Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche tiene buen vino cuando el vino es bueno, pero si es malo él también se inclina a decir maldades.
Anoche, por ejemplo, despotricó contra la Edad Media, que no estaba ahí para defenderse. La llamó “edad oscura”. Opuse:
-¿Edad oscura la de Dante, la de Giotto, la de Tomás de Aquino, la del Poema del Cid, la de las universidades europeas y las catedrales góticas? ¿Por qué no la llamas mejor Edad de la Fe?
-Porque mi fe la tengo en la razón -me contestó-, y la Edad Media no es edad de razón sino de devoción. Has mencionado a las catedrales góticas. Sus torres hacen llevar la mirada hacia lo alto. A donde hay que llevarla es hacia el hombre. En eso se fincó el Renacimiento: en lo humano.
Calló por un momento, dio otro trago y luego declaró:
-Eres un medieval.
Le pregunté:
-¿Me lo dices como elogio o como ofensa? Volvió a callar.
Volvimos a beber.
¡Hasta mañana!...
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