Hace 150 años Puerto Rico introdujo mangostas para combatir las ratas de los campos de azúcar, hoy esa solución es el principal reservorio de rabia en la isla
Lo que comenzó como una estrategia para proteger los cultivos terminó con la expansión de una especie invasora que ahora concentra buena parte de los casos de rabia detectados entre animales terrestres de Puerto Rico

Hace aproximadamente 150 años, Puerto Rico recurrió a una estrategia que en ese momento parecía lógica para proteger sus plantaciones de caña de azúcar: introducir mangostas indias para combatir las ratas que dañaban los cultivos.
La medida formaba parte de una práctica de control biológico que buscaba utilizar un depredador para reducir una plaga sin tener que combatirla directamente.
Según información de Xataka, basada en investigaciones y reportes de organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), la decisión tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de los campos de azúcar.
Con el paso de las décadas, las mangostas se establecieron en la isla, se convirtieron en una especie invasora y terminaron desempeñando otro papel dentro del ecosistema: son actualmente el principal reservorio de rabia entre la fauna terrestre de Puerto Rico.
¿Por qué llevaron mangostas a Puerto Rico?
Durante el siglo XIX, la caña de azúcar tenía una gran importancia económica en Puerto Rico y otras zonas del Caribe.
Las ratas representaban un problema para las plantaciones porque dañaban los cultivos y podían generar pérdidas para los productores.
Ante esta situación, propietarios de plantaciones comenzaron a buscar métodos para reducir la población de estos roedores.
La mangosta india parecía una alternativa adecuada porque es un pequeño depredador que puede alimentarse de animales de menor tamaño.
La idea era sencilla: introducir un depredador para controlar una plaga.
Puerto Rico adoptó esta estrategia durante la década de 1870.
Lo que no se contempló de manera suficiente fueron las consecuencias que tendría la presencia de una especie no nativa una vez que lograra establecerse fuera de las plantaciones.
¿Qué pasó con las mangostas después de su introducción?
La población de mangostas logró establecerse y expandirse por diferentes zonas de Puerto Rico.
Con el tiempo, los animales dejaron de ser únicamente una herramienta utilizada en las plantaciones y pasaron a formar parte del ecosistema de la isla.
El problema fue que no existían únicamente en los lugares donde eran necesarios para combatir a las ratas.
La especie comenzó a afectar a la fauna nativa y fue considerada una especie invasora.
De esta manera, una medida diseñada para resolver un problema agrícola terminó generando nuevas consecuencias ambientales.
¿Cuándo apareció el problema de la rabia?
La consecuencia sanitaria comenzó a documentarse varias décadas después.
De acuerdo con los datos recopilados por Xataka a partir de investigaciones científicas y del CDC, en 1950 se confirmó el primer gran brote de rabia asociado con mangostas en Puerto Rico.
Con el paso de los años, el virus se estableció dentro de la población de estos animales.
La mangosta terminó convirtiéndose en el principal reservorio de rabia de la fauna terrestre de la isla.
El CDC ha señalado históricamente que las mangostas llegaron a representar cerca de 75% de los casos de rabia animal notificados en Puerto Rico.
Otros registros citados en la información sitúan su participación por encima del 70%.
¿Todas las mangostas tienen rabia?
No.
Este punto es importante porque encontrar anticuerpos contra el virus en una mangosta no significa necesariamente que el animal tenga rabia activa.
Los estudios permiten conocer si los animales estuvieron expuestos al virus, pero esa exposición no equivale automáticamente a una infección activa.
Una investigación realizada en El Yunque y Cabo Rojo encontró anticuerpos neutralizantes contra el virus en aproximadamente 39% de las mangostas analizadas.
Otros estudios realizados posteriormente en diferentes zonas encontraron porcentajes menores, cercanos al 17%.
Las diferencias muestran que la exposición al virus puede variar considerablemente dependiendo del lugar y las condiciones del hábitat.
¿Las mangostas representan un riesgo para las personas?
El problema no se limita a la fauna silvestre.
