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Estos gigantes del fondo del mar pueden sobrevivir más de cinco años sin comer, los científicos descubrieron un gen adquirido de una bacteria que les ayuda a reducir su gasto de energía cuando escasea el alimento

Estos enormes crustáceos de aguas profundas almacenan grandes cantidades de alimento y reducen su metabolismo para enfrentar largos periodos de escasez

Estos gigantes del fondo del mar pueden sobrevivir más de cinco años sin comer, los científicos descubrieron un gen adquirido de una bacteria que les ayuda a reducir su gasto de energía cuando escasea el alimento

En las profundidades del océano existen animales que enfrentan un problema que sería extremo para prácticamente cualquier otra especie: la comida puede ser escasa durante largos periodos. Entre ellos se encuentran los isópodos gigantes del género Bathynomus, conocidos por su enorme tamaño y su capacidad para resistir durante años sin alimentarse.

Una investigación reciente reveló que estos animales pueden sobrevivir más de cinco años sin comida, una capacidad que resulta especialmente llamativa porque, a diferencia de otros organismos pequeños, necesitan una cantidad considerable de energía para mantener su gran tamaño.

Según información de la Academia China de Ciencias, investigadores del Instituto de Oceanología de la Academia China de Ciencias estudiaron dos especies de estos isópodos, Bathynomus jamesi y Bathynomus doederleini, para entender cómo consiguen mantenerse con vida en un ambiente donde los alimentos aparecen de manera irregular.

Un estómago que funciona como reserva de energía

Una de las claves está en el tamaño de su aparato digestivo. Los investigadores encontraron que el estómago puede ocupar alrededor de dos terceras partes del cuerpo cuando está lleno.

Esto permite que los animales aprovechen las oportunidades en las que encuentran alimento. En lugar de depender de comidas frecuentes, pueden consumir grandes cantidades cuando hay comida disponible y conservar esas reservas para utilizarlas durante periodos posteriores.

El mecanismo tiene especial importancia en las profundidades marinas, donde encontrar alimento no es sencillo. Los isópodos estudiados viven a distintas profundidades: B. jamesi fue analizado a unos 898 metros, mientras que B. doederleini procede de aproximadamente 300 metros.

Su cuerpo también gasta menos energía

Almacenar alimento, sin embargo, no explica por sí solo cómo pueden resistir durante tanto tiempo.

Los científicos descubrieron que estos isópodos también tienen una tasa metabólica basal muy baja, es decir, su organismo puede reducir la cantidad de energía que utiliza para mantenerse funcionando.

Esta estrategia permite que las reservas obtenidas durante una comida duren mucho más tiempo. Es una especie de combinación entre guardar energía cuando está disponible y gastar menos cuando escasea.

La investigación publicada en la revista científica Cell describe precisamente esta doble estrategia: un estómago capaz de retener grandes cantidades de alimento junto con una marcada reducción del metabolismo.

El descubrimiento más extraño está en su ADN

Pero el hallazgo que más llamó la atención de los investigadores está relacionado con un gen llamado ND1.

El estudio encontró que este gen fue adquirido hace mucho tiempo a partir de una bacteria simbiótica, mediante un proceso conocido como transferencia horizontal de genes. En términos sencillos, significa que un fragmento de material genético pasó de un organismo a otro sin seguir el proceso habitual de herencia entre padres y descendientes.

Después de incorporarse al genoma de los isópodos, el gen ND1 se duplicó y alcanzó niveles elevados de expresión. Los investigadores creen que tiene un papel importante en la regulación del metabolismo energético de estos animales.

¿Qué hace el gen ND1?

Los experimentos realizados por el equipo permitieron comprobar que ND1 puede modificar la forma en que las células utilizan energía, especialmente bajo condiciones de bajas temperaturas.

Para estudiar su funcionamiento, los investigadores introdujeron el gen en organismos como pez cebra, nematodos y células humanas.

En el pez cebra, bajo condiciones de frío que provocaban una reducción del metabolismo, la presencia de ND1 aumentó en 37% la tolerancia a la falta de alimento. Este resultado corresponde al modelo experimental utilizado por los científicos, no significa que los isópodos sobrevivan exactamente 37% más tiempo sin comer.

Una adaptación para vivir donde casi no hay comida

Los investigadores consideran que esta combinación permite resolver una aparente contradicción.

Los isópodos gigantes necesitan mucha energía para mantener su tamaño, pero viven en un ambiente donde los alimentos son escasos e impredecibles. Su estrategia consiste en aprovechar al máximo los momentos en que aparece comida y después disminuir considerablemente el gasto energético.

Así, el enorme estómago funciona como una reserva, mientras que el metabolismo reducido permite que esa energía se utilice lentamente. El gen ND1 forma parte de este sistema al intervenir en la regulación del uso de energía.

La investigación, publicada en Cell en 2026, plantea que esta adaptación representa una estrategia evolutiva poco común, en la que un animal de aguas profundas incorporó un gen de origen microbiano y posteriormente desarrolló mecanismos para aprovecharlo.

Para estos gigantes del fondo marino, pasar más de cinco años sin comer no depende de un solo truco, sino de un sistema biológico que combina almacenamiento de alimento, ahorro energético y una adaptación genética adquirida de una bacteria.

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