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Trigo con valor agregado

Desde el Sur de Sonora, investigadores del Inifap desarrollan semillas con mayor rendimiento, resistencia y calidad industrial, en un esfuerzo por adaptar la producción a las nuevas demandas del mercado.

Trigo con valor agregado

El desarrollo de nuevas variedades de trigo en el Noroeste del país avanza con un objetivo enfocado en las necesidades del mercado: responder a las exigencias de la industria alimentaria en calidad, rendimiento y funcionalidad del grano.

Desde el Campo Experimental Norman E. Borlaug (Ceneb) en Ciudad Obregón, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap) ha impulsado materiales como Tarro Oro, Finorte y Pitahaya, resultado de años de investigación enfocada en mejorar la competitividad del sector agrícola en la región.

Trigo para la industria

De acuerdo con la investigadora Gabriela Chávez Villalba, con estos desarrollos se busca incrementar la productividad en campo y resolver una necesidad específica del mercado: contar con trigos que ofrezcan mejores propiedades para la industria, particularmente en contenido de proteína y calidad de gluten, elementos importantes para la elaboración de harinas, pan y pastas.

“Lo que la industria demanda son variedades con alto contenido de proteína y mejor calidad, porque actualmente muchas de las que se siembran son de gluten medio. Se busca tener materiales productivos, pero también trigos harineros con gluten fuerte, para que la industria pueda elaborar mejor sus mezclas”, explicó.

En este contexto, destacó que variedades como Pitahaya han mostrado un desempeño sobresaliente en rendimiento, con características similares a materiales ya posicionados en el mercado, mientras que Finorte fue diseñada específicamente para condiciones de Sinaloa, con alto potencial productivo y calidad panadera superior.

Valor en el grano

En el caso de Tarro Oro, orientada al trigo cristalino, su valor radica en la calidad industrial del grano, particularmente en el color de la sémola, lo que puede representar mejores condiciones de comercialización para los productores.

Chávez Villalba subrayó que estas variedades ya se encuentran en procesos de validación en distintas zonas agrícolas de Sonora y Sinaloa, como parte de la transferencia de tecnología hacia el campo, donde se evalúa su comportamiento en condiciones reales de producción.

Además, su resistencia a enfermedades como la roya permite reducir el uso de fungicidas, lo que se traduce en menores costos y mayor sostenibilidad para el sector.

“El reto es equilibrar productividad y calidad, porque no siempre las variedades más rendidoras son las que mejor responden a la industria”, dijo.

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