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Un grupo de investigadores convirtió los residuos que quedan al producir tofu y bebidas de soja en un biomaterial biodegradable que puede imprimirse en 3D y que, en pruebas de laboratorio, mostró propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y capacidad para favorecer la reparación de células de la piel

El material aprovecha la okara, un subproducto de la elaboración de tofu y bebidas de soja, para obtener péptidos bioactivos. Aunque los primeros resultados son prometedores, todavía se encuentra en fase de investigación y no ha sido probado como tratamiento en pacientes

Un grupo de investigadores convirtió los residuos que quedan al producir tofu y bebidas de soja en un biomaterial biodegradable que puede imprimirse en 3D y que, en pruebas de laboratorio, mostró propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y capacidad para favorecer la reparación de células de la piel

Los restos de soja que suelen quedar después de fabricar tofu y bebidas vegetales podrían convertirse en materia prima para desarrollar futuros dispositivos médicos. Investigadores de Italia aprovecharon ese residuo para crear un biomaterial biodegradable que puede procesarse mediante impresión 3D y que conservó propiedades relacionadas con la reparación de la piel durante las pruebas experimentales.

El desarrollo fue coordinado por la Universidad de Milán, en colaboración con el Politécnico de Milán y el centro de investigación NeMO Lab del Hospital Niguarda. Según el estudio publicado el 3 de septiembre de 2026 en la revista científica Communications Materials, el material combina compuestos extraídos de la soja con un polímero biocompatible. En ensayos realizados con células humanas en laboratorio, la mezcla mostró actividad antioxidante y antiinflamatoria, además de favorecer el desplazamiento de células que participan en la reparación de los tejidos.

El hallazgo abre una posibilidad para fabricar apósitos personalizados mediante impresión 3D, aunque todavía no significa que exista un parche listo para tratar heridas en personas. Los resultados corresponden a una etapa experimental y será necesario realizar nuevas evaluaciones antes de considerar aplicaciones clínicas.

La okara, el residuo de la soja que contiene compuestos de interés médico

La materia prima del proyecto es la okara, una pulpa húmeda que permanece después de procesar los granos de soja para producir tofu o bebidas vegetales. Aunque suele considerarse un desecho de la industria alimentaria, conserva una cantidad importante de proteínas que pueden aprovecharse para obtener sustancias con actividad biológica.

El equipo encabezado por Carmen Lammi, profesora del Departamento de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Milán, trabajó con ese subproducto para obtener un hidrolizado de proteínas. Este proceso permite descomponer las proteínas en fragmentos más pequeños, conocidos como péptidos bioactivos, que pueden tener efectos específicos sobre las células.

Los investigadores analizaron su comportamiento en fibroblastos dérmicos humanos, células que producen componentes como el colágeno y contribuyen a mantener la estructura de la piel. Estas células también intervienen en distintas etapas de la reparación de los tejidos cuando ocurre una lesión.

En los experimentos, el hidrolizado de okara redujo indicadores asociados con el estrés oxidativo y modificó la actividad de mecanismos celulares relacionados con la inflamación. También favoreció la migración de los fibroblastos en un modelo de cierre de heridas.

Este último resultado es relevante porque el desplazamiento de esas células hacia una zona lesionada forma parte de los procesos que permiten reparar el tejido. Sin embargo, observar ese comportamiento en cultivos celulares no demuestra por sí solo que el compuesto acelere la cicatrización de una herida en un paciente.

Cómo convirtieron los residuos de soja en un material imprimible en 3D

Después de estudiar los efectos del extracto vegetal, el equipo buscó una forma de incorporarlo a una estructura que pudiera utilizarse para fabricar dispositivos médicos. Para conseguirlo, lo mezcló con policaprolactona (PCL), un polímero biodegradable y biocompatible utilizado en investigación biomédica.

La combinación dio origen a un compuesto que reúne las propiedades físicas del polímero con los péptidos obtenidos de la soja. La intención era conseguir un material que pudiera moldearse sin perder la actividad biológica de sus componentes.

Los análisis mecánicos, térmicos y estructurales indicaron que la incorporación del hidrolizado no alteró de manera significativa las principales propiedades del PCL. Además, las pruebas identificaron un perfil de liberación gradual de los péptidos, una característica de interés para desarrollar materiales capaces de mantener el contacto con la zona donde se busca actuar.

El equipo también comprobó que el compuesto conservaba sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y relacionadas con la reparación celular después del proceso de impresión 3D.

Esta técnica permite fabricar estructuras con formas y dimensiones específicas mediante la superposición de capas de material. Por ello, podría facilitar la producción de apósitos adaptados a distintas superficies del cuerpo, en lugar de depender exclusivamente de coberturas planas y de medidas convencionales.

Para qué podrían utilizarse los futuros apósitos

La investigación forma parte del proyecto 3DBioPad, una iniciativa que busca desarrollar dispositivos personalizados para el tratamiento local de molestias asociadas con la lactancia y la recuperación después de cirugías por cáncer de mama.

En el proyecto participaron especialistas de distintas áreas. Además de Carmen Lammi, colaboraron el equipo de Serena Graziosi, del Departamento de Ingeniería Mecánica del Politécnico de Milán, y Raffaele Pugliese, investigador del centro NeMO Lab del Hospital Niguarda.

La impresión tridimensional permitiría diseñar piezas con geometrías específicas para adaptarse a las necesidades de cada aplicación. En el caso de pacientes que se recuperan de una intervención mamaria, por ejemplo, un dispositivo personalizado podría ajustarse a la zona que requiere protección o tratamiento local.

No obstante, el estudio no demuestra que el material ya pueda aliviar el dolor durante la lactancia o después de una cirugía. Esos usos forman parte de los objetivos que orientan el desarrollo tecnológico, no de resultados clínicos comprobados.

Qué falta para que el parche pueda utilizarse en pacientes

Aunque los resultados iniciales respaldan el potencial del material, todavía existe una diferencia importante entre demostrar actividad en células cultivadas y comprobar que un dispositivo es seguro y eficaz en personas.

Las pruebas publicadas permitieron estudiar la respuesta de fibroblastos humanos, las propiedades del compuesto y su comportamiento durante la impresión 3D. Para avanzar hacia una aplicación médica será necesario evaluar su desempeño en modelos experimentales más complejos y completar las etapas de validación que correspondan antes de realizar estudios clínicos.

El siguiente paso señalado por los investigadores incluye el desarrollo de un modelo biomimético que reproduzca características del tejido mamario, con el propósito de analizar cómo se comporta el material en condiciones más cercanas a las del cuerpo humano.

Por ahora, el avance destaca por dos aspectos: el aprovechamiento de un residuo de la industria alimentaria y la posibilidad de combinarlo con fabricación personalizada para desarrollar materiales biomédicos. Si las siguientes etapas confirman su seguridad y utilidad, la tecnología podría contribuir a crear nuevas alternativas para la protección y reparación de la piel.

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