De acuerdo con los estudios citados por Xataka, investigadores han calculado un promedio de aproximadamente 280 personas mordidas por mangostas cada año en Puerto Rico.
Una mordedura puede representar un riesgo debido a la posibilidad de transmisión del virus de la rabia.
La situación requiere atención médica porque, una vez que aparecen los síntomas de la enfermedad, la rabia puede ser mortal.
El caso de un hombre que murió tras una mordedura
Uno de los casos que permitió dimensionar el problema ocurrió con un hombre de 54 años en el sureste de Puerto Rico.
El hombre fue mordido por una mangosta mientras atendía un gallinero.
De acuerdo con la información recopilada, no buscó atención médica inmediatamente.
Semanas después comenzó a presentar fiebre, dificultad para tragar y parestesias, entre otros síntomas.
Cuando su estado de salud empeoró regresó al hospital, pero murió poco después de sufrir un paro cardiaco.
Los análisis realizados después de su muerte confirmaron que padecía rabia y que el virus correspondía a la variante caribeña asociada con las mangostas.
El caso fue identificado como la primera muerte documentada en Puerto Rico causada directamente por una mordedura de mangosta y el primer caso de este tipo registrado en Estados Unidos o sus territorios.
¿Qué hacen las autoridades para controlar el problema?
El desafío actual es especialmente complejo porque las autoridades buscan controlar las consecuencias de una especie que fue introducida precisamente para solucionar otro problema.
Investigadores estadounidenses llevan años estudiando la densidad de las poblaciones de mangostas, sus movimientos y las posibilidades de vacunación oral.
La idea es desarrollar una estrategia similar a la utilizada en Estados Unidos con otras especies para reducir la transmisión de la rabia.
Sin embargo, antes de implementar una campaña de vacunación a gran escala es necesario determinar cómo lograr que los animales consuman los cebos de manera efectiva.
Hasta probaron diferentes sabores de cebo
Los investigadores han realizado pruebas para conocer qué tipo de alimento resulta más atractivo para las mangostas.
Entre los productos evaluados estuvieron cebos con diferentes sabores.
Los estudios citados encontraron que las mangostas mostraron una mayor preferencia por los cebos con sabor a queso frente a opciones con coco o pescado.
El objetivo de estas pruebas es encontrar una fórmula que pueda utilizarse para administrar una vacuna oral contra la rabia a los animales.
La estrategia busca reducir la circulación del virus en la población de mangostas y, con ello, disminuir el riesgo de transmisión a otros animales y a las personas.
La industria del azúcar desapareció, pero las mangostas permanecieron
El caso tiene una particularidad que resume las consecuencias de aquella decisión.
La industria azucarera que originalmente motivó la introducción de las mangostas perdió gran parte de la importancia que tenía en Puerto Rico, pero los animales permanecieron.
Durante aproximadamente un siglo y medio, las mangostas se reprodujeron, se expandieron por la isla y encontraron condiciones para mantenerse.
La solución que había sido pensada para una plaga agrícola terminó sobreviviendo al problema que pretendía resolver.
Ahora, científicos y autoridades trabajan en estrategias para controlar una especie invasora que además funciona como reservorio de una enfermedad mortal.
¿Qué enseña el caso de Puerto Rico?
La historia de las mangostas en Puerto Rico es un ejemplo de los riesgos que puede implicar introducir una especie en un ecosistema para resolver un problema concreto.
Una medida de control biológico puede parecer efectiva en el corto plazo, pero sus consecuencias pueden extenderse durante décadas si la especie introducida logra establecerse y reproducirse.
En este caso, el cambio fue especialmente significativo: un animal llevado a la isla para proteger los cultivos terminó afectando a la fauna nativa y desempeñando un papel importante en la transmisión de la rabia.
Por eso, el reto actual ya no consiste en utilizar a la mangosta para controlar una plaga agrícola, sino en reducir la circulación del virus y limitar los riesgos que representa una especie que lleva alrededor de 150 años formando parte del ecosistema puertorriqueño.
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