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Los beneficios de dejar de fumar comienzan desde las primeras horas y aumentan con el paso de los años, pero el tiempo de consumo determina cuánto daño puede revertirse y cuánto pueden reducirse a futuro los riesgos de cáncer

Los pulmones y otros órganos comienzan a recuperarse tras abandonar el tabaco, aunque las mejoras dependen del tiempo que una persona haya fumado y de su exposición acumulada

Los beneficios de dejar de fumar comienzan desde las primeras horas y aumentan con el paso de los años, pero el tiempo de consumo determina cuánto daño puede revertirse y cuánto pueden reducirse a futuro los riesgos de cáncer

Apagar el último cigarrillo pone en marcha un proceso de recuperación que comienza prácticamente de inmediato. El organismo deja de recibir nicotina, monóxido de carbono y otras sustancias dañinas, mientras algunos efectos del tabaco empiezan a revertirse.

Sin embargo, dejar de fumar no significa que todo el daño acumulado desaparezca. El grado de recuperación depende de factores como los años de consumo, la cantidad de tabaco y el tipo de lesión que haya provocado.

Para EFE, el doctor Pablo Rubinstein, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario El Pilar de Barcelona, perteneciente al Grupo Quirónsalud, explica que algunos efectos pueden mejorar considerablemente, mientras otros pueden ser permanentes.

Entre los cambios que pueden recuperarse de manera importante están:

  • La oxigenación.
  • La inflamación de los bronquios.
  • La tos.
  • El gusto y el olfato.
  • La tolerancia al ejercicio.
  • Una parte importante del riesgo cardiovascular.

En cambio, enfermedades como el enfisema pulmonar pueden dejar lesiones que no son completamente reversibles.

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¿Cuáles son los primeros beneficios de dejar de fumar?

Los cambios comienzan poco después de apagar el último cigarrillo. El organismo deja de estar expuesto continuamente a monóxido de carbono, nicotina, partículas irritantes y sustancias oxidantes.

De acuerdo con Rubinstein, el pulso y la presión arterial comienzan a normalizarse y la oxigenación de la sangre mejora progresivamente.

Esto significa que el cuerpo empieza a recuperarse desde los primeros momentos, aunque eso no implica que el daño acumulado desaparezca de forma inmediata.

Uno de los primeros sistemas beneficiados es el corazón. El tabaco aumenta la frecuencia cardiaca y la presión arterial, favorece la inflamación, daña los vasos sanguíneos y aumenta la posibilidad de formar trombos.

Al dejarlo, estos efectos comienzan a disminuir y con el tiempo baja el riesgo de infarto y otras enfermedades cardiovasculares.

¿Los pulmones también se recuperan al dejar el tabaco?

Sí, aunque la recuperación depende del daño que exista previamente.

Al abandonar el cigarrillo disminuye la inflamación de los bronquios, se produce menos moco y pueden mejorar síntomas como la tos y la falta de aire.

También mejora la capacidad de las vías respiratorias para eliminar sustancias acumuladas.

En personas con EPOC o enfisema, dejar de fumar no elimina las lesiones que ya son irreversibles, pero puede frenar la progresión de la enfermedad, disminuir las exacerbaciones y mejorar la calidad de vida.

El beneficio también puede traducirse en un menor riesgo de infecciones respiratorias, como bronquitis y neumonía.

¿Cuánto tarda en disminuir el riesgo de cáncer?

El beneficio frente al cáncer tarda más tiempo en aparecer porque muchos tumores relacionados con el tabaco se desarrollan después de años de exposición.

Aun así, abandonar el hábito reduce progresivamente el riesgo de diferentes tipos de cáncer, entre ellos los de:

  • Pulmón.
  • Boca.
  • Laringe.
  • Esófago.
  • Vejiga.
  • Riñón.
  • Páncreas.

Cuanto antes se abandone el tabaco, mayor es la protección acumulada durante los años siguientes.

Por ello, incluso quienes llevan mucho tiempo fumando pueden obtener beneficios. Rubinstein insiste en que nunca es tarde para dejar de fumar, incluso cuando ya existe una enfermedad relacionada con el tabaco.

¿Qué otras partes del cuerpo mejoran al dejar de fumar?

Los beneficios no se limitan a los pulmones y al corazón.

Abandonar el tabaco también puede favorecer la salud de la piel, dientes y encías, además del sistema inmunitario, la fertilidad, la salud sexual y la cicatrización.

También puede disminuir el riesgo o la aparición de problemas asociados al consumo de tabaco, como el reflujo, la apnea del sueño, las cataratas y la pérdida de masa ósea.

Por eso, el impacto de dejar de fumar debe entenderse como una recuperación que involucra a prácticamente todo el organismo.

¿Cuánto dura el síndrome de abstinencia?

El llamado “mono” de dejar de fumar puede provocar ansiedad, irritabilidad, nerviosismo, tristeza, dificultad para concentrarse e insomnio.

También pueden aparecer dolor de cabeza, estreñimiento, mayor apetito y deseos intensos de volver a fumar.

La intensidad y duración dependen de cada persona y pueden estar relacionadas con factores como los años de consumo, la edad a la que comenzó a fumar y la cantidad de cigarrillos consumidos diariamente.

Según Rubinstein, los síntomas suelen ser más intensos durante los primeros tres a siete días. Después comienzan a disminuir y muchas personas experimentan una mejoría clara a partir de la segunda semana.

En general, el síndrome de abstinencia suele durar alrededor de tres o cuatro semanas.

¿Las ganas de fumar pueden regresar después?

Sí. Aunque los síntomas físicos disminuyan, determinadas situaciones pueden volver a despertar el deseo de fumar.

Algunos desencadenantes frecuentes son después de comer, tomar café o alcohol, experimentar estrés o encontrarse en reuniones sociales donde otras personas fuman.

Estas ganas suelen durar pocos minutos. Aprender a atravesar esos momentos sin encender un cigarrillo ayuda a que pierdan fuerza con el tiempo.

¿Dejar el vape también provoca abstinencia?

Cuando el cigarrillo electrónico contiene nicotina, también puede aparecer síndrome de abstinencia.

Los síntomas pueden ser similares a los del tabaco convencional: ansiedad, irritabilidad, problemas para dormir, dificultad para concentrarse y un deseo intenso de volver a consumir nicotina.

La razón es que la dependencia está relacionada principalmente con la nicotina, por lo que abandonar un dispositivo que la contiene también puede generar síntomas de abstinencia.

¿Por qué vale la pena dejar de fumar aunque ya exista daño?

Porque abandonar el tabaco permite detener la exposición constante a sustancias dañinas y reducir el riesgo de desarrollar nuevas complicaciones.

Algunas lesiones provocadas por años de consumo pueden no desaparecer, pero dejar de fumar puede frenar su progresión y mejorar la salud futura.

El mensaje central del neumólogo es que los beneficios comienzan rápidamente y continúan acumulándose con el tiempo. Por ello, incluso después de muchos años de consumo, dejar el tabaco sigue siendo una de las decisiones más importantes para reducir riesgos y recuperar parte de la función perdida.

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