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Compran cabeza de un zorro en Inglaterra por 1000 pesos y descubren que era una especie extinta que terminó siendo valorada y vendida en más de 1 millón de pesos

Parecía un zorro con ojos saltones, pero especialistas la identificaron como una cabeza de tilacino, una especie extinta desde 1936.

Compran cabeza de un zorro en Inglaterra por 1000 pesos y descubren que era una especie extinta que terminó siendo valorada y vendida en más de 1 millón de pesos

INGLATERRA.- Lo que comenzó como una compra de 50 libras en un mercado de antigüedades terminó convertido en una pieza de historia natural vendida por 50 mil libras. La cabeza disecada que su propietario creyó que pertenecía a un zorro victoriano resultó ser un tilacino o tigre de Tasmania, uno de los mamíferos extintos más conocidos de Australia.

Auctioneum confirmó que la pieza fue subastada el 11 de agosto de 2026 en Bristol, Inglaterra, después de que especialistas identificaran su verdadera naturaleza. La puja comenzó en una cantidad cercana a su estimación inicial y terminó en 50,000 libras. Con la comisión del comprador, el importe superó las 60,000 libras.

La historia llamó la atención no solo por la diferencia entre el precio de compra y el de venta. El ejemplar pertenece a una especie que desapareció en el siglo XX y cuyos restos conservados son poco comunes, detalló el portal Auctioneum.

La base internacional de especímenes del tilacino registra 756 ejemplares, de los cuales 101 corresponden a montajes de taxidermia.

Según RAE, la taxidermia es el arte y la técnica de disecar animales muertos para conservarlos con una apariencia de vida.

De una cabeza de zorro a una pieza de un animal extinto

El propietario original encontró la pieza en un mercado de antigüedades del suroeste de Inglaterra y pagó 50 libras por ella.

No buscaba un ejemplar científico. La compró porque sus ojos saltones le parecieron curiosos. El objeto parecía una antigua cabeza de zorro montada y, durante un tiempo, esa fue su identificación.

La situación cambió cuando especialistas observaron con mayor atención sus características.

Entre quienes detectaron que podía tratarse de otra especie estuvo el coleccionista y especialista en taxidermia James Cranfield, quien acudió a verla personalmente después de encontrarla en el catálogo de la subasta.

Según contó a The Times, los rasgos de la cabeza le hicieron pensar que no correspondía a un zorro. Al examinarla de cerca, confirmó sus sospechas.

La pieza había pasado de ser un objeto curioso a convertirse en un ejemplar de interés para especialistas en historia natural.

¿Qué era el tilacino?

El tilacino (Thylacinus cynocephalus), conocido también como tigre de Tasmania, era un marsupial carnívoro con características que podían recordar a un perro o a un lobo.

Su aspecto fue resultado de la evolución convergente. Es decir, desarrolló algunas características corporales similares a las de los cánidos, aunque no pertenecía a ese grupo.

El Museo Australiano explica que fue el único integrante de la familia Thylacinidae que sobrevivió hasta tiempos modernos. Su distribución llegó a incluir Australia continental y Nueva Guinea, aunque para el momento de la ocupación británica su población había quedado restringida a Tasmania.

El Museo de Historia Natural de Londres también señala que el animal tenía un cuerpo parecido al de un perro y rayas en el lomo, características que dieron origen a su nombre común de tigre de Tasmania.

¿Cuándo se extinguió el tigre de Tasmania?

La historia de su desaparición ocurrió en dos etapas. El tilacino desapareció de Australia continental hace al menos unos 2,000 años. Las causas exactas no están completamente determinadas, aunque la competencia con los dingos y posiblemente la presión humana figuran entre las explicaciones planteadas por los especialistas.

Una población aislada logró sobrevivir en Tasmania.

Con la llegada de los colonos europeos, la situación cambió. El animal fue considerado una amenaza para el ganado y comenzó a ser perseguido. El gobierno de Tasmania estableció recompensas por su caza en el siglo XIX.

El Museo de Historia Natural de Londres señala que más de 2,180 recompensas habían sido pagadas al finalizar el programa gubernamental en 1909. La cacería, la destrucción del hábitat y la introducción de otras especies contribuyeron al declive de la población.

El último tilacino conocido murió el 7 de septiembre de 1936 en el zoológico de Hobart, en Tasmania. Su nombre era Benjamin. Ese ejemplar se convirtió en el último registro confirmado de la especie.

¿Por qué una cabeza disecada puede valer tanto?

La respuesta está en su rareza. Cuando una especie desaparece, los ejemplares conservados adquieren un valor especial para la investigación científica porque permiten estudiar características que ya no pueden observarse en animales vivos.

