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La canasta alimentaria en México sube 67% en ocho años y ya exige hasta 2,571 pesos mensuales por persona, presionando a familias que necesitan casi 20 mil pesos para evitar la pobreza

El golpe no es menor. En los últimos ocho años, el costo de la canasta alimentaria se disparó 67 por ciento, muy por encima de la inflación general del país.

La canasta alimentaria en México sube 67% en ocho años y ya exige hasta 2,571 pesos mensuales por persona, presionando a familias que necesitan casi 20 mil pesos para evitar la pobreza

Hay un momento incómodo frente al plato: cuando, a causa de la inflación en México, ya no decides qué comer por gusto, sino por cálculo. Alimentarse ha dejado de ser solo una rutina diaria para convertirse en una ecuación económica que exige cada vez más ingresos.

El golpe no es menor. En los últimos ocho años, el costo de la canasta alimentaria se disparó 67 por ciento, muy por encima de la inflación general del país. Lo que antes se podía adquirir con mil 500 pesos hoy cuesta casi el doble. Comer bien, o al menos sin caer en pobreza extrema, se ha vuelto más caro y más complicado.

Detrás de este incremento hay una combinación de factores: alimentos que suben más rápido que otros productos, combustibles que encarecen el transporte y salarios que no siempre crecen al mismo ritmo. El resultado es una presión constante sobre los bolsillos, especialmente en los hogares con menores ingresos.

El dato no es percepción, es diagnóstico. Un análisis de la Escuela de Negocios del ITESO confirma lo que millones de mexicanos ya experimentan diariamente en el supermercado, la fonda o la tienda de la esquina.

¿Cuánto cuesta la canasta básica en 2026?

De acuerdo con el estudio, entre agosto de 2018 y marzo de 2026, el costo de la canasta alimentaria creció 67 por ciento, mientras que la inflación general fue de 45 por ciento. En términos simples: los alimentos aumentaron mucho más que el promedio de los precios.

Actualmente, una persona en zona urbana necesita 2,571 pesos mensuales solo para cubrir su alimentación básica, cuando hace ocho años requería poco más de 1,500 pesos.

En zonas rurales, el incremento también es significativo: de 1,150 pesos a 1,940 pesos mensuales. Esto refleja un claro deterioro del poder adquisitivo, sobre todo en quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a la comida.

¿Por qué los alimentos suben más que otros productos?

El fenómeno no es casual. Mientras la inflación anual se ubicó en 4.59 por ciento en marzo de 2026, los alimentos registraron un alza de 6.87 por ciento.

Algunos productos han tenido incrementos extremos. El jitomate, por ejemplo, llegó a subir hasta 126.3 por ciento en zonas rurales en solo un año.

La razón es estructural: los alimentos son altamente sensibles a factores como el clima, los costos logísticos y los energéticos, lo que los hace más volátiles frente a otros precios.

Estos son los productos de la canasta básica con mayores aumentos, según el INEGI

Gasolina y transporte: el efecto dominó

El encarecimiento de los combustibles añade presión a toda la cadena de suministro. Aunque existen estímulos fiscales para contener los precios, el impacto ya es evidente.

Cuando sube la gasolina o el diésel, transportar mercancías cuesta más. Y ese incremento se traslada directamente al consumidor. Desde frutas hasta productos básicos, el alza se comporta como una ola que comienza en los energéticos y termina en el ticket del supermercado.

¿Cuánto se necesita ganar para no ser pobre?

Si se suman otros gastos esenciales como transporte y educación, el panorama se vuelve aún más exigente.

Hoy, una persona en zona urbana necesita 4,940 pesos mensuales para no caer en pobreza por ingresos, frente a los poco más de 3,100 pesos que requería en 2018. En zonas rurales, el umbral subió de 2,200 a 3,553 pesos mensuales.

Para una familia de cuatro personas en la ciudad, el ingreso necesario escala a casi 20 mil pesos al mes para cubrir lo básico.

Menos empleo, más presión económica

El panorama laboral tampoco favorece. Durante el primer trimestre de 2026 se generaron 207 mil 604 empleos formales, lo que representa una caída de 8.4 por ciento respecto al año anterior.

Además, el país ha perdido más de 56 mil registros patronales desde finales de 2023, reflejo del cierre de empresas o su salida de la formalidad.

Menos empleo formal implica ingresos más inestables, lo que agrava el impacto de los alimentos caros y profundiza la presión económica.

Un círculo difícil de romper

El análisis del ITESO advierte un ciclo económico preocupante: el aumento de precios, la precarización laboral y la disminución de empresas se retroalimentan.

Menos empleo reduce el consumo; menor consumo afecta a las empresas; y esto limita la generación de nuevos empleos. Mientras tanto, el costo de vida sigue en aumento.

Comer bien: de rutina a resistencia

En México, sentarse a la mesa ya no es solo una pausa cotidiana, sino un acto que pesa en la cartera. El problema de fondo no es únicamente que la comida haya subido 67 por ciento, sino que el margen para absorber ese incremento se ha reducido considerablemente.

Hoy, comer bien depende menos del apetito y más del ingreso, del contexto económico y de un sistema que aún no logra equilibrar el costo de vida con las oportunidades reales de la población.

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