caracterizada por bajos salarios, largas jornadas y ritmos de trabajo elevados, además de señalar el desamparo en que quedaron trabajadores después del desastre.
Décadas después, la memoria de aquellas trabajadoras permanece vinculada a San Antonio Abad. El INAH documentó que la organización surgida después del terremoto logró mantener ese espacio como símbolo de la lucha de las costureras y costureros.
Así, detrás de la estética que hoy identifica a los años 80 en México existe también una historia laboral marcada por el terremoto de 1985: edificios convertidos en talleres, trabajadoras sin prestaciones y una organización sindical que nació entre los escombros para exigir derechos que durante años habían quedado en segundo plano.
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