En el caso del tilacino, los restos conservados incluyen pieles, cráneos, huesos, esqueletos y piezas de taxidermia.

El registro internacional citado por la casa de subastas contabiliza 756 especímenes conocidos, pero esa cifra reúne distintos tipos de restos. De ellos, 101 están clasificados como montajes de taxidermia.

Por eso, la casa de subastas destacó que los ejemplares completos son muy poco comunes fuera de museos nacionales e instituciones científicas.

Auctioneum describió la pieza como “uno de los ejemplares más importantes vendidos en los últimos años”.

La casa de subastas también señaló que se cree que solo existe una cabeza de tilacino montada de este tipo. Esa afirmación debe entenderse dentro del conocimiento y los registros disponibles, ya que el inventario de especímenes puede actualizarse conforme aparecen nuevas piezas o se documentan ejemplares antiguos.

La subasta que cambió por completo el valor de la pieza

La venta ocurrió el 11 de agosto de 2026 en Bristol. El objeto había llegado a la subasta con una estimación muy inferior a su valor final. La información publicada por Antiques Trade Gazette señala que la puja comenzó alrededor de 30 libras.

Pero varios compradores habían identificado su verdadera naturaleza.

Las ofertas comenzaron a subir rápidamente hasta alcanzar decenas de miles de libras. Andrew Stowe, de Auctioneum, describió el momento como una puja poco habitual porque varios compradores presentes en la sala participaron directamente.

“Las pujas rápidamente alcanzaron las decenas de miles y no dejaron de subir. La sala quedó en silencio, todos se agolparon para presenciarlo”.

Finalmente, el martillo cayó en 50,000 libras. El comprador fue James Cranfield, especialista en taxidermia. Con los cargos correspondientes, el desembolso final superó las 60,000 libras.

El vendedor no sabía lo que tenía

La diferencia entre los dos precios explica buena parte de la historia.

El objeto había costado apenas 50 libras. En la subasta alcanzó 50,000 libras, es decir, mil veces el precio que había pagado originalmente su propietario.

La reacción del vendedor fue de sorpresa cuando recibió la noticia.

Andrew Stowe contó:

“Cuando le dijimos al vendedor por cuánto se había vendido, ¡pensé que se iba a desmayar! De hecho, tuve que ofrecerle una silla”.

Stowe también explicó que descubrir la verdadera identidad de la pieza había sido inesperado:

“Fue toda una sorpresa descubrir que estábamos sentados sobre algo tan especial”.

Las declaraciones fueron recogidas en los reportes sobre la subasta y difundidas por Auctioneum y medios británicos.

¿Por qué los ojos hicieron que pareciera un objeto común?

La pieza tenía unos ojos saltones que llamaron la atención del comprador original.

Esa característica hizo que el ejemplar pareciera más una pieza curiosa de decoración que un objeto de interés científico. Sin embargo, fueron otros detalles anatómicos los que llevaron a los especialistas a cuestionar la primera identificación.

La forma del cráneo, los dientes y otros rasgos permitieron establecer que no se trataba de un zorro.

Ese proceso también muestra por qué la identificación de piezas antiguas de taxidermia requiere conocimientos especializados. La apariencia general puede resultar engañosa cuando el montaje ha sido modificado, restaurado o conservado durante décadas.

¿Dónde está ahora la cabeza del tigre de Tasmania?

El ejemplar fue adquirido por James Cranfield, quien identificó la pieza antes de la subasta y posteriormente ganó la puja.

De acuerdo con los reportes publicados tras la venta, el comprador pretende conservar el ejemplar y ponerlo a disposición de investigaciones científicas.

La pieza podría aportar información adicional sobre una especie que desapareció hace casi nueve décadas. Aunque el tilacino ya no existe en estado silvestre, sus restos permiten estudiar su anatomía, distribución y evolución.

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Una especie extinta que todavía genera interés

El caso de esta cabeza muestra por qué los especímenes históricos tienen importancia más allá de su precio.

Un objeto comprado por 50 libras terminó siendo identificado como parte de una especie que ya no existe. Su valor aumentó porque reúne dos características difíciles de encontrar juntas: antigüedad y rareza científica.

El tilacino desapareció después de décadas de persecución y pérdida de hábitat. Hoy, los ejemplares conservados son una de las principales formas de estudiar directamente a este marsupial.

El Museo de Historia Natural de Londres considera al tigre de Tasmania un ejemplo de cómo las actividades humanas pueden llevar a una especie a la extinción.

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La venta en Bristol no significa que haya reaparecido el animal ni que exista una población desconocida. Se trata de un ejemplar conservado mediante taxidermia.

Lo que cambió fue su identificación. Y con ella, el valor de una pieza que durante años pudo pasar simplemente por la cabeza de un zorro.

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