La IA: ¿Optimista o apocalíptico?
Por primera vez en la historia de la humanidad, estamos viviendo con máquinas y sistemas que son más inteligentes, rápidos y efectivos que nosotros.

La verdad es que nadie sabe qué va a pasar.
Estoy escribiendo esto desde la ignorancia, la curiosidad y el temor. Estoy al igual que tú: bombardeado con el tema de la inteligencia artificial. Y desde donde estamos parados es prácticamente imposible saber si nos va a beneficiar a largo plazo o si nos va a destruir. Lo único cierto es que ya está cambiando nuestras vidas y que no existe nadie que le esté poniendo un límite.
En un corto vuelo dentro de Estados Unidos, me puse a ver un documental un documental -“The AI Doc: Or How I Became an Apocaloptimist”- que me ayudó a ponerle título a esta columna y que plantea el dilema de la IA: nos mata, o nos vuelve superhumanos. El narrador del documental estaba a punto de ser padre, y se la pasó preguntándoles a todos los expertos en IA si este era un buen momento para tener niños. Las respuestas te dejan frío.
Por primera vez en la historia de la humanidad, estamos viviendo con máquinas y sistemas que son más inteligentes, rápidos y efectivos que nosotros. Yo nací en una época en que las personas superábamos a las máquinas y les ganábamos en ajedrez. Los bebés de hoy ya no. Ningún ser humano puede escribir un ensayo, hacer un cálculo matemático, realizar una investigación histórica, avanzar un estudio médico o analizar una auditoría de manera más rápida y efectiva que cualquiera de las aplicaciones que existen de IA.
Gracias a la inteligencia artificial, podemos vivir más tiempo y más saludablemente. Hay trabajos arduos y aburridos que antes tomaban meses y que ahora se resuelven en segundos. Ya no es necesario tener paciencia y esperar; vivimos la era de lo inmediato. Nos podemos conectar en fracciones de segundo con polos opuestos del planeta, y es casi gratis. No hay información a la que no tengamos acceso. Todos los libros, y todas las películas, y todos los mapas, y todas las recomendaciones de viajes y hasta los temas más secretos y esotéricos han sido archivados, resumidos y puestos a nuestro alcance al apretar un par de botones del celular. La inteligencia artificial es el lector más voraz que jamás haya existido. Aunque a su paso deje un ejército de desempleados.
En mi campo - el periodismola inteligencia artificial me ayuda a separar los datos de las mentiras, llevándome a las fuentes originales, y me da un primer e inmediato bosquejo de los temas más complicados. Puede, también, sugerir las palabras más buscadas y multiplicar las vistas en las redes sociales. Pero jamás reemplazará la ética y la práctica del periodismo independiente y cuestionador. La IA nunca sustituirá al escribidor.
El temor, o más bien, el pavor, es que estas máquinas vayan a destruir a la humanidad. En un momento dado -y quizás ya estamos ahí- estos sistemas cibernéticos podrán aprender de sí mismos, sin necesidad de ser alimentados por seres humanos, y pudieran independizarse. Y si su codificación tiene como objetivo sobrevivir antes que cualquier otro ser, entonces estaríamos en problemas.
Tengo grabada en mi mente una escena de la película “2001: Odisea del espacio” en la que la computadora de la nave, llamada HAL, se rehúsa a seguir las instrucciones de un astronauta y pone en riesgo la vida de otro que está flotando en el espacio. El terror actual es que la IA se convierta en un HAL planetario y armado hasta los tornillos.
El futuro de las guerras ya lo estamos viendo en Ucrania y en Irán. Los drones están reemplazando a los lanzacohetes, y muy pronto los robots estarán en los frentes de batalla. ¿ Para qué enviar a seres de carne y hueso a matar cuando hay robots mucho más letales en combate? La preocupación es que esos drones y robots pudieran ser programados por gobiernos o grupos con intenciones de dominación.
Sé que suena a ciencia ficción, pero la IA ha expandido las fronteras de nuestra imaginación. No me queda claro quién le está poniendo un límite a la IA. El puñado de corporaciones estadounidenses que manejan las principales aplicaciones de IA, al igual que el gobierno chino, no ha dado ninguna indicación de que sus experimentos con inteligencia artificial estén sometidos a un mecanismo o protocolo regulador. Solo vemos cómo la tecnología avanza y no hay tope.
Quiero creer -y es casi una cuestión de fe- que los seres humanos no vamos a crear algo que nos vaya a destruir. Pero si lo que hemos hecho con el medio ambiente es una indicación (este parece ser el verano más caliente de la historia moderna), entonces sabemos que, al menos en ese tema, hemos tomado el rumbo equivocado.
Ya sea que estés en el grupo de los optimistas o de los apocalípticos, nada cambia que nuestro futuro estará marcado por la inteligencia artificial. No hay vuelta atrás, ni instrucciones que seguir.
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