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Estudios encontraron que una caminata ligera después de comer abre una segunda vía para que los músculos utilicen la glucosa sin depender por completo de la insulina, un mecanismo que ayuda a suavizar los picos de azúcar en sangre

El movimiento posterior a las comidas también podría influir en la comunicación entre intestino y cerebro, aunque varias de estas conexiones aún continúan bajo investigación

Estudios encontraron que una caminata ligera después de comer abre una segunda vía para que los músculos utilicen la glucosa sin depender por completo de la insulina, un mecanismo que ayuda a suavizar los picos de azúcar en sangre

En los minutos posteriores a una comida, el cuerpo inicia la digestión, los nutrientes pasan al torrente sanguíneo y se activa una comunicación constante entre el intestino y el cerebro. En medio de ese proceso, algo tan simple como levantarse y caminar puede influir en la forma en que el organismo maneja la glucosa.

La explicación ha sido analizada por investigadores como Loretta DiPietro, científica especializada en ejercicio y nutrición de la Universidad George Washington, y Gerald Shulman, profesor de medicina en Yale. Los estudios revisados sobre este tema sugieren que el movimiento después de comer puede ayudar a controlar los cambios metabólicos que ocurren tras una comida.

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El cuerpo entra en una fase activa después de comer

Tras consumir alimentos, los carbohidratos, grasas y proteínas comienzan a descomponerse. El organismo los transforma en sustancias como glucosa, ácidos grasos y aminoácidos, que después son utilizados o transportados a través de la sangre.

Durante este periodo también se activa el llamado eje intestino-cerebro, una red de nervios y señales relacionada con la digestión, el estrés, el estado de ánimo y otras respuestas del organismo.

En ese momento, según DiPietro, el cuerpo también se encuentra en una ventana adecuada para moverse.

¿Qué ocurre cuando se camina después de una comida?

Caminar con las manos en la espalda | Pexels

Al caminar, incluso a un ritmo ligero, los músculos se contraen y pueden extraer parte de la glucosa del torrente sanguíneo para llevarla a las células.

Este mecanismo puede funcionar independientemente de la insulina, una característica relevante porque permite al organismo contar con otra vía para utilizar el azúcar disponible después de comer.

El ejercicio evita los defectos en la señalización de la insulina”, explica Shulman. “Abre la puerta para que la glucosa entre en la célula, incluso en personas con resistencia a la insulina”.

Por esa razón, el movimiento puede ayudar a atenuar los picos de glucosa posteriores a las comidas. Sin embargo, esto no sustituye tratamientos médicos ni medicamentos en personas que los requieren.

Caminar 10 o 15 minutos puede ser suficiente

La actividad posterior a una comida no necesita ser intensa. Investigaciones de DiPietro han sugerido que 15 minutos de caminata ligera pueden ayudar a reducir los aumentos de glucosa después de comer.

Además, un estudio de 2025 encontró que una caminata de 10 minutos inmediatamente después de una comida mejoraba el control del azúcar en sangre de forma comparable a un paseo de 30 minutos realizado más tarde.

Otros resultados del mismo año mostraron que interrumpir periodos prolongados de sedentarismo con caminatas ligeras de entre dos y cinco minutos también reducía los picos de glucosa e insulina después de las comidas en adultos con obesidad.

Entre las formas de incorporar este movimiento se encuentran:

  • Caminar unos minutos después de comer
  • Moverse por la casa
  • Subir escaleras
  • Sacar a pasear al perro
  • Interrumpir largos periodos sentado

La intensidad no es el único factor. En estos estudios, simplemente moverse ya marcó una diferencia frente a permanecer inmóvil durante periodos prolongados.

El intestino y el cerebro también participan

Los posibles efectos no se limitan al azúcar en sangre. La investigación sobre el nervio vago, una vía importante de comunicación entre el intestino y el cerebro, también ha explorado su papel en la saciedad y el control de algunas respuestas emocionales.

Otros estudios han analizado cómo las bacterias intestinales pueden influir en estas señales. La ciencia todavía estudia hasta dónde llegan estas conexiones y no todos los mecanismos están completamente definidos.

Lo que sí sugieren las investigaciones disponibles es que el periodo posterior a una comida involucra procesos que van más allá de la digestión y que el movimiento puede participar en la respuesta del organismo.

La constancia puede ser más importante que hacer ejercicio intenso

Shulman señala que moverse en distintos momentos del día puede mejorar la sensibilidad a la insulina, mientras DiPietro destaca la importancia de incorporar el hábito con regularidad.

Caminar después de comer no transformará el metabolismo de un día para otro, pero puede integrarse como una práctica cotidiana dentro de una vida que combine alimentación, actividad física y menos tiempo sedentario.

Los estudios disponibles apuntan a una idea sencilla: el cuerpo sigue trabajando después de comer y los músculos también pueden participar en ese proceso. Para la salud metabólica, unos minutos de movimiento pueden ser una herramienta complementaria, aunque sus beneficios dependen del contexto y no reemplazan la atención médica cuando existe una enfermedad o un tratamiento indicado.

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