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Si duermes siestas largas con frecuencia podrías aumentar el riesgo de hígado graso, según estudio

Dormir más de 30 minutos durante el día podría elevar hasta 21% el riesgo de desarrollar enfermedad hepática grasa

Si duermes siestas largas con frecuencia podrías aumentar el riesgo de hígado graso, según estudio

Dormir una siesta puede parecer una práctica útil para recuperar energía, mejorar la concentración o compensar una mala noche de sueño. Sin embargo, un reciente meta-análisis internacional encendió alertas sobre los posibles efectos de este hábito cuando se prolonga más de lo recomendable. La investigación, difundida por Infobae, encontró una relación entre las siestas largas y un mayor riesgo de desarrollar hígado graso, una enfermedad metabólica que afecta cada vez a más personas en el mundo.

El análisis reunió datos de 13 estudios realizados en Europa, Asia y América, con una muestra superior a 48 mil adultos. Los resultados muestran que no solo importa dormir durante el día, sino cuánto tiempo dura ese descanso. La evidencia apunta a que el límite de 30 minutos podría ser clave para proteger la salud metabólica y hepática.

¿Qué encontró el estudio sobre las siestas y el hígado graso?

El hallazgo principal del meta-análisis es claro: dormir siestas de más de 30 minutos al día se relaciona con un aumento de 21% en el riesgo de desarrollar enfermedad hepática grasa asociada a disfunción metabólica, conocida como MAFLD.

Esta condición, también llamada hígado graso, ocurre cuando el órgano acumula grasa en exceso. Aunque en etapas iniciales puede no generar síntomas, con el tiempo puede derivar en inflamación, fibrosis o complicaciones hepáticas más serias.

Los investigadores encontraron una diferencia importante entre los tipos de siesta:

  • Siestas breves (menos de 30 minutos): no mostraron efectos negativos para el hígado.
  • Siestas prolongadas (más de 30 minutos): sí se asociaron con mayor riesgo metabólico.

Esto sugiere que la duración del descanso diurno podría marcar la diferencia entre un hábito neutro y un factor de riesgo.

Si duermes siestas largas con frecuencia podrías aumentar el riesgo de hígado graso, según estudio | Foto: Especial (canva)

¿Por qué las siestas largas podrían afectar al hígado?

Aunque todavía no existe una explicación definitiva sobre los mecanismos biológicos detrás de esta relación, los especialistas analizan varios factores.

Uno de ellos es que las siestas largas pueden alterar el ritmo circadiano, es decir, el reloj biológico que regula el sueño, el metabolismo y otros procesos del cuerpo. También podrían influir en el manejo de la glucosa y en la resistencia a la insulina.

Ambos factores están relacionados con enfermedades metabólicas que favorecen la acumulación de grasa en el hígado.

Además, los expertos señalan que las siestas prolongadas podrían ser una señal indirecta de otros problemas, como mala calidad de sueño nocturno, fatiga crónica o trastornos metabólicos no diagnosticados.

Personas con diabetes tipo 2, entre las más vulnerables

Uno de los puntos más relevantes del estudio fue el impacto en personas con diabetes tipo 2.

En este grupo, el riesgo de desarrollar hígado graso ya es elevado debido a factores como la resistencia a la insulina y la acumulación de grasa abdominal. Estas condiciones facilitan que el hígado almacene lípidos de manera irregular.

Por eso, en pacientes con diabetes tipo 2, la duración de las siestas podría convertirse en un factor que requiere vigilancia médica.

Los especialistas recomiendan que este hábito sea evaluado como parte del seguimiento clínico, especialmente en personas con antecedentes de obesidad, hipertensión o síndrome metabólico.

Un hábito que sí se puede modificar

A diferencia de factores como la edad o la predisposición genética, los hábitos de sueño sí pueden cambiarse.

Ese punto hace que el hallazgo tenga un valor importante en prevención. De acuerdo con los investigadores, el aumento en el riesgo se mantuvo incluso después de ajustar variables como obesidad, sobrepeso e hipertensión.

Esto significa que, por sí sola, la duración de la siesta podría tener un impacto en la salud hepática.

En otras palabras, controlar cuánto tiempo se duerme durante el día podría convertirse en una medida preventiva simple y accesible.

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¿Cuál es la duración ideal de una siesta?

Con base en la evidencia actual, los expertos recomiendan mantener las siestas por debajo de 30 minutos.

Este tiempo puede ofrecer beneficios como:

  • Mejor concentración
  • Mayor estado de alerta
  • Menor sensación de fatiga

Sin interferir de forma significativa con el metabolismo o con el descanso nocturno.

Las recomendaciones principales son:

  • Limitar las siestas a menos de 30 minutos
  • Evitar dormir demasiado tarde en el día
  • Mantener horarios de sueño regulares
  • Consultar con un médico si existe fatiga constante

Si una persona necesita siestas largas con frecuencia, también podría ser una señal de que algo más está afectando su salud o calidad de sueño.

El sueño también influye en la salud metabólica

La evidencia científica sigue reforzando una idea: dormir no solo impacta el descanso, también influye en funciones metabólicas esenciales.

Este estudio suma información relevante sobre cómo hábitos cotidianos, incluso aquellos que parecen inofensivos, pueden tener efectos en órganos clave como el hígado.

Aunque aún faltan investigaciones para entender completamente esta relación, los especialistas coinciden en una recomendación práctica: si tomar una siesta forma parte de su rutina, lo ideal es que sea breve. En temas de descanso, a veces dormir menos durante el día puede significar cuidar más la salud a largo plazo.